México.- La mañana del jueves 5 de marzo fue un día azaroso para la mañanera, pues fue escenario de un choque frontal entre “los medios digitales” y la llamada “prensa tradicional”, o como prefiere llamarlos el presidente Andrés Manuel López Obrador: “medios convencionales”.

Los medios tradicionales o convencionales, son todos aquellos medios de comunicación escritos, radiofónicos y televisivos que antes dominaban la opinión pública del país e imponían la agenda nacional, basados en los intereses económicos de sus dueños.

Por el otro lado, están los medios nativos digitales y las “benditas redes sociales”; plataformas informativas emergentes que le permitieron romper el cerco informativo en aquel histórico 11 de mayo de 2012, cuando el entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, visitó la Universidad Iberoamericana y los alumnos le gritaron “asesino”, y tuvo que esconderse en un baño.

El enojo de los estudiantes traspasó el muro universitario debido a la tendenciosa cobertura mediática que dio la Organización Editorial Mexicana al titular en todos sus medios: “Éxito de Peña en la Ibero pese a intento de boicot”, por lo cual, estudiantes de universidades públicas y privadas del país se organizaron y exigieron coberturas informativas imparciales y elecciones transparentes para el 01 de julio del 2012.

AMLO, salvado por la benditas redes

AMLO, salvado por la benditas redes

La convocatoria se hizo a través de Facebook y así nació el “#Yo soy 132”, que a pesar de darle un nuevo aire a la campaña presidencial, y en especial a Andrés Manuel López Obrador, no fue suficiente para que el político tabasqueño ganara la presidencia, no obstante, demostró que los medios de comunicación convencionales no fueron imparciales, pues a pesar de que todos publicaban encuestas donde aseguraban que la diferencia entre AMLO y EPN, era de 20 puntos, la diferencia final, de acuerdo a los resultados electorales, fue de tan solo 6.5 por ciento.

A partir de ese año la influencia  de las “benditas redes sociales”, fue In crechendo y a lo largo de ocho años ha visto nacer periódicos nativos digitales, canales de youtube, páginas de Facebook, tuiteros, entre otras plataformas, quitando paulatinamente el control a los monopolios informativos del país.

Así pues, es natural que el presidente de México le tenga aprecio y reconocimiento a las plataformas informativas digitales porque se convirtieron en un destacado agente social del cambio que él ha protagonizado.

Las “benditas redes” acompañaron al ahora presidente antes y durante su tercera campaña presidencial. En gran medida tuvieron una influencia y un rol estratégico en la cobertura mediática de la campaña de 2018, pues desde sus cuentas de Facebook, Twitter y canal de youtube, comunicó sus propuestas de trabajo llegando a más ciudadanos que a través de los medios convencionales.

Por eso no es de extrañar la animadversión que tienen “los auténticos periodistas” y reporteros con más de 20 años de experiencia, y columnistas destacados y “profesionales”, en contra de los “porros disfrazados de reporteros” como los llama “el periodista” Federico Arreola.

Este conflicto entre los medios convencionales y los digitales, se dio desde los primeros días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pues el presidente ha dado un trato equitativo e igualitario a los dos bloques informativos, en el entendido de todos tienen el mismo derecho a la información y al acceso a las llamadas conferencias mañaneras. El único requisito es llegar antes de las seis de la mañana.

Es entendible que los “reporteros con trayectoria” se sientan desplazados por estos nuevos agentes informativos. También es entendible que los dueños de los “medios tradicionales” demanden y quieran seguir existiendo a costa del erario público. La radio, la televisión y la prensa escrita se acostumbraron a recibir convenios multimillonarios por campañas publicitarias, sólo que eso ya cambió, al menos así lo dicen desde presidencia.

Hoy las reglas del juego pretenden ser diferentes, y AMLO lo dejó claro cuando le contestó a la reportera Isabel González que “no le vamos a cerrar la puerta a nadie, ya de una vez que se sepa, no se le cierra la puerta a nadie”, en referencia a la denuncia que hizo  de ser víctima de un acto de odio “por parte de un individuo que está a mi lado izquierdo y que trae un parche”, refiriéndose al youtuber Paul Velázquez.

Los medios convencionales no deberían perder de vista que estos nuevos agentes informativos existen y que no desaparecerán, o se les impedirá su acceso a la información gubernamental, ni a la información que diariamente se genera a lo largo y ancho del país por el simple hecho de desearlo y solicitarlo.

Las redes sociales existen y tienen un papel preponderante en la información pública; y aunque la mayoría de los medios convencionales tiene su información en línea, no dejan de ser migrantes digitales.

Por su parte, los nuevos agentes informativos digitales tampoco deberían perder de vista que es importante informar con profesionalismo y respeto, y para ello hay que invertir un poco en la fortalecimiento de sus plataformas y formación personal.

Entonces, pese a la importancia que para el presidente tienen los medios nativos digitales y las plataformas alternativas de comunicación, aún persiste entre sus colaboradores y encargados de las oficinas de comunicación social de las dependencias federales, la idea de retrogradar, de seguir privilegiando a los medios tradicionales y cerrar la puerta de las campañas de publicidad a los medios nativos digitales y alternativos. Parece que no entienden que si están allí no fue por el apoyo de la televisión, la radio o los periódicos tradicionales cuyos dueños son empresarios, o “periodistas” empresarios.

Lo que sí debería hacer el presidente Andrés Manuel López Obrador, es abrir también los espacios publicitarios a los medios nativos digitales, sin burocratismo, ni exigencias absurdas, así como lo hace con los medios convencionales, los de siempre. Una medida así ayudaría a la profesionalización de las personas que trabajan desde estas plataformas, reforzaría la diversidad informativa y rompería aún más el bloque de los monopolios empresariales de la información que tanto daño han hecho a la nación.

De no hacerlo así, no vaya a suceder lo que dice Heinz Dieterich, que las fuerzas adversas a su gobierno, vuelvan a “conquistar la iniciativa estratégica mediática. Esto significa que controlen de nuevo la opinión pública del país”.

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