México.- Doce años antes de que el nieto de José Ángel Ramos Saucedo le robara su arma Glock calibre .40 y matara a la maestra María Assaf Medina y se suicidara en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, la fortuna de ese hombre, su hijo y nuera comenzaron a crecer como la espuma.

En esas expediciones comenzó a tejer relaciones con una de las mayores redes de contrabando de drogas entre los dos países, justo en el momento en el que creció la demanda de “cristal” en Estados Unidos y la frontera mexicana.

El abuelo del pequeño conoció entonces al narcotraficante argentino Mario Roberto Segovia, quien se convirtió en uno de los principales importadores a México de precursores químicos tras la captura del empresario chino Zhenli Ye Gon y en el inicio de la “guerra contra las drogas” emprendida por Felipe Calderón.

Todo está documentado en expedientes judiciales contra Segovia, que incluyen datos de la detención de una red de mexicanos dedicados al trasiego de precursores.

Sin embargo, José Ángel Ramos Saucedo nunca fue procesado ni sentenciado por esos delitos.