ME LO CONTARON AYER | Opinión


Acapulco.- Que la alcaldesa de Acapulco, que llegó al cargo por el partido Morena, Adela Román Ocampo, anda por los suelos en la percepción que tienen los acapulqueños de su gobierno. Del cambio sustancial que esperaban no se han visto ni huellas, al contrario, se vuelven a repetir viejos vicios como la simulación, el culto a la personalidad y la frivolidad del gobernante.

Ante la ineptitud para dar respuesta a la principal demanda de la sociedad: garantizar la seguridad pública. La exmagistrada copia, sin talento, las palabras con que el gobernador Héctor Astudillo ha respondido esta semana a críticas en el mismo sentido: “la violencia no es sólo en Acapulco”, dice la poca talentosa alcaldesa; mientras que el mandatario estatal aseveró un día antes que la violencia no solo está en Guerrero, sino en todo el país; “quienes pretendan dar hacer una apreciación de Guerrero tendrán que mirar a 360 grados de su alrededor para que puedan darse cuenta de la realidad”, señaló.

La nueva presidenta, que sustituyó en el cargo al mañoso perredista Evodio Velázquez, apenas lleva dos meses y prácticamente ya decepcionó a esa mayoría que esperaba un cambio abrupto en las formas de gobierno en el destartalado Acapulco. Sobre todo, una mayoría harta de la simulación, la violencia, la extorsión y la inseguridad.

Error tras error, la magistrada con licencia, se mueve entre la altanería y la frivolidad. En su afán de apropiarse de todo el aparato de gobierno, junto con sus aliados, Marcial Rodríguez y el llamado luchador social Eloy Cisneros, con quienes se repartió direcciones, coordinaciones y secretarías, la alcaldesa abrió grietas en la sensibilidad de síndicos y regidores que poco a poco van marcando distancia de la forma frívola que tiene de hacer gobierno. El nombramiento de un fósil de la corrupción y el priismo más rancio en la dirección de la paramunicipal Capama (Coagua), donde se han robado todo, es un indicativo preciso de la ruta de gobierno que trazó la señora presidenta para el futuro de Acapulco.

Promesas como investigar a fondo el quebranto financiero causado por la corrupción del exalcalde perredista Evodio Velázquez, han quedado rezagadas, pese a  que junto con la demanda de seguridad, es una de las exigencias más sentidas de los acapulqueños. Sin embargo, todo parece indicar que la novel alcaldesa pactó con el cleptómano Evodio una patente de impunidad, pues ha dejado de mencionar que la quiebra de Acapulco es responsabilidad del perredista, así como la infiltración del narco en la seguridad pública.

Los plazos poco a poco se van venciendo. Y el tiempo acordado en Cabildo para que los nuevos secretarios presentaran sus planes de trabajo ya venció y hasta la fecha nadie sabe qué plan novedoso tienen para rescatar ese puerto turístico de la decadencia.

Un ejemplo lastimoso de la falta de planes novedosos y de visión a futuro, es lo que ocurre en la secretaría de Turismo donde un personaje decrépito fue designado secretario. Sin ideas y sin planes ingeniosos, José Luis Basilio Talavera solo administra la decadencia de un espacio inútil que nada más representa gasto, pues los resultados son cero.

A dos meses de asumido el cargo, ni siquiera tiene una idea concisa y original de lo que piensa hacer para levantar el turismo que por la violencia casi, casi está muerto. Por lo contrario, se ha montado en las actividades que realiza la secretaría de Turismo estatal para encubrir su mediocridad. El secretario turístico de Acapulco ha dicho que como no hay presupuesto no puede hacer nada, pero tampoco tiene nuevas ideas ni ganas, a menos que haya dinero.

El caso en mención, es solo un botón de muestra de lo que pasa con todos los secretarios designados por Román Ocampo, hasta la fecha ninguno ha tenido la iniciativa de presentar su plan de trabajo, ni mucho menos proyectos originales para sacar a Acapulco del pantano de la decadencia.

Acapulco cada día se hunde un poco más. No obstante, parece que esta percepción solo la pueden tener los ciudadanos. Los funcionarios del nuevo gobierno morenista y sus familiares ven en las frivolidades de Adela un prodigio. El trato es el mismo que dieron sus aliados a Evodio Velázquez mientras fue alcalde: rebosantes de alcahuetería le justificaron todo tipo de ligerezas mientras desmantelaba el gobierno municipal.

Así, mientras Acapulco, sus barrios y colonias se llenan de cadáveres, la alcaldesa anda gozando del cargo. Su aparato de prensa, destinado únicamente a destacar su imagen, se desvive boletineando los eventos sociales a donde es invitada. Para muestra el siguiente comunicado: “La Presidente Municipal (chequen las mayúsculas) agradece la presencia de celebridades del espectáculo al noveno festival de pescados y mariscos 2018”.

Para este día, según “su equipo” de prensa, “la presidente”, tendría reuniones privadas. Este es un término absurdo que han venido usando para justificar su inacción y sus frivolidades. El día de hoy abandonó las tareas de gobierno para estar en la entrega de la presea que acríticos diputados le concedieron a Eloy Cisneros Guillén, como paladín de “la izquierda”, quien además de sus logros cobra doble sueldo: como profesor jubilado de la Universidad de Guerrero donde nunca se distinguió por su inteligencia ni en la teoría, y como “aviador” en el ayuntamiento de Acapulco, donde funge como asesor de la alcaldesa.

Como si Acapulco fuera un paraíso de paz, trabajo y armonía que no necesita la atención de sus autoridades, la presidenta se da el lujo de abandonar sus tareas sustantivas para ir a celebrar a su amigo, el “luchador social”, varias veces diputado y quien buscaba otra vez una curul plurinominal por Morena en el Congreso local.

Llama la atención que en su discurso, el “luchador social”, amigo de la presidenta, nunca se refirió a la situación de inseguridad y violencia que actualmente azota a Acapulco de donde es asesor. Dijo zafándose, como es su costumbre, que “la violencia galopa por todos los rincones”. Pero no tuvo empacho en colgarse de la caso Ayotzinapa, y mencionó a Armando Chavarría, asesinado por el crimen organizado, como paladín de la lucha social, entre otros también muertos por las balas de la delincuencia como Arturo Hernández Cardona, Rocío Mesino y Ranferi Hernández, pero no por causa de la “lucha social”.

En resumen, hay una alcaldesa que en pocos meses ha dilapidado el apoyo y la legitimidad obtenida en la histórica votación del 1 de julio. Sus decisiones unilaterales y absurdas como designar personajes corruptos y mediocres en responsabilidades de gobierno y como asesores que sólo inflan más la nómina, le ha restado respetabilidad y reducido la confianza de los ciudadanos.

Su inacción ante el principal problema de Acapulco que es la inseguridad y la violencia, al que responde con evasivas, es el factor clave de la desconfianza ciudadana. Sería absurdo que con los magros y negativos resultados obtenidos en dos meses de gestión, alguien dijera que el gobierno de Acapulco va en la ruta correcta. La administración de Evodio Velázquez se distinguió por pagar a empresas calificadoras que le extendían reconocimientos en transparencia y buena rendición de cuentas, pretendía con eso crear una percepción positiva que la realidad derrumbó al final, Adela Román va en la misma ruta. Ahora también deberá pagar a encuestadoras patito para que digan que tiene la aceptación y la confianza de los acapulqueños, mientras cada día Acapulco se hunde un poco más.