Justificar el llanto

Por Gustavo Iñiguez

Guadalajara, Jalisco | 18:45 // 19 mayo, 2016

Arturo Loera
La retórica del llanto
Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2014

80 pp.

Arturo Loera (Chihuahua, 1987) toma las lágrimas como el motivo central de su discurso y congrega los elementos de los que se valdrá para conformar La retórica del llanto: nostalgia, abandono, angustia y muerte, entre otros. En este libro no aparece la debilidad sino la frustración donde inicia el proceso de clarificación: el llanto como un elemento enfático que le permite resaltar las temáticas que irá abordando a lo largo de tres espacios: el que le da nombre al libro, El don de la resaca, El llanto de Midas y un epílogo. Tres etapas en la vida del hombre: la infancia, la juventud y la madurez, con un remate en el epílogo que le permite trazar una parábola con dirección hacia el principio.

Tuvo que existir la primera gota de lluvia,
[…]
y después de traspasar todo el mundo,
regresó al vacío
únicamente para ser olvidada de nuevo.

La primera lluvia del mundo
no fue más que una enorme tristeza.

Al comienzo, la infancia que vio en las canicas, la existencia de esa primera gota de lluvia que también, como en el poema, regresaron al vacío para con su ausencia provocar el llanto. Así, Loera se mueve por los campos sensoriales soltando sentencias y aseveraciones que, aunque parezcan contradecir la génesis de su discurso, aparecen como alfileres para sostenerlo: «el llanto nunca ha servido para nada». Es en el primer momento (el más amplio) donde los textos muestran líneas de honda reflexión y contundencia estética.

Es difícil abordar el libro como una idea unitaria por la variación de estímulos, de forma, de aliento y ejecución. Distintos y distantes, los textos del libro son dispuestos en tres momentos que podrían considerarse como proyectos independientes que, a pesar de la tensión que intenta el epílogo, no consigue congregarlos. Es en Don de la resaca donde mejor se pueden observar las habilidades sintéticas del autor; aquí, a diferencia del resto, hay una arquitectura sólida que facilita el diálogo. La escritura de Arturo Loera posee, en sus mejores momentos, una sensibilidad profunda que demuestra con claridad de lenguaje. Sea pues este su tercer libro publicado el pretexto para acercarnos a un autor que no teme las formas convencionales y muestra la experiencia sin censura.

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