Huérfanos del narco, bomba de tiempo en Acapulco

Por Gabriela Fernández

| 06:32 // 10 Agosto, 2017

En un futuro, es muy probable que los huérfanos por violencia pasen a las filas del narcotráfico porque no tienen opciones, dice a Bajo Palabra el párroco del Kilómetro 30, Jesús Mendoza Zaragoza.

Acapulco, Guerrero.- Para las autoridades de Acapulco y de Guerrero, los niños y adolescentes que quedan desamparados por causa del crimen organizado son tema olvidado, sin embargo, las secuelas tras el asesinato del padre o la madre los convierte en el blanco perfecto de adopción para el narcotráfico.

niñas narco

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De acuerdo con estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en México, son adolescentes de entre 15 y 17 años de edad, en su mayoría hombres, quienes entran en conflictos penales, con retraso escolar de más de cuatro años o han abandonado la escuela; viven en zonas marginadas y trabajan en el empleo informal en el que contribuyen al sustento económico de su familia.

“En un futuro, es muy probable que (los huérfanos por violencia), pasen a las filas del narcotráfico, porque no tienen opciones, no hay condiciones objetivas que les ayuden a superar esa etapa de crisis, y por otra parte, las condiciones subjetivas, es decir, lo que llevan dentro, el rencor, el dolor, los hace muy vulnerables a caer en las garras de las organizaciones criminales”, explicó el párroco de la iglesia de la comunidad del Kilómetro 30, en Acapulco, Jesús Mendoza Zaragoza.

A partir del asesinato de los padres, queda una serie de necesidades económicas que se ven reflejadas en materia de salud, alimentación y educación, a decir del sacerdote, la persona que fue asesinada o desaparecida, “es quien sostenía la casa”, provocando el derrumbe económico, social y emocional en la familia.

 “Una de las figuras, paterna o materna (muerta), marca una carencia en el desarrollo sicológico de los niños, y por ese hecho, de un asesinato, o de una desaparición, quedará marcado el desarrollo humano, el desarrollo sicológico de los niños”.

Párroco Jesús Mendoza Zaragoza

Párroco Jesús Mendoza Zaragoza

“Queda el dolor de una ausencia, y en esa ausencia, queda el enojo, queda la rabia y queda muy posiblemente el rencor. Cuando no se procesa todo ese dolor en los niños, el odio y el deseo de venganza se ejerce muy probablemente en contra de cualquier (persona), no en contra del autor del asesinato, sino en contra de cualquier persona”.

 “Y si no se enrolan en organizaciones criminales,  de todos modos quedan marcados. Por ejemplo, si el día de mañana forman una familia, va a ser una familia violenta porque la violencia la llevan ellos porque no se atendió el dolor de la pérdida de sus padres y va a activarse en las circunstancias cotidianas de la vida, es un futuro muy aterrador en cuanto a que van ser factores de violencia en donde quiera que estén”.

El odio, el rencor y el deseo de venganza que queda en los menores después del asesinato, son consecuencias terribles, explicó el sacerdote, quien además, ha tratado con familiares de personas desaparecidas en la entidad, y agregó que las afectaciones para este sector vulnerable tendrán, un efecto negativo a mediano plazo, no solo en su desarrollo emocional, sino en la sociedad.

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Una bomba de tiempo mental

No poder dormir, agresividad, vivir con miedo y aislamiento social, son algunos de los síntomas más comunes que han experimentado no solo las víctimas de la violencia, pues el contexto del crimen se ha generalizado entre los acapulqueños, lo que conlleva a una sociedad menos saludable, no solo mental, sino física, explicó Marsal Rojas, coordinador de Médicos sin Fronteras en Acapulco.

“Cuando se trata de un niño huérfano, esto se vuelve un problema mucho más grande, porque no hay nadie más cercano que un padre y una madre, entonces si la gente tiene miedo a estar en la calle cuando oscurece, entonces, evidentemente un huérfano, (siente miedo) como todos los demás, pero dos puntos más, porque ya lo vivió en carne propia” explicó el médico.

Pandilleras

Pandilleras

Rojas afirma que en Acapulco se vive un aislamiento social y diagnósticos alarmantes de estrés, miedo y ansiedad. “En un caso de la colonia Jardín de Acapulco, a un joven que le mataron a su padre, ha tenido varias crisis nerviosas, como reacción a la pérdida de su padre y así como este caso hay muchos más”, relató a Bajo Palabra el especialista.

Sin inclusión, sin censo, sin atención de las autoridades

Aunque no existe un censo oficial de menores que perdieron a sus padres como consecuencia de la violencia del narcotráfico en Acapulco, la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados expone que de 2006 a la fecha, son más de 50 mil niños huérfanos por la violencia.

En el Instituto Municipal de la Juventud (Imjuve) en Acapulco, no existen programas de inclusión para este sector. La directora Sheyla Soto Manzano desconoce la cantidad de huérfanos que existen en el municipio y muchos menos dedica un espacio para ellos.

Sheyla Soto Manzano

Sheyla Soto Manzano

“Nosotros (Imjuve), estamos trabajando en las estrategias para generar más herramientas, más oportunidades y una vida de calidad a los jóvenes de Acapulco”, justificó; sin embargo, al preguntar de qué se trataban dichas estrategias, se limitó describir pequeños eventos sociales.

Soto argumentó que han abierto convocatorias para la participación en general de los jóvenes, pero desconoce cómo están trabajan con los adolescentes que han perdido a sus padres a causa de la violencia.  Con pequeños módulos y trípticos que reparten durante eventos, es como intentan acercarse a una población que requiere de atención especial.

Evidenció que no cuentan con programas de atención psicológica y que solo sirven de enlace para “quienes busquen ayuda”, pero es necesario “que ellos sepan que hay autoridades que estamos para apoyarlos, que se acerquen, que de alguna manera no quieran excluirse de la sociedad”, fue su propuesta.

A los niños y adolescentes que han sido víctimas, “nadie les hace, caso, ni las autoridades ni la sociedad civil. Hay que reconocer que ese tema está olvidado, son invisibles”, recriminó el padre Mendoza Zaragoza, porque “quienes están en el crimen organizado, es porque vienen de experiencias como esa”, afirmó.

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