Los dichos populares suelen ser sabios y aplicables en diversas situaciones, como el que advierte: “Arrieros somos y en el camino andamos”, pariente de la Ley del Talión: “Ojo por ojo”, que hoy recorre gradas y pistas de circos políticos, al estilo de las bandas delictivas que se cobran con las vidas de distintos actores políticos y de gobierno, ya porque ellos o sus jefes pelean contra alguna mafia o porque estén coludidos con uno o varios grupos criminales.

Lejos de la añorada democracia en los estados mexicanos se impone la “mafiocracia”.

En las guerras de mafiosos contra adversarios reales o ridículamente imaginarios, caen demasiadas víctimas, y los “ejecutores” de los rencores de sus patrones pandilleros, terminan absorbiendo lo negativo de ellos, se cobran por un tiempo pero acumulan deudas con todos a quienes afecten, mismos que tarde o temprano les cobrarán con creces, cuando aquellos a quienes obedecen, ya sin poder o en crisis política, les desprotegen. Véase el caso del guarura que golpeó a un profesor en ciudad de México: murió en un hotel con una carta donde se quejaba de que su ex jefe Alberto Sentíes Palacio lo abandonó a su suerte.

Entre más pequeña es la zona de disputa por el poder, esta dinámica enfermiza se torna más ridícula, impera la paranoia, convierte a los dueños temporales del poder en vándalos irracionales, y a sus huestes en “vandalizombis” sometidos a ciegas, no importa sean jóvenes, maduros o viejos dinosaurios, hombres o mujeres.

Con sus prácticas, perpetúan las riñas y paranoias absurdas al estilo de los perros que gruñen y ladran a los demás cuando tienen un hueso sujeto entre las fauces. Les queda bien la cita bíblica: “Si hay lesiones, pagarán vida  por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Éxodo, cap. 21 vers. 23 al 25).