-LA COLUMNA DE OLVERA-

Ciudad de México.- La incógnita sigue en el aire, por qué si el Presidente Andrés Manuel López Obrador, es tan querido, incluso adorado por cerca del 70 por ciento de la población mexicana, también es el más atacado y vapuleado de los mandatarios en la historia moderna del país.

Hay dos versiones desde mi punto de vista: quienes lo quieren, adoran, lo apoyan, es porque nunca un Presidente había estado tan cerca de la gente, pero sobre todo, porque los escucha, los abraza, no lo sienten ajeno, no lo ven intocable, y mucho menos lo sienten un producto de aparador.

Y el otro, los conservadores, los corruptos, los que ostentaban el poder como monarcas, lo vapulean, lo ofenden e incluso de manera pública y sin tapujos, piden su derrocamiento, su muerte, y hasta se meten con su hijo menor de edad.

A dos años de la llegada de AMLO al poder, México se encuentra en una disyuntiva, tanto de la clase trabajadora como de la clase enriquecida, ambas tienen sus intereses, sus prioridades.

Por un lado, la clase trabajadora, busca dejar atrás con el apoyo del Presidente el lastre de la pobreza, el abandono y el ninguneo de los poderosos que siguen actuando como los grupos rancios del latifundio, los hacendados del viejo México, después de la conquista.

Los programas sociales para las personas de la tercera edad, jóvenes construyendo el futuro, proyectos como la construcción del Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles, son acciones que la clase trabajadora ven con buenos ojos, pero además tienen la esperanza de que por lo menos tendrán trabajo, una vez que entren en funciones estas obras que marcarán el gobierno amloista.

En tanto la clase “fifi”, las acaudalados, los que no pagan impuestos, los que hacían negocio con el gobierno, los que facturaban con documentos falsos, los aviadores, los líderes sindicales, todos ellos, odian, vapulean y hasta quisieran asesinar al Presidente, su postura es entendible, porque llegó la hora de que México, pese a que a que hay más de 60 millones de pobres, por lo menos exista igualdad, en el sentido de que todos, sin excepción, tengan para comer y acceso a la educación y a la salud.