Guerrero. OPINIÓN- Hace unos días comentaba que en Guerrero hay dos clases de políticos, los que vienen de la escuela caciquil, con acuerdos interpartidarios, y los emergentes que hasta el 2015 no habían ocupado ningún cargo de elección popular, ni se habían desempeñado como funcionarios de gobierno tanto estatal como municipal. http://El futuro de Guerrero y Acapulco, entre el continuismo y lo emergente

En un artículo que escribió el exgobernador Ángel Aguirre Rivero, con el fin de hacer alarde de su amplia influencia y dominio político sobre la clase política local, el exmandatario hace evidente y visible a esta clase política caciquil a la que me refería y pasa revista de su vínculo con cada uno de ellos.

La lista que menciona es de larga data y alcanza a todos los partidos políticos en la entidad. En ella incluye a Luis Walton Aburto, expresidente de Acapulco y excandidato a gobernador por  Movimiento Ciudadano; a Félix Salgado Macedonio,  excandidato a gobernador, exalcalde de Acapulco por el PRD y actual senador por Morena; Adela Román Ocampo, exsíndica, exdiputada por el PRD y actual alcaldesa de Acapulco por Morena; Mariana García Guillén, excoordinadora del programa Guerrero Cumple, y actual diputada por Morena; Zeferino Gómez Valdovinos y Moisés Reyes Sandoval, exsubsecretarios en el gobierno de Aguirre y actuales diputados por Morena; Marcial Rodríguez Saldaña, exrector de la UAGro, exsíndico de Acapulco por el PRD y actual dirigente estatal de Morena; Manuel Añorve Baños, exalcalde de Acapulco, excandidato a gobernador y actual senador por el PRI; Mario Moreno Arcos, exalcalde de Chilpancingo por el PRI y actual secretario de estado;  René Juárez Cisneros, exalcalde de Acapulco, exgobernador y actual senador por el PRI; Héctor Astudillo Flores, actual gobernador de Guerrero por el PRI; Marcos Efrén Parra, excandidato a gobernador y actual alcalde de Taxco por el PAN; Beatriz Mojica Morga, exfuncionaria en el gobierno de Aguirre y ex candidata a gobernadora por el PRD, entre otros.

El alarde que hace Ángel Aguirre de esta lista, pone en relieve que justamente son estos actores políticos los responsables del hundimiento de Acapulco y de Guerrero porque en mayor o menor medida han participado y fueron cómplices de gobiernos corruptos.

Como dato revelador, en esa lista a la que el dos veces exgobernador de Guerrero, pasa revista como una forma de hacer visible el apoyo que dio a cada uno de ellos en su momento, no aparecen ni Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, ni Javier Solorio Almazán, que son los que encabezan una nueva clase política emergente en el estado y en Acapulco.

Pablo Amílcar Sandoval y Javier Solorio, son los políticos más visibles y sin ningún vínculo con este pasado horroroso, cuya lista infame presenta con orgullo Ángel Aguirre. Son también los que tienen más posibilidades de  poner fin a una era de oscuridad caciquil en la entidad, a esta ola de políticos responsables de la ruina de Acapulco y de Guerrero.

Guerrero ya tocó fondo y sigue y seguirá  hundiéndose por esta clase política que continúa en el poder y de la que Ángel Aguirre hace alarde de tener muy buenas relaciones y amistad, además de mencionar que con alguno de ellos realizó muy grandes proyectos, pero ¿dónde están esos grandes proyectos a los que se refiere el exgobernador?

Lo que sí hubo y hay,  son los grandes negocios como el Acabús, el maxi túnel, las playas privatizadas, el problema histórico del agua, la pobreza extrema de Acapulco, la inseguridad, la deuda millonaria, las licitaciones opacas, la escasa transparencia de cómo se ejerce el presupuesto público y un sin fin de problemas que se deben desterrar en esta era de la 4t, porque no se debe confundir negocios con proyectos de transformación social.

A la lista de Ángel Aguirre Rivero que exhibe en su artículo “Lecturas equivocadas”, hay que incluir a Zeferino Torreblanca Galindo, Evodio Velázquez Aguirre, y un sin fin de diputados y diputadas locales y federales de todos los partidos de la entidad.

La diferencia es clara y latente. Si en verdad Andrés Manuel López Obrador pretende acabar de tajo con la corrupción, como lo demostró el día de hoy al pedir que se investiguen tanto a su hermano Pío López Obrador y a su exdirector de Protección Civil, David León, a los que recomendó no ampararse, después del video donde el exfuncionario entrega dos millones de pesos al hermano del presidente, debería de visualizar que en Guerrero necesita de gente sin cola que le pisen, honesta, capaz de aterrizar en la entidad y en Acapulco la cuarta transformación que tanto pregona el presidente de México, de lo contrario sería echar en bolsa rota todo el capital político logrado en 2018.