OPINIÓN


México.- La discreta reunión que sostuvieron el pasado martes 19 de marzo el yerno de Donald Trump, Jared Kushner y AMLO, en casa de amigos comunes, que resultaron ser altos ejecutivos de Televisa y también parte de su Consejo Asesor Empresarial, no sólo dio mucho de qué hablar entre los comentaristas de noticias, sino que hoy se antoja como una reunión en la que AMLO fue avisado sobre una estrategia que hoy podemos leer en tuiter.

Se mencionó, en primera instancia, que el tema central habría sido T-MEC y migración y, por supuesto, el destino de los 10 mil millones de pesos que el gobierno de Trump pretende invertir en el sureste de México y en la parte alta de Centroamérica. Destaca que la mitad de esa cantidad sería invertida en el sureste de nuestro país, zona que recibiría, además, gran parte de la inversión del Gobierno de México en el plan de desarrollo integral para la región. En su conferencia matutina respondió a los cuestionamientos directos diciendo que vendrían más reuniones como esa y que el objetivo final será el desarrollo de la zona sur y atender las causas estructurales de la migración.

Nadie debería dudar que las amenazas de Trump se deben, en gran medida, al discurso electoral rumbo al 2020; un discurso que debe sostener frente a un electorado desencantado, que no ha visto cumplidas las principales promesas de la campaña anterior, sobre todo en lo que respecta al muro. Y por otro lado, debe evitar a toda costa las notas periodísticas donde aparezcan niños y mujeres encerrados en jaulas en los centros de detención, que lo han hecho ver ante la opinión internacional como un presidente intransigente y carente de sensibilidad ante los temas humanitarios y que a pesar de su inmenso poder, está perdiendo la guerra en su frontera, contra los migrantes.

La falta de recursos para la construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos, la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, con varios curules ocupados por representantes de grupos minoritarios -hispanos, homosexuales e indígenas- largamente maltratados por Trump, se han sumado a la pesadilla que éste enfrenta en el terreno doméstico, además de los reveses legales que le han impedido imponer su política restrictiva en temas migratorios, un asunto sin duda relevante para sus votantes. Recordemos que no es la primera vez que Trump hace este tipo de amenazas sobre cerrar la frontera, pero sí es la primera vez que le pone fecha.

El peso apenas ha resentido las amenazas tuiteras. AMLO tiene bien tomada la temperatura, tal vez porque sabe que el cierre de la frontera está más cerca del discurso por la reelección, que a una acción concreta que pueda llevarse a cabo sin consecuencias catastróficas, por una lado, para la campaña electoral de Trump y, por la otra, para la economía de ambos países. Según Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, México es el primer destino de las exportaciones de cuatro estados americanos de la franja fronteriza: Texas, California, Arizona y Nuevo México, que en su conjunto representan el 25 por ciento del PIB norteamericano. Por otro lado, más de 5 millones de empleos en E.U dependen de mexicanos que atraviesan diariamente la frontera.

Lo que es un hecho es que el aparato de gobierno de México está más activo que nunca. En días pasados, una delegación mexicana de altos funcionarios partió hacia el vecino país del norte para abordar el proceso de ratificación del T-MEC; la secretaria de Gobernación se reunió recientemente en Miami con su homóloga estadounidense para tratar temas sensibles relacionados a las mejores maneras de atajar la crisis migratoria desde la fuente de origen.

La mano alzada de los asistentes al acto protocolario en Poza Rica, a la que AMLO se refiere como su “Think tank”, resulta una forma socarrona de explicar a quienes, en tono casi sepulcral, intentan desentrañar lo que consideran sus más crípticos mensajes, pero para quien lo quiera ver, López Obrador ha respondido en más de una ocasión y con absoluta claridad: no responderá a la provocación ni abonará a la guerra de declaraciones públicas, pues él ha decidido defender la soberanía y la dignidad de México a través de relaciones basadas en el respeto, de las distancias cortas -cenas, llamadas y reuniones- y mediante las acciones concretas de su gobierno.

Al parecer, todo el tema podría zanjarse con el bloqueo de la Caravana Madre y el gobierno mexicano está trabajando en este sentido. Sin embargo, todo hace suponer que las bravatas de Trump forman parte de una estrategia electoral que le fue revelada a AMLO en una cena, hace varios días, por amigos en común.