México.- El agua, fundamental para el funcionamiento de la termoeléctrica de Huexca, está en el centro del debate. Morelos tiene un gran peso agrícola y necesita de mucho riego.

Úrsula Oswald, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera la central un despropósito por este motivo. “Rompe los recursos hídricos de la región, que ya están muy explotados”, dice la científica. “En temporada seca, van a tener que extraer agua del acuífero que no tiene más disponibilidad; la extracción solo se permite para usos prioritarios y la termoeléctrica no lo es”.

La central consumirá unos 280 litros por segundo, procedentes de una planta de tratamiento de flujos residuales. Esa agua tratada va actualmente al caudal del río Cuautla, que riega campos de maíz, tomate y frijol.

Campos como los de Francisco García y Virgina Valencia. Sus familias tienen tierras en la zona desde hace tres generaciones. “Antes llegaba mucha más agua que ahora. Si empieza a funcionar la termoeléctrica, ¿qué vamos a cosechar? ¿Puro lodo?”.

El agua, una vez utilizada, saldrá a unos 40 grados y contaminada. Es lo que llaman agua muerta porque le falta oxígeno y es muy dañina para la vegetación si se vierte en el río. López Obrador ha prometido nuevas instalaciones para limpiarla, pero todavía no hay nada concreto.

García y Valencia y varios centenares de campesinos de la Asociación de Usuarios del Río Cuautla llevan dos años y medio acampados en el lugar donde se construye el acueducto que ha de llevar el agua de la planta de tratamiento para la termoeléctrica.

“Nos turnamos para que siempre haya alguien. Aquí no se descansa, no hay festivos”, asegura Valencia, quien mata el tiempo bordando, sentada en un sofá deshilachado.

La decisión de López Obrador de someter el proyecto a consulta ha sorprendido a los habitantes de la zona, donde Morena, el partido del presidente, arrasó en las últimas elecciones presidenciales. Todavía recuerdan un discurso de 2014 en el que el político equiparaba la construcción de una termoeléctrica en esta zona tan cargada de historia revolucionaria a “un basurero en Jerusalén”. Los tiempos han cambiado. Hace una semana, el mandatario defendió la central por el desperdicio que supondría dejarla parada y endulzó la propuesta con la promesa de reducir la tarifa eléctrica para los municipios afectados. También cargó contra “algunos” movimientos ambientalistas que aseguró estaban pagados por “empresas extranjeras”.

El cambio de posición ha sido criticado por los opositores. “Él era luchador social y ahora nos estamos enfrentando a un luchador social que no quiere escuchar”, señala Castellanos.

Samir Flores había denunciado la consulta en su programa de radio. La consideraba “amañada” en favor de la puesta en funcionamiento de la planta.

El proceso, el tercero que lanza López Obrador desde julio, se ha convocado con tan solo dos semanas de antelación y se llevará a cabo en todo el Estado, no solo en los municipios afectados, sin la supervisión del Instituto Nacional Electoral, el órgano independiente encargado de vigilar las votaciones. La victoria del ‘sí’ es probable.

“No sé si es un proyecto en el que están pensando en mis hijos”, dudaba Flores, el día antes de su muerte. “Primero es el capital y después las comunidades”.