Acapulco, Guerrero.- La alcaldesa Adela Román Ocampo ha convertido a Acapulco en una zona de rapiña. Con la ayuda de empresarios rapaces de la construcción y del gobernador priista Héctor Astudillo, comenzó a regalar despensas que han generado una ola de protestas y puesto en riesgo la vida de los ciudadanos.

Simulando que hace un acto de buena voluntad y de solidaridad, su actuar está enfocado en buscar aprobación social y reconocimiento a costa de la pandemia, es como dijo el otro día Astudillo, queriendo matizar el fin verdadero: “No es el momento de involucrar intereses de partidos a un tema tan delicado como ayudar a las personas con una despensa”. Pero todos saben que lo que pase en Acapulco tiene que ver con la disputa por la gubernatura en 2021.

La repartición de despensas es una acción reprobada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien está en contra de la entrega de dádivas para manipular a la sociedad. Está en contra de la entrega de frijol con gorgojo.

Repartir despensas no es una indicación presidencial, por eso el gobierno federal dispersó en tiempo y en forma los apoyos sociales a adultos mayores, discapacitados, becarios y demás, adelantando dos meses de pagos. La ayuda social debe ser sin intermediarios.

Entonces regalar despensas fue una ocurrencia del gobierno priista de Héctor Astudillo. Los gobiernos del PRI tienen una rancia tradición en la manipulación de las necesidades sociales con fines político-partidistas, y esta vez no es la excepción.

Por lo que se ha dicho, se cree que fue el gobierno estatal quien compró las despensas en una transacción oscura, pues no se ha transparentado cómo lo hizo y con qué recursos. La misma alcaldesa ha sido opaca y evasiva, pues no ha informado cómo fue que le llegaron las despensas. Sólo mencionó de refilón que le agradecía al gobierno estatal por ese apoyo.

Hasta aquí lo expuesto, la conclusión es la siguiente: hay miles de despensas que nadie sabe quién las compró o cómo llegaron. Hay regidores cobardes que incumplen su función de llamar a cuentas a la alcaldesa y quieren que la prensa y la gente hagan su trabajo. Hay diputados locales de Acapulco desatendidos de la cosa pública porque solo quieren hacerse promoción  política gratuita. Hay líderes sindicales, aspirantes, diputados y funcionarios del municipio y el estado, haciendo precampaña con estos insumos, aprovechándose de la situación.

Hay incluso diputados de Morena, como el ambiciosillo Moisés Sandoval que pagan a mariachis para hacerse promoción por hospitales. Los mismo hacen por su lado Yoloczin Lizbeth Domínguez Serna, y Mariana Guillén, que regalan despensas en la Costera, ya se ven repitiendo como diputadas federales, pero ninguno de ellos quiso aportar para crear un fondo ciudadano de ayuda a la gente afectada. Ninguno de estos diputados de Acapulco se ha pronunciado en contra de la manipulación que se hace con las despensas y ahora comedores, ninguna ha pedido cuentas de dónde se obtienen los recursos para tales acciones. “Es que no se quieren ver mal”, dijo Guillén a una reportera.

Hay pues una intentona de socavar la voluntad presidencial de no entregar dádivas ni manipular a ciudadanos. También hay una evidente asociación entre el gobierno priista de Guerrero y la alcaldesa de Acapulco, en el oscuro tema de las despensas y los comedores, asunto al que ninguno de los que aspiran por Morena quiere referirse, mejor voltean para otro lado.

El gobierno de Acapulco no ha sido eficiente en la atención de los efectos de la epidemia. Igual que el gobierno estatal, ha sido opaco y replicador de  las medidas preventivas del gobierno federal. La directora de Salud de Acapulco, una amiga de la alcaldesa, con mediocre preparación y carrera, sólo aparece mediáticamente para decir los obvios mensajes que le preparan, su escasa inteligencia no le permite articular ideas claras, originales y coherentes, mucho menos eficaces, no hay pues, nadie de salud a cargo.

El 2021 pasa por las despensas

Ahora bien, esto es solo la punta del iceberg, como dicen algunos, es la parte ruidosa. Más abajo está el tema del presupuesto, la intentona de la alcaldesa, sus hermanos y socios por quedarse con dinero público y usar otra parte para empujar una precampaña a la gubernatura.

Acapulco se distingue por personas que no pueden ver la realidad, son creadores de conjeturas fantasiosas, prefieren aferrarse a fantasías de todo tipo, más que a los datos y le evidencia objetiva, este es el caso de la alcaldesa, su falta de autocrítica le impide aceptar errores y corregir donde está mal. El problema mayor, es que tiene además, muchos reforzadores de sus fantasías.

Ahora veamos. Adela Román llegó a la alcaldía por ningún mérito propio. En una elección normal competitiva, nadie la hubiera votado, pero se coló por las transas de César Núñez y Marcial Rodríguez, que manipularon el consejo de Morena y obtuvo la candidatura, luego ganó la alcaldía por los votos de AMLO. Hechos probados.

Ahora ya como alcaldesa y motivada por la ambición de más, según su fantasiosidad, piensa que pueden repetir lo mismo, y trabajan en ello. César Núñez como delegado de gobierno en Acapulco, ocurre en conflicto de  intereses, está metido hasta el cuello en la grilla acapulqueña, es además, “asesor invisible” de la alcaldesa, su mano amiga está detrás de la propuesta bizarra e inequitativa de presupuesto.

El mismo caso es el del señor Marcial Rodríguez, quien cobra como asesor en el Ayuntamiento y tiene metido a su pareja política, “El gordo” Juan Carlos Manrique García, en servicios públicos municipales. Otro “súper asesor” es el sempiterno líder y vividor político y universitario Eloy Cisneros Guillén, quien además cobra como “profesor” jubilado en la UAGro.

Ahora bien, con este equipo más sus hermanos y el apoyo del gobernador Astudillo, la alcaldesa pretende disputarle la candidatura de Morena al delegado único de AMLO, Pablo Amílcar Sandoval, hasta ahora el mejor perfilado para suceder al priista Astudillo.

Ciertamente, hasta ahora Amílcar es el mejor perfilado, pero eso no es definitorio. Tiene el apoyo presidencial, tiene a su cuñado de asesor de AMLO, y a su hermana en la Función Pública, tiene el respaldo y reconocimiento de sus pares y la preferencia de la dirigencia nacional, pero todo eso no es suficiente ante un error, por pequeño que sea, que se logre dimensionar mediáticamente. Mejores posicionados han caído, y Amílcar tiene un talón de Aquiles en la figura de su ambicioso primo Moisés, que en su afán de querer ser candidato a alcalde de Acapulco se ha reunido con gente indeseable y tarde o temprano le va ocasionar un problema.

El otro problema de Amílcar Sandoval, es que supone que sabe mucho y que nada más él solo puede con todo. Además, ocurre el error al repetir la misma forma cerrada de los políticos priista, se vuelven inaccesibles, herméticos, aguayaberados, responden el teléfono selectivamente, las conductas son la mente, dice los psicólogos.

Entonces todo esto sumado, más el hecho de que a diferencia de la alcaldesa de Acapulco que tendrá a su disposición 70 millones de pesos para pagar medios de comunicación, Amílcar no tiene medios, ocurre en el viejo error de los políticos tradicionales que creen que por sus grandes acciones los periódicos tiene que publicarle una nota y además hablar bien de ellos.  De los que aspiran, Amílcar Sandoval es el único desprotegido mediáticamente, pues Félix Salgado tiene su fantasmal Jornada Guerrero, Luis Walton, su pedazo de Quadratín, su televisora, el sur, y hasta radio tiene, político sin medio, es peor que político pobre.

En conclusión, lo que pase en Acapulco en estos próximos meses, la definición de su presupuesto y cómo se va a gastar, la falta de controles de transparencia, y el uso discrecional del gasto público enfocado a fortalecer una aspiración para disputar la candidatura del 2021, determinará si Pablo Amílcar sigue siendo el favorito como hasta ahora cree.

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