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A pesar de cuchillo enterrado en la cabeza cocodrilo sigue nadando

Los residentes que viven de la zona donde fue visto el animal, están preocupados por la seguridad del caimán.

Por Redacción, 2019-06-30 12:26

México.-Un cocodrilo fue visto nadando en un lago de las afueras de Houston, En Estados Unidos. Eso no es lo raro, lo extraño es que lo hace con un cuchillo grande enterrado en la cabeza.

Las bacterias come carne serán más comunes gracias al calentamiento climático

Según KTRK, la residente de Orchard Lake Estates, Erin Weaver, vio el cocodrilo en un lago junto a su casa, y sus fotos del animal lesionado se volvieron virales en los grupos de medios sociales del vecindario.

“Lo vi nadar y luego lo vi girarse, como nadando hacia mí, y vi algo sobresaliendo de su cabeza”, dijo Weaver al respecto. “Parecía un cuchillo para cortar carne que sobresalía de su cabeza. “No sé si estaba en su ojo, pero parecía que si no estaba en su ojo estaba muy cerca de él”.

Weaver dijo que ella y sus vecinos están acostumbrados a ver caimanes en su comunidad junto al lago, y agregó que ella ha vivido en el vecindario durante seis años sin preocuparse nunca de ser herida por uno de los reptiles.

“Casi todas las mañanas los veo”, dijo. “Nunca los he visto agresivos o incluso a la defensiva, si pasas por delante y los asustas, simplemente se sumergen en el agua”.

Ahora, Weaver y otros residentes de su vecindario están tratando de encontrar ayuda para el animal, y dice que se espera que el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas revise el caimán la próxima semana.

“Siento que alguien hizo esto a propósito”, explicó Weaver. “No puedo imaginar a este animal persiguiendo a alguien que tendría que defenderse, porque nunca antes había sucedido eso”.

El investigador de cocodrilos Frank Mazzotti le dijo a CNN que los cocodrilos son increíblemente resistentes, y que el hueso grueso en sus cráneos es lo que probablemente impidió que el cuchillo dañara a este animal. Sin embargo, Mazzotti dijo que no podía determinar el alcance del daño de las fotos disponibles.

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Insectos serían la comida del futuro

¿Qué tal si en lugar de una entrada como papas, nachos o dedos de queso se ofreciera una orden de chinicuiles, escamoles o chicatanas?

Por Redacción, 2019-07-20 13:10

México. Notimex.- La noche de viernes llega y con ella el gusto de disfrutar un par de cervezas y una buena cena, pero ¿qué tal si en lugar de una entrada como papas, nachos o dedos de queso se ofreciera una orden de chinicuiles, escamoles u hormigas chicatanas?.

Tanto las frituras como los insectos crujen durante los mordiscos, pero la diferencia, en principio, es que las primeras no aportan valores nutricionales, mientras que los insectos brindan hasta 70 por ciento de proteínas.

Sin embargo, en muchos lugares las primeras botanas no tienen costo, mientras que una orden de chinicuiles llega a valer más de 300 pesos.

De acuerdo con la publicación del ejemplar “¿Los insectos se comen?”, de la investigadora del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Julieta Ramos-Elorduy B., los insectos son una fuente importante de proteínas, ya que el 60 y 70 por ciento de su masa corporal está constituida por éstas.

El libro que pertenece a la colección de Ciencia de Boleto de la UNAM y el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, explica que los insectos han habitado en la Tierra desde hace más de 300 millones de años, mientras que los humanos hace un millón.

Además, se han adaptado a los diferentes hábitats de la Tierra y ahora ocupan cuatro quintas partes del reino animal por lo que han sido consumidos en todo el mundo, especialmente por grupos étnicos.

Ramos-Elorduy propone que los insectos se vuelvan a convertir en uno de los principales alimentos de los mexicanos, a fin de enriquecer la dieta, principalmente de las personas que viven en condiciones de miseria tanto en ciudades como en áreas rurales.

Sin embargo, en un restaurante cerca de la parroquia de Coyoacán, la orden de chapulines tiene un precio de 89 pesos; la de hormigas chicatanas 98; cocopaches (cinches de planta) a 165; escamoles (larvas de hormiga) 184; y la orden de chinicuiles (gusano rojo) 363 pesos.

De acuerdo con Eduardo de la Vega, socio de la Casa de los Tacos en Coyoacán, es más caro un kilogramo de insectos que un kilo de pollo, res o cerdo, pues aunque la carne se puede conseguir en cualquier establecimiento de la Ciudad de México, los insectos que se consumen en ese lugar son traídos de Hidalgo y Tlaxcala, principalmente.

“La recolección no es fácil, para conseguir los escamoles, por ejemplo, se requiere de enterrar las pajas y ya que las hormigas pusieron las larvas es cuando se van a recoger; el gusano rojo está en las raíces del maguey y el gusano blanco en la penca, además son de temporada”.

Aun así, por su alto valor proteico, Eduardo de la Vega, considera que los insectos serán la comida del futuro.

En la calle de Regina, en el centro de la Ciudad de México, se encuentra el chef Fortino Rojas, quien durante décadas ha trabajado en “Don Chon”, un restaurante caracterizado por ofrecer comida prehispánica desde el año 1924.

Tras hacer una pausa en la preparación de alimentos, narra que el platillo más viejo y tradicional es el ahuautle, y aunque muchos dicen que se trata de huevos de mosco de agua dulce, Fortino asegura que son huevos de la chinche de zanja.

“La hacemos con su epazote y huevo para amarrar la tortita, luego lo servimos con salsa verde y nopales”, comenta.

Entusiasmado, cuenta que también se ofrecen los acociles, un platillo milenario de los aztecas que en el lugar se sirven frescos, “con su guacamole, ensalada, chiles verdes picados, cilantro y cebolla”.

Aunque el lugar se encuentre en el centro de la capital, los precios también son altos, ya que las órdenes de gusanos rojos y blancos de maguey oscilan entre los 200 y 300 pesos.

“Desde mi punto de vista los insectos no pueden ser la comida del futuro, porque si usted viene con su familia de tres o cuatro integrantes, imagínese cuánto le va a salir llenarse con puro gusano. Son caros, por eso casi siempre son presentados como aperitivos”.

El principal centro de abastecimiento de este tipo de productos se encuentra en el mercado de San Juan en la calle de Ernesto Pugibet, donde desde hace 40 años trabaja Adrián Álvarez Gutiérrez, quien vende insectos de Veracruz, Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

En su local -donde ofrece muestras de algunas especies bañadas en jugo de naranja y chile piquín-, comercializa el vinagrillo (arácnido), alacrán, acocil (langosta pequeña), ciempiés, chapulín, jumil (chinche de monte), hormiga chicatana, cucaracha (de magadagascar), escamol (larva de hormiga) y gusano de maguey.

“La recolección es un trabajo artesanal y los precios varían según la temporada porque con el cambio climático las estaciones del año ya no son tan exactas. Muchas veces la tendencia de los precios es a la alza porque la población de insectos llega a ser baja, a veces se recolecta muy poco”.

Mientras muestra cada uno de los insectos, explica que “el ahuautle, o sea el huevo del mosco, es carísimo porque es un huevecillo muy pequeño que se utiliza para hacer tortitas, pero es diminuto; yo que soy de los que da más barato lo vendo a 80 pesos cada 50 gramos”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que la entomofagia -consumo de insectos por los seres humanos- podría ser una alternativa saludable y menos agresiva con el medio ambiente, ya que para mantenerlos se utiliza menos tierra y agua que el ganado tradicional, además de ser más resistentes ante cambios agresivos del clima.

Sin embargo, para lograr abaratar sus costos se tendría que fortalecer el abanico de oferta y demanda, lo cual requeriría un cambio de costumbres alimenticias de la población.

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Alopecia, un mal que ataca a cinco de cada diez mexicanos

La calvicie es resultado de una vida con estrés y actualmente afecta a cinco de cada 10 hombres mexicanos de entre 20 y 30 años de edad.

Por Redacción, 2019-07-20 12:51

México. Notimex.- La alopecia androgenética, mejor conocida como calvicie, se ha propagado considerablemente como resultado de una vida con estrés y actualmente afecta a cinco de cada 10 hombres mexicanos de entre 20 y 30 años de edad.

Conforme avanza la edad, la cifra aumenta a ocho de cada 10 varones, mientras que en las mujeres la proporción es de tres por cada 10, afirmó Armando Medina Bojórquez, especialista en dermatología de la Facultad de Medicina (FM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Aclaró que este padecimiento no tiene cura pues no es una enfermedad sino un trastorno genético crónico evolutivo, razón por la que “sólo se puede retrasar la caída del cabello y en algunos casos recuperarlo”.

La más común de las alopecias, explicó el experto, es la androgenética; es decir, las hormonas masculinas debilitan el cabello. “En la mayoría de los casos, desde jóvenes ven el aumento de las ‘entradas’ y la disminución de la densidad capilar”.

Medina Bojórquez afirmó que encontrar cabello en la coladera de la ducha, en el jabón o en la almohada no es indicativo de calvicie, pues al día si pierden de manera natural, entre 100 y 150 cabellos.

Ello, ya que los humanos tienen una cantidad mucho mayor, que depende del color natural; los pelirrojos tienen en promedio 90 mil, los de cabello oscuro, alrededor de 105 mil y los rubios, 140 mil.

Un verdadero signo de alerta, destacó el especialista, es cuando aparecen las llamadas “entradas”, hasta exponer la parte de la coronilla o dejar zonas amplias de la cabeza sin pelo.

Y si bien esta situación puede afectar la autoestima, no es recomendable recurrir a recetas de remedios que proliferan en Internet, pues “la mayoría de estas recetas no tendrán efecto, y otras, por sus ingredientes, podrían causar daños irreparables”.

Ante la pérdida excesiva de cabello, se aconseja, acudir con el dermatólogo para que diagnostique el tipo de alopecia y ofrezca el mejor tratamiento.

“Lo único que se puede hacer, mediante medicamento especializado, es retrasar la caída del cabello”, concluyó el experto tras reitera que la calvicie no tiene cura.

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La casa que sangra, testimonio de violencia en los ojos de Yael Martínez

El fotógrafo originario de Taxco documenta el tema de las desapariciones de personas en el estado de Guerrero ante la pérdida de tres familiares.

Por Redacción, 2019-07-20 11:57

México. Notimex.- Quería ser fotógrafo, pero no tenía cámara ni había hecho foto alguna. Quiso estudiar en una universidad en Morelos, pero lo rechazaron por no saber siquiera las nociones básicas. Dedícate a otra cosa, le dijeron a Yael Martínez.

«Recuerdo que mi hermana me comentó que había una escuela técnica en Cuernavaca y decidí entrar, justamente para aprender las nociones básicas de la fotografía y entender qué era. Tuve grandes maestros», mencionó.

Así, fue el inicio de un gran camino para Yael Martínez, fotoperiodista mexicano ganador del segundo lugar en la categoría de «Proyectos a largo plazo» de la edición 62 del World Press Photo 2019, por la serie La casa que sangra, imágenes capturadas entre 2013 y 2018 que ha abordado desde un punto de vista personal.

El comienzo se dio cuando estudiaba la preparatoria y descubrió a autores como Graciela Iturbide, Manuel Álvarez Bravo y Josef Koudelka. Entonces le dijo a su papá que le encantaría ser fotógrafo, contar esas historias a través de imágenes, a lo que le contestó: «Te apoyo, pero tienes que estar consciente de las limitaciones o que tal vez, en este contexto social, no lo puedas hacer».

Eso fue para Yael un motor y todo su trabajo fotográfico ha sido sobre su estado natal, identidad y cultura. «Tal vez no puedo viajar al otro lado del mundo, pero aquí hay historias muy importantes que tienen que ser contadas, por lo que empecé a generar testimonios que importan dentro de mi aspecto y mi formación como persona», refirió.

En entrevista, el fotógrafo de 35 años nacido en Taxco, Guerrero, comentó que en ese proceso tuvo la fortuna de empezar a trabajar como asistente de un fotógrafo de arquitectura, que fue de gran valía para su formación, y empezar a entender el tiempo y espacio.

No obstante lo que buscaba era hacer fotografía más humanista, documental, se decidió a continuar bajo esa línea, y fue entonces que en 2008 ganó una beca estatal que lo llevó a estudiar en el Centro de las Artes de San Agustín, y a la Fototeca de Pachuca.

«En 2015 conocí en Oaxaca a una editora que trabajaba en la agencia fotográfica Magnum, y me nominó a un premio en la Fundación Magnum, en Nueva York, y lo gané. Fue el primer premio internacional que tuve, un parteguas que me abrió para que el proyecto comenzara a ser visto fuera y dentro de México», señaló.

Hasta ese momento la mayor parte del proceso era personal y después de dicho premio se abrieron otras posibilidades para colaborar con medios internacionales. «Recuerdo que en 2015, con este proyecto, me nominó una editora estadunidense para un taller que hace World Press Photo, Joop Swart Masterclass, un piloto regional sobre Latinoamérica. Llegué a ese espacio sin publicar algo en un medio nacional», dijo.

Yael Martínez comenzó a documentar el tema de las desapariciones de personas en el estado de Guerrero ante la pérdida de tres familiares, la desaparición de dos cuñados y el asesinato de otro más, y su primera reacción fue tratar de entenderlo y mostrarlo a través de la fotografía. En ese momento tenía una beca del Fonca con la que trabajaría en un tema sobre plateros orfebres.

«Entonces cambié el tema porque en lo único que yo podía pensar y generar era sobre esa situación. El hecho de poder reflexionar el tema con mi familia y con otras personas que estaban viviendo la misma situación, y rebotarlo con un grupo de colegas, ayudó a que el proyecto fuera madurando y evolucionando», indicó.

La idea era trabajar desde un aspecto más íntimo para que se volviera un tanto hermético y que no pusiera en riesgo a la gente que estuviera colaborando, pues muchas veces las familias son retratadas en territorios complejos donde la violencia y la desaparición forzada es un tema de todos los días.

«Hay personas que están en grupos, y por el grado de exposición y vulnerabilidad es difícil trabajar con ellos; por eso son temas lentos, tienes que ganarte su confianza y tener empatía para que te abran la puerta. La mayor parte de mi trabajo lo he hecho en Guerrero y en Sinaloa», refirió Yael Martínez.

Lo anterior debido a que el tema de la corrupción y la impunidad ha venido generando problemáticas más complejas que han llevado hasta este punto de las desapariciones forzadas.

La serie La casa que sangra está conformada por 30 imágenes capturadas en su estado natal, desde el 8 de octubre de 2003 hasta el 4 de noviembre de 2018, en la que su familia es la protagonista, junto con otras del estado y de Sinaloa.

Explicó que el título hace referencia a la casa como una analogía a un cuerpo, a una familia, comunidad o país. Empezar a hablarlo, dijo, desde un plano personal y poco a poco verlo cómo se convierte en otra familia, en un país, en cifras oficiales, en más de 35 mil personas desaparecidas y más de 250 mil muertos por la violencia en México.

«Para mí fue una sorpresa (el premio), no lo esperaba por el hecho de que el trabajo no es tradicional, no es fotoreportaje, sino más bien analogías del dolor, de ausencia, de vacío. Saberme ganador en el World Press Photo 2019 me hizo muy feliz. Se abre la posibilidad de que las historias puedan ser contadas desde distintas perspectivas», manifestó.

Para el fotógrafo es vital que en el país siga habiendo programas educativos gratuitos y becas artísticas para generar proyectos que no pueden ser documentados o retratados a través de los medios nacionales o la industria, y es fundamental contar con estos espacios para seguir reflexionando acerca de temas que importan a la comunidad.

Por ello, el mensaje de Yael para quienes se encuentran preparando profesionalmente en el proceso de capturar imágenes mediante algún dispositivo tecnológico, es creer en sí mismos y en la importancia de la fotografía mexicana en el mundo.

«Todo es posible y lo importante es seguir trabajando, realizar proyectos que les muevan y que les signifique mucho. Siempre vamos a encontrar dificultades para contar estas historias. Por eso siempre digo: elige un proyecto que te signifique mucho para que no importen las dificultades, y trates de encontrar salidas y lo lleves a cabo», indicó.

Yael Martínez ha enfrentado situaciones de riesgo al cubrir otros temas que no involucran las desapariciones forzadas. Emigró del país para comprarse su equipo fotográfico. No tiene pasatiempos, siempre está trabajando. Su tiempo libre se lo dedica a su esposa y a sus tres hijas.

La mayor, de nueve años, ha mostrado la inquietud por la fotografía. Ya ha participado en concursos y obtuvo una cámara de premio. A la de cuatro años le gusta pintar, y a la pequeña, de dos años, apenas está aprendiendo a hablar.