Documentan cómo La Villa de Tacuba fue el granero de la ciudad

Foto: Notimex
Por Redacción

| 10:05 // 11 Julio, 2017

Ahonda en todos los problemas derivados de la pertenencia de la tierra fértil de esa región, y deja ver que durante una larga temporada, La Villa de Tacuba fue el invaluable granero de la Ciudad de México.

México, (Notimex).- El libro “La tierra y el hombre en La Villa de Tacuba durante la Epoca Colonial”, de la especialista Emma Pérez Rocha, ahonda en todos los problemas derivados de la pertenencia de la tierra fértil de esa región, y deja ver que durante una larga temporada, La Villa de Tacuba fue el invaluable granero de la Ciudad de México.

Sus características geográficas, la irrigación de sus aguas y el tipo de tierra, le confirieron a esta área, que formó parte de la región Tepaneca en la Época Prehispánica, una enorme importancia económica, sumamente destacable, de acuerdo con la etnohistoriadora Emma Pérez Rocha, quien informó que el libro que ya circula es una segunda edición de su obra.

La tenencia de esos terrenos y las diversas maneras en que fueron aprovechados son los principales temas abordados en este libro que, en su nueva edición, incluye información sobre la dinámica de la comunidad indígena, resultado del estudio de sus mayordomías y cofradías, y consigna los cambios físicos que sufrió la iglesia de San Gabriel Arcángel.

Oriunda de la zona de Tacuba, Pérez Rocha acotó que durante sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el historiador Carlos Martínez Marín, su maestro, la animó a estudiar ese territorio, puesto que en esa época, como ahora, había poco conocimiento del área Tepaneca, en Tacuba, y las influencias que tuvo en la región.

A la llegada de los españoles, el territorio Tepaneca abarcaba lugares distantes de la Cuenca del Valle de México, como Tlalnepantla, Huxquilucan e incluso hasta el Valle de Toluca. Para los siglos XVIII al XIX, esa área se fue comprimiendo hasta quedar en lo que fue La Villa de Tacuba, y en el Siglo XX, en la colonia que actualmente conocemos.

“En esta edición definimos el territorio que abarcaba la región Tepaneca en la Epoca Prehispánica y la de La Villa de Tacuba en La Colonia, gracias a los datos localizados en documentos como el Memorial de Tlacopan, los códices Osuna y el Mendocino y en la Matrícula de Tributos, que nos develaron la estructura de lo que fue este lugar”, indicó.

En el Archivo General de la Nación (AGN) y en el Parroquial de Tacuba encontró un gran acervo documental sobre el manejo, división y tenencia de la tierra, ya que, debido a lo fecundo de los terrenos rodeados por la serranía de los Montes Bajo y Alto, y a un sistema hidráulico de enorme magnitud, fueron disputados entre indígenas y españoles.

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Esta situación trajo consigo numerosos conflictos territoriales, debido a dos visiones sobre su uso y aprovechamiento: La privada (españoles e Iglesia) y la comunitaria (indígena). Además, dijo la autora de este libro, se fundó un sinnúmero de ranchos y haciendas que envolvieron, en varios casos, a pueblos y barrios de La Villa de Tacuba.

“Las primeras mercedes de tierras que se otorgaron fueron para cultivo de trigo y cría de ganado menor. Sobre cómo llevaban agua a estos lugares no tenemos conocimiento, sin embargo, en documentos históricos sobre las peticiones de agua, se consigna que cada hacienda o ranchería tenía que contribuir para la edificación de los acueductos”, añadió.

Sobre las mayordomías, resaltó que cada una estaba relacionada con los 14 barrios de esa zona donde atendían cuestiones sociales, como la posesión y comercio de la tierra. Luego surgieron las cofradías, agrupaciones de carácter religioso, siendo la del Santísimo la primera de ellas, fundada en 1596, en Tacuba, cuya mayoría era de indígenas rurales.

Este volumen también cuenta con un texto relativo a los cambios físicos que ha experimentado la iglesia de San Gabriel Arcángel de Tacuba, desde la Epoca Colonial hasta la actualidad. A raíz de las obras de la Línea 1 del Metro, en 1971, se le quitaron algunos adosamientos a la iglesia, que no eran parte de la construcción histórica.

Al ser retirados se descubrieron algunas columnas que indicaban que el templo tuvo una planta o base basilical (de tipo romano, con una nave principal cuadrada y otras laterales más bajas con filas de columnas), y no de cruz latina como es actualmente. Este cambio obedeció a una petición que hicieron los frailes franciscanos, orden que regía esta iglesia.

En esta segunda edición también se agregó un texto sobre los trabajos arqueológicos que se han hecho. De acuerdo con la investigadora del INAH, a la fecha hay un completo desconocimiento de lo que fue la Tacuba Prehispánica, y aunque sí bien hay algunas referencias en las fuentes históricas, lo poco que se sabe es por el trabajo de Manuel Gamio.

Luego, los arqueólogos Rubén Manzanilla, Fernando Miranda y Carlos Teja trabajaron frente a la iglesia, donde ahora se ubican los puentes de Tacuba, gracias a los cuales se pudo conocer la existencia de estructuras como “El Cerrito”, basamento construido en una elevación donde después se edificó una casa de tipo neoclásica, conocida como “El Castillo”.

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