El tiempo contado con hormigas

Por Gustavo Iñiguez

| 18:19 // 30 Mayo, 2016

Arbey Rivera
Las hormigas saben a donde van
Editorial Lengua de Colibrí, México, 2016

76 pp.

Cuando Borges se ocupó de la metáfora, aseveró que su número se podría reducir a «tres o cuatro, o siete, u once, si ustedes prefieren, que existen en toda la literatura» y de éstas se derivan las otras variaciones y posibilidades de generar nuevas al conciliar otras imágenes, siempre partiendo de las figuras esenciales. Entre las que el escritor argentino menciona en este ensayo aparecen: las estrellas y los ojos, las mujeres y las flores, la vida y el sueño, el río y el tiempo, entre otros ejemplos. Me interesa, para iniciar un acercamiento al libro que nos ocupa, hablar del río y el tiempo, del que sin duda Borges convoca el ejemplo por antonomasia: Heráclito al hablar de la imposibilidad de entrar dos veces en el mismo río.

Arbey Rivera (Chiapas, 1976), en su libro Las hormigas saben a donde van, tiende un río de hormigas que trazan la línea temporal que recorre el libro, consiguiendo, de este modo, una particular variación a la metáfora esencial. Esto apoya para que el poemario consiga la unidad de los breves poemas y su visión permeé en esta escritura que podría, por momentos, acercarse al tono costumbrista y quedar sólo en enumeraciones del paisaje. Sin embargo, la impresión general del libro es la de una meditación profunda que toma elementos naturales para generar el ambiente que predispone al lector hacia la contemplación del tiempo en estos insectos que atraviesan las páginas, consiguiendo un meticuloso cálculo: «reclutamos hormigas, una a una hasta llenar el ataúd, una por una hasta tener la reina adentro».

Amo la piedra que me hace tropezar
y levantarme.

[…]

Nadie entendió que la canción
venía del silencio de una hormiga.

Nadie imagina que hay una flor
adentro de la piedra.

En este libro, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ydalio Huerta Escalante en 2015, se presentan óleos (del mismo Arbey Rivera) para ilustrar los textos, sin mucha fortuna por la calidad de la impresión. Aunque es cierto que apoyan una concepción estética que, a pesar de la ingenuidad de algunas líneas, consigue generar una experiencia memorable. La conformación de este poemario nos permite conocer los alcances del trabajo de un autor que, de forma sintética, nos sorprende con elaborados conceptos que permiten al lector tener acceso a la contundencia de la poesía que desde la sencillez se orienta hacia la profundidad de haber desarrollado, hábilmente, el concepto de una sola figura retórica: «me detendré un instante/ y sacaré mi pie del hormiguero».

Columna de Gustavo Iñiguez

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