México.- “Yo le pedí mucho a Dios, le pedí perdón”, contó una testigo del multihomicidio en Minatitlán.

La noche del viernes personas armadas llegaron a una fiesta en el municipio sureño donde mataron a 14 asistentes, entre ellos a un menor de un año.

La fiesta iba como a la mitad, había empezado temprano para que terminara a las 10 de la noche. De comer dieron cochinita pibil y había música para amenizar el evento.

En la palapa “La Potra” estaban alrededor de 50 personas, en su mayoría mujeres que iban vestidas con su traje de gala de paisana. Todas bailaban con la cumpleañera.

Las señoras, que prefirieron guardar su identidad por temor a que sean agredidas por los responsables de este multihomicidio, platicaron lo que vivieron en ese momento.

"Fueron como 20 minutos, pero se me hizo eterno. Pensé que nunca iba a acabar, es que yo dijera fue un balazo, pero fue una rociadera que ahí mismo estaban muertos y ahí mismo le seguían dando, al niño le siguieron dando, le dieron en el corazón y al papá también".

Una de ellas relató que fueron entre seis y siete hombres los que apuntaban con armas largas a las personas que estaban en la fiesta.

“Yo escuchaba más que los balazos, no hicieron nada más que matar, los que estaban les decían que los volteara a ver, más a los hombres, y ya los hacía voltear”, recordó, por lo que pensaban que iban buscando a alguien.

Otra de ellas platicó que cuando llegaron los hombres se agachó para protegerse y sólo vio a una persona que le estaba apuntando.

Sobre el menor que asesinaron, aseguraron que los sicarios sí se dieron cuenta que era un bebé, porque la mamá lo traía cargando y en ese momento trató de protegerlo entre sus brazos.

"Se escuchó bien feo, no sé, si hubieran ido a buscar a uno qué tendrían que rematar a todos, hasta el bebé. Estás en una fiesta y ves que rematan a todos aunque se vaya a esconder uno, ¿por qué tendrían que matar a todos hasta el bebé?"

Según lo reportado por la Secretaría de Seguridad Pública los matones llegaron a buscar a una tal “Becky”, quien era una mujer trans de nombre Julio César González Reyna, que era dueña de un bar y murió en el lugar.

Un día después, la palapa “La Potra” aún tenía la sangre, un par de perros la lamen y buscan comida para alimentarse entre el reguero de platos que las personas tiraron al suelo durante la ola de disparos.