OPINIÓN

México.- Es época de crisis. Todo el mundo está experimentando un cambio en sus rutinas, en lo que daba por hecho. El que mejor se adapte será el sobreviviente destacado.

México ha manejado la crisis sanitaria con pulcritud y cuidado. También con profesionalismo. He de decir que incluso con estoicismo, porque a pesar de las voces plañideras de la oposición que les da lo mismo si inventan, mienten o tergiversan para propiciar miedo y la sensación de que estamos a punto de una catástrofe en un Estado sin orden ni cabeza, a pesar de sus esfuerzos, el gabinete de salubridad encabezado por el doctor Hugo López-Gatell ha logrado imponer su discurso y como consecuencia, la famosa curva que mide la pandemia no ha estallado en nuestro país.

Las crisis sacan lo mejor y lo peor de las personas. La oposición ha mostrado su rostro más carroñero. AMLO su cara más rígida.

El Covid-19 ha cambiado al mundo entero, las relaciones que tenemos con otros y con nuestro cuerpo, la forma de trabajar, la forma de hacer negocios, la forma de abastecernos, la forma de pagar y de comprar, pero no cambió a AMLO. Él sigue con su lema “primero los pobres”.

En su informe de ayer por la tarde anunció que seguirá apoyando a los que menos tienen a través de micro créditos, apoyos electrónicos de dinero (programas sociales), obra pública (drenaje y pavimentación; agua potable; Tren Maya; Tren México-Toluca) y apoyos a pescadores y agricultores, entre otras cosas. Es decir, nada ha alterado su proyecto de nación. Ni siquiera la crisis.

Con esto no quiero decir que sea desdeñable el esfuerzo del gobierno por atender a los más desprotegidos. Todo lo contrario, es un acto que contraviene directamente los antecedentes de gobierno en México que solía “rescatar” a los de más arriba, a pesar de que sólo generan el 19.7% de los empleos.

Pero el discurso no atiende a las consecuencias de la crisis. No le dedicó una sola línea al desempleo, a la evidente crisis de la industria turística, restaurantera, las líneas aéreas y los servicios; el pago de hipotecas, la crisis de la pequeña y micro empresa, etc.

Tampoco abordó el decrecimiento económico que nos viene por delante, la devaluación del peso, que en éstas últimas semanas ha sufrido pérdidas por 24%.

¿Qué va a pasar cuando baje el monto de las remesas?

¿Qué va a hacer México si el precio del petróleo sigue bajando? ¿Se va a reducir la producción de petróleo?

Los politólogos, esos que todo lo saben, no dejan de repetir que el papel del Estado, tal como lo conocemos, ha cambiado para siempre tras la crisis del Coronavirus. Eso está por verse.

Mientras tanto, ciertas obviedades nos chocan, como la mezquindad del sector privado de la salud. La indiferencia social ante el escaso gasto en salud pública y, sobre todo, en investigación científica.

Y sí, también el informe de AMLO, porque fue parcial e insuficiente. No propone nada para atender los nuevos retos.