México.- A cuatro días de los eventos que paralizaron Culiacán y sorprendieron al país entero, las opiniones y las versiones sobre lo sucedido siguen acaparando la atención de redes sociales y en las principales columnas de opinión del país.

No es para menos, la luz de estío que suele bañar a Culiacán se vio opacada por una jornada de terror suscitada por los enfrentamientos entre el narco y las fuerzas armadas.

Destacan las voces de los opositores, de los expresidentes Fox y Calderón, eternos críticos, estridentes y parciales, que señalan la falta de destreza mostrada durante el fallido operativo que buscaba detener al hijo de Joaquín "El Chapo" Guzmán, Ovidio Guzmán. Lo hacen como si los mexicanos ya hubiésemos olvidado que a ellos se les escapó de prisiones de alta seguridad y que sus nombres han aparecido reiteradamente como cómplices de la cadena de corrupción.

“No vale más la captura de un delincuente que la vida de las personas” ha dicho el presidente. Fue un operativo mal planeado, sí; así se ha reconocido. Lo que vale la pena rescatar es que el gobierno ha decidido no engañar al pueblo de México en un intento por ocultar los errores. La pacificación va de la mano de la honestidad y aunque tenga un costo político, se ha decidido por la verdad.

Cuando se suscita una reunión a hurtadillas, sin que casi nadie se entere, entre el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, con el director interino de la Administración para el Control de Drogas en Estados Unidos (DEA), Uttam Dhillon, en el bastión del cártel más peligroso de México, justo días antes de la fallida captura de uno de los hombres más buscados por esa agencia, los mexicanos deberíamos exigir explicaciones al gobierno de Sinaloa.

Todavía no queda muy claro el motivo de esa reunión privada del pasado 16 de septiembre, como lo reportó Marcos Vizcarra del semanario RíoDoce. Es una nota rara porque a pesar de que se publicó que el gobierno estatal los invitó para mostrar sus cifras de disminución de homicidios y el trabajo realizado con drones para detectar laboratorios clandestinos, todavía no queda del todo claro por qué dan explicaciones a una agencia extranjera, incluso si lo que estaban pidiendo era capacitación y supervisión para las fuerzas del orden.

El papel de los gobiernos estatal y del municipal durante los acontecimientos de terror que sufrió la ciudad de Culiacán, debe ser revisada. No deberíamos permitir que su papel se limite a “informar” a la ciudadanía, no son administradores de escritorio, sino autoridades con pleno derecho.