México.- La reciente crisis de los aranceles entre México y EU ha dejado una larga estela de asuntos que valen la pena analizar.  Las negociaciones y sus resultados son materia de discusión a ambos lados de la frontera. La amenaza de subir paulatinamente los aranceles hasta alcanzar la cifra de 25% a todos los productos mexicanos fue motivo de ásperas críticas para ambos mandatarios y ahora, al ver los resultados, las consecuencias están por verse.

Hay una pregunta que sigue en el aire ¿Es México tercer país seguro? Es decir, los ejes de esta respuesta dependen básicamente de dos asuntos: si EU deportará a México a todos los indocumentados en lugar de hacerlo a sus países de origen. Otra vertiente es si México se convertirá en el albergue de todos los migrantes del mundo que pretenden ir a EU mientras esperan por los trámites que suelen durar, en algunos casos, hasta años. Dicho en otras palabras: ¿será México la contención de migrantes que EU necesita, heredando con ello todos los problemas que implica?

A pesar de todo, es muy positivo para México que no haya nuevos aranceles para nuestros productos, sin embargo, coincido en que los términos del acuerdo son vitales para comprender a fondo las implicaciones.

De acuerdo a los comunicados de la Secretaría de Relaciones Exteriores, hay un punto de vital importancia en este asunto: a los migrantes en busca de asilo no se les otorgará refugio en México antes de hacerlo a EU, por lo que, en caso de serles negado, serán repatriados a sus países de origen, no a México. Al parecer, este sencillo paso es lo que define per se a un tercer país seguro.

Es cierto, eso no evitará que los migrantes sigan aglomerados en las fronteras mexicanas –tal como sucede en estos momentos– a la espera de que se resuelva su situación migratoria, pero la diferencia es que México podrá deportarlos en caso de ser necesario. Es decir, no se podrán quedar en México de manera indefinida, como ha venido sucediendo, por ejemplo, con el albergue “El pequeño Haiti” donde habitan más de 180 migrantes de forma permanente.

En sus declaraciones, Nancy Pelosi acusa que el acuerdo entre México y EU “viola los derechos de solicitantes de asilo” y criticó que tampoco abordara las causas elementales de la migración centroamericana. Lo que nos lleva de vuelta al Plan de desarrollo integral para el sur de México, Honduras, El Salvador y Guatemala, desarrollado por la Cepal y presentado por el canciller Marcelo Ebrard a finales de mayo de este año, para el que EU se comprometió a aportar 10 mil millones de dólares y no ha cumplido.

AMLO lo ha recriminado un par de veces en sus conferencias matutinas, acusando el incumplimiento y la forma como Trump maneja la política exterior a través de la amenaza y la mentira.

En México, la oposición criticó al gobierno por su falta de habilidades para las negociaciones de alto nivel, por su falta de relaciones en las altas esferas, por los discursos conciliatorios de AMLO, porque, acusaban, la dignidad mexicana estaba siendo mancillada sin que el gobierno mostrara una actitud determinante. Además, mostraron sus personales visiones del futuro apocalíptico que deparaba a nuestro país.

Sin embargo, fue en EU donde los diferentes actores políticos –desde la Cámara de Comercio hasta los productores de maíz– se encargaron de presionar al gobierno para dejar en claro que no apoyarían medidas contra México del gobierno de Trump. Incluso, los mismos republicanos –partido al que pertenece Trump– amenazaron con detener las medidas.

A pesar de la oposición y sus discursos de odio, disfrazados de economía del desastre, México se ha anotado un tremendo triunfo. Pero el verdaderamente beneficiado con la política arancelaria de Trump ha sido Brasil. Tras la guerra comercial con China, ahora mismo es el principal proveedor de soja del gigante asiático y, además, es la primera opción de México para reemplazar el mercado de maíz proveniente de EU.