Acapulco, Guerrero.- La presidenta municipal de Acapulco, Adela Román Ocampo debería considerar hacer un alto a su desbocada carrera, y comenzar a valorar si su estrategia política y de gobierno le va a rendir los frutos electorales que tanto anhela.

Cualquiera puede notar que sus acciones, hasta ahora, no le han dado los beneficios esperados, entendidos como mayor aceptación ciudadana, pues la valoración social en las redes es más que deplorable: burlas y críticas.

La presidenta debería cambiar de consejeros, si es que los tiene, pues es obvio que no tienen creatividad, ni capacidad analítica, ni mucho menos autocrítica.

Lo anterior se comprueba cuando, sin el más mínimo rubor político, se plagia la propuesta de reducir el número de regidores que, incluso antes de que el presidente López Obrador lo mencionara y señalara el derroche presupuestal, absurdo y ofensivo, de pagar casi 200 mil pesos a esos ediles que han demostrado avidez y mezquindad social, el síndico de Acapulco, Javier Solorio Almazán ya lo había propuesto y señalado múltiples veces en sus conferencias.

Incluso, llegó al grado de renunciar públicamente a esos recursos de gestoría social o disponer de ellos validados por notario público, para evitar lo que hacen los demás regidores que se quedan con ese dinero que es para usarlo en los ciudadanos.

Javier Solorio, síndico administrativo, no sólo propuso, antes que nadie, la reducción de regidores a 16 o 14, sino que incluso, planteó que también se reduzca el número de síndicos, pues hasta donde se sabe, el cargo de síndico procurador es sólo de ornato: por ahí ya pasaron antes la propia Adela Román, Napoleón Astudillo e Ilich Augusto Lozano Herrera, y las tareas de seguridad en lugar de mejorar empeoraron.

La actual síndica no tiene ninguna participación, utilidad o acciones trascendentes para la vida administrativa, social o política del municipio. Tampoco ha mostrado la intención de transparentar los recursos de que dispone, como lo hacen sus demás compañeros de Cabildo.

Por esto, ahora se presta a burla el que la presidenta municipal pretenda apropiarse de una propuesta en la que no cree, ni ha trabajado, ni la pensó como propia.

Alguien ocurrente y escaso del más mínimo sentido común político, le habrá propuesto copiar al síndico, ante la escasez de ideas propias.

Lo mismo ocurrió cuando también copió la idea de los comedores populares, esta fue una iniciativa que desde el principio de la emergencia sanitaria comenzó aplicar el síndico Javier Solorio con el apoyo de una asociación civil. Instalaron un comedor en el zócalo y otro en el asta bandera para dar de comer a las personas necesitadas. Luego, la alcaldesa dispuso la instalación de 22 de estas cocinas donde se tomó fotos para autopromocionarse usando la pandemia, una  acción que ya condenó el Instituto Nacional Electoral (INE).

Como es obvio, en estas dos acciones o ideas plagiadas al síndico Javier Solorio, en ninguna le dio el crédito o al menos, en un acto sencillo de integridad y honestidad, mencionó que ya había una iniciativa en este sentido y que ella se sumaría ampliándola, pero hacer eso, sería pedirle demasiada honestidad.

Como sea, la correcta construcción de una imagen pública y sobre todo, si se busca el favor de la opinión pública, lo menos que se debe hacer es plagiarse las ideas de otros, mucho menos usar la entrega de recursos públicos para autopromoción, eso no lo hace ni López Obrador.

Lo anterior viene al caso debido al trabajo que realiza la comunicación social de la presidenta, que en todos los boletines, en los que ni siquiera tiene participación, la incluyen forzadamente, eso realmente se ve mal, y evidencia un uso abusivo y desesperado de las acciones de gobierno para uso de una imagen personal. Esta mala política de comunicar, al corto plazo, trae consecuencias nada gratas.

Uno de los problemas elementales que tiene la alcaldesa Román Ocampo, es su falta de discurso político y social y su escaso carisma para comunicar. Su discurso no tiene consistencia pues ante la falta de ideas recurre a retazos de otros discursos, incluso, recurre a gastadas muletillas y tópicos, que como tales ya no tienen ningún efecto.

Hace poco, en un evento de entrega de semillas mejoradas, expresó que “los gobiernos de la Cuarta Transformación, con el ejemplo del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, tienen el firme compromiso de atender y respaldar a los más pobres y olvidados”, con esta simple mención al presidente, la alcaldesa supone que ya por eso su gobierno deberá ser identificado como una administración congruente con los postulados de López Obrador. Nada más alejado de la realidad.

Por ejemplo, ¿por qué no es creíble ni aceptado por la gente lo que dice? Se debe, sobre todo, a que no se trata solo de decir o plagiarse un discurso. Para que la comunicación política sea efectiva, quien dice algo debe obrar en consecuencia ética con lo que afirma decir, un discurso sin facticidad no es nada, es solo algo imaginario.

Pero resulta que el gobierno de Acapulco no es congruente con los postulados del presidente, empezando por tener regidores que ganan casi 200 mil pesos sin producir ni hacer nada; pagar “asesores” que solo están ahí para cobrar, cuando AMLO ya dijo que nada de asesores; sumado al hecho de que no se transparenta, ni se rinde cuentas del gasto público, ni se transparentan las licitaciones, aunado a que las decisiones se toman de manera unilateral, soslayando que el ayuntamiento es un órgano colegiado.

Ya por último, solo basta hacer énfasis en dos aspectos más, el primero tiene que ver con la absoluta falta de transparencia en los programas que aplica el ayuntamiento para mitigar los efectos de la pandemia. Estos son el apoyo que se entrega a los pescadores de Acapulco, por una especie de trabajo temporal que realizaron. Para este programa nunca se hicieron públicas las reglas de operación, ni se transparentó un padrón de beneficiarios, no existe ninguna certeza de que realmente se está apoyando a más de cinco mil pescadores como se publicita y si todos son pescadores.

Tampoco existió transparencia en la forma de pago, ni de qué partida presupuestal se tomó para sustentar esta acción. No se sabe si el dinero utilizado corresponde a los 15 millones que aprobó el Cabildo para microcréditos. Todo esto no va de acuerdo a la política de transparencia y combate a la corrupción de López Obrador.

En segundo lugar, está el tema de la obra pública, se reunió el Comité del Coplademum, que más pareció una reunión de camarilla que una reunión de gobierno, allí no estuvieron los dos síndicos para validar esta reunión y se tomó la decisión de aplicar más de 700 millones de pesos en obras sin ellos. También está el asunto de la falta de transparencia en las adquisiciones, el programa de semilla mejorada tampoco fue transparentado.

En buen plan, no conviene a la presidenta de Acapulco plagiarse las ideas de otros, ni mucho menos invocar un discurso con el que no es congruente. Para comenzar a perfilar una imagen propia que resulte creíble debe comenzar por modificar su conducta autoritaria y excluyente de la toma de decisiones. Debe dejar de actuar como líder de camarilla para pasar a actuar como presidenta municipal de todos los acapulqueños y, sobre todo, aprender a respetar y honrar la diferencia. Adela Román tiene mucho potencial, pero en la ruta que ha decidido seguir, es poco probable que logre buenos resultados.