ACAPULCO, Guerrero.- Los motores llamaron a misa y la feligresía vestida para la ocasión asistió a los oficios, donde la convicción de los creyentes es que dios es una máquina de dos ruedas impulsada por gasolina magna.

Al culto anual convocado por la “iglesia local” no llegan todos los motociclistas invitados del país; hasta la noche del viernes, sólo habían arribado tres mil 800 de los 10 mil caballos mecánicos esperados.

Así lo dicen los organizadores, una especie de sacerdotes que tienen como intención meter a la disciplina a estas hordas sin oficio ni beneficio,  como los consideran la mayoría de acapulqueños, que toman la Costera y la ciudad durante cuatro días al año como una tropical pista de carreras.

Y a 24 horas de su inicio oficial, el jueves hicieron arranque en Revolcadero; el saldo de sus impericias ya lleva dos accidentes, con cinco lesionados, dos de ellos graves, confirma el coordinador de Protección Civil municipal, Sabas de la Rosa.

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Y en busca de su destino a lo Easy Riders (Dennis Hopper, 1969) estos leaders chichimecas de distintas edades, panzas prominentes, cuerpos marcados, melenas a lo Mad Max (George Miller, 1979 ), montados en bestias que van desde marcas con pedigrí, las Harley-Davidson, Suzuki, y otras, hasta las que se expenden a 18 y 24 meses en Elecktra, se lanzan a este desfile de vanidades.

Acamotos 2016_900x450Foto: Abraham Breton Sanchez

Aquí lo que importa es quién trae la máquina más verga y el culo más bueno, dice sin rodeos un soldado de esta fe mecanizada.

Mientras, un ruidoso coro de motores afinados, acelerados, rechinar de llantas, cada quien con su ritmo musical, animales sobre animales que se deslizan sobre una llanta para complacencia de los demás, un público variopinto que festeja las proezas de estos chicos que sólo quieren dejarse ver en sus poderosas maquinas.

Los organizadores locales nunca logran imponer las normas comprometidas con las autoridades para ejecutar este ejercicio: casco y vestimenta apropiada.

Por eso, y por la desorganización, las marcas transnacionales conocidas no asisten a este evento. “Sólo las marcas de motocicletas nacionales”, admite un miembro del club de motociclistas del estado de Guerrero.

Y aferrados al reventón anual, y al desmadre motorizado, aquí se vale de todo y la regla aceptada por todos es que no hay reglas; tanto por los participantes como por el público mismo, expuesto permanentemente a ser arrollado por estas maquinas que corren sin control, y por las autoridades que dejan pasar y hacer.

El público trae su propia fiesta y su gran hielera repleta de chelas y botellas. Una gran cantina ambulante son los 500 metros de camellón en Condesa, para agravio de restaurantes y bares. Sus meseros no atienden a quien nunca solicita sus servicios, ellos son también espectadores de esta herencia que dejó el gobierno de Félix Salgado Macedonio. Quiénes sí festejan el éxito económico del evento son las tiendas de conveniencia y los taqueros.

Acamotos_899x850Foto: Drink's Bikers MC

Los invitados son dueños de la calle. Motocicletas con equipos de sonido potentes arman pequeños círculos de fiesta con la música de preferencia; por aquí se escucha a Led Zeppelin; allá a Willie Colón, cual tibiri amenizado con salsa y charanga del sonido La Changa en la colonia Buenos Aires; acullá, la obviedad de la banda con su ritmo rural que se difunde desde la radio comercial. Bailan, beben, fuman, inhalan, exhalan sobre la avenida que es un largo parqueadero de motocicletas.

¿Qué otra cosa, además del desmadre, convoca a tanta gente? La noche aún comienza y les amanecerá en sus locas carreras, arrancones de apuesta, donde el dinero circula, se pierde y se gana como en toda competencia.

Apuestas según la capacidad de cada quién, cinco mil o diez mil pesos. Águila o sol. Se premia al vencedor. La máquina más poderosa.

El mejor corredor: un macho ejemplar que exacerba el estereotipo de los gladiadores de la ciencia ficción cinematográfica gringa; aunque ya se ve a mujeres llevando a compañeras a sus espaldas y que muestran sus diminutas tangas, la excepción no hace la regla, sólo un machismo al revés. Y los motores rugen toda la noche como bestias del mal.

Acamotos_Foto: Selene González