Por Maurizio Guerrero. Corresponsal

El ataque perpetrado el jueves en la comunidad de Lafayette, en el estado de Louisiana, por un individuo que en una sala de cine mató a dos personas e hirió a nueve más fue sólo uno entre los 15 homicidios-suicidios reportados la semana pasada en Estados Unidos.

Aunque el ataque de Lafayette fue ampliamente difundido por sus características: un hombre que entra a una sala de cine a disparar a personas al azar, la comisión de este tipo de ataques por parte de individuos armados que luego deciden quitarse la vida parece ir al alza en Estados Unidos.

Un conteo publicado por el sitio The Daily Kos indicó que del 17 al 23 de julio al menos 15 incidentes homicidas-suicidas en que fueron empleadas armas de fuego fueron reportados en Estados Unidos. Al menos 38 personas perdieron la vida.

En todos los casos el asesino fue un hombre, que en la inmensa mayoría asesinó a esposas, ex-esposas, novias o mujeres con quienes no era clara su relación. Otros incidentes incluyen a un hombre que mató a un bebé de 17 meses antes de quitarse la vida, y otro que asesinó a sus dos hijos adolescentes.

Tan impactante como la violencia asesina perpetrada en Estados Unidos resulta el hecho de que ninguno de estos incidentes ha iniciado un nuevo debate sobre el control para la venta de armas y municiones.

Tampoco impulsaron esta discusión el asesinato de nueve afroamericanos en junio pasado en una iglesia de la comunidad de Charleston, ni el ataque de parte de un hombre identificado como yihadista contra una bases militar de Estados Unidos el 17 de julio.

Los más de una docena de aspirantes republicanos a la presidencia de Estados Unidos se han opuesto de manera decidida a cualquier control para la venta de armas, en tanto que los demócratas han preferido enfocarse en temas de economía y relaciones raciales, sin abordar el de la violencia.

Lucas Knepper, el hombre que perpetró el crimen doble en el cine de Lafayette, pudo obtener y conservar un arma pese a contar con una larga historia de violencia doméstica, y pese a que su propia familia lo describiera como “mentalmente enfermo”.

Asimismo, tanto el asesino de la base militar de Chattanooga, en el estado de Tennessee, como el joven que en un crimen de odio asesinó afroamericanos en Carolina del Sur adquirieron armas por fallas en aplicar unos controles laxos de por sí, y que ningún político propone endurecer.