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Annunziata Rossi: «la vida es un vals pero no es eterno» | Testimonio

Annunziata Rossi fue una investigadora, académica, traductora y escritora de origen italiano de residencia prolongada en México, a donde llegó en 1957. Falleció el 29 de diciembre de 2018.

Por Fidelia Caballero Cervantes, 2019-06-28 13:45

México. Cultura.– La primera vez que te vi, me llevaste La Jornada a la sala mientras te desocupabas. Regresaste cuando la chica que entrevistabas se fue. “Es administradora, no sé qué voy hacer con una licenciada en administración”, decías divertida. Ahí comencé a notar tu sentido del humor, esa manera casi inocente de decir las cosas, que a mí me causaba tanta risa.

Un día me llamaste muy temprano. Me dijiste que te sentías mal y me pediste que te acompañara a la terapia. Unos momentos antes de salir a verte, comenzó a llover muy fuerte. Te hablé para decirte que esperaría a que pasara la tormenta. “Los mexicanos tienen ese miedo ancestral a la lluvia”, dijiste, “no te preocupes, no vengas”. Me dio risa y tranquilidad tu respuesta, pero a los diez minutos la lluvia había menguado y pude llegar a tiempo. Estabas parada frente a tu caja fuerte con un abrigo gris; me miraste sonriente, “ahora nos vamos”, dijiste, “vamos cerca”. Algo buscabas. Siempre buscabas algo, siempre extraviabas llaves, libros, lentes, papeles, bastón, vasos, siempre buscando, “¿dónde está…?“, decías, y yo me apresuraba a buscar. En cuanto salimos, la lluvia arreció, llevabas tu “sombrilla” y tomamos un taxi. Entramos empapadas a la casa de Juan Gelman.

La lluvia caía feroz. “La muchacha” nos abrió e ingresamos a una sala amplia y ventilada. Al fondo se veía una biblioteca y frente a la puerta, un calentador estilo europeo, de los viejos. Pusimos los abrigos húmedos en una silla junto a éste. Tus zapatos, nada apropiados para el clima, estaban totalmente empapados, sonaban al caminar y te causaba gracia y a mí me causaba gracia que te causara gracia y sonreíamos.

Luego apareció una mujer delgada, fría y altiva. Me presentaste ante Mara como tu ángel guardián. Me acomodé en un sillón de la sala con un libro de poesía de Gelman, que Mara, a petición tuya, me había llevado, mientras te encerrabas en otra habitación con ella. Desde ese punto pude apreciar mejor la habitación. Las grandes persianas de tela y algunas plantas alegres semejaban una casa de playa.

Un modelo de maniquí para sastre se erguía misterioso al lado de la mesa, cubierta con un mantel estilo mexicano. Me llamó la atención un caballo de madera sobre el trinchador del comedor, siempre me han parecido objetos profundos, símbolos del miedo, prototipos del terror infantil. De pronto reconocí tu voz entre las paredes que nos separaban. No lograba entender qué decías, pero no me esforcé, me pareció de mal gusto. Pero tu voz se aceleraba de repente.

Mencionabas un nombre: Giovanna. Decías cosas que apenas lograba comprender. Seguro son esas cosas que a mí nunca me dijiste por temor a sentirte expuesta, cosas que nunca me contaste. Fue entonces cuando entendí el tipo de terapia a la que te había acompañado.

libro Annunziata
Libro Annunziata

Salió la mujer argentina y te llevó un vaso de brandy. La vi servirlo y retirarse sin decir palabra. Salieron de su encierro, a la hora, aproximadamente. “¡Fidelia, se secaron, ven, mira, se secaron!”, gritaste emocionada como una niña. Me levanté rápido y fui a verte, estabas radiante con tu gran sonrisa mansa, llena de vida. Estabas emocionada porque los abrigos estaban secos, tumbados sobre la silla. Nos despedimos y salimos a la acuosa calle Atlixco. Caía una lluvia lenta. Caminamos al restaurante Xel-ha por Parral.

Seguías comprometiéndote a entregar trabajos que no lograbas terminar. Un día me llamaste afligida, me platicaste que habías perdido la oportunidad de traducir El Príncipe de Maquiavelo para la Editorial Taurus, que habías trabajado una semana incesantemente y habías enfermado. Decidiste claudicar y no hacer el trabajo. Eso te entristeció muchísimo.

Llegué a tu casa un poco tarde, pero no me dijiste nada. Lavabas unos vasos en la cocina. Nos fuimos con un puñado de papeles a trabajar en un rincón de la mesa llena de libros, apuntes y otros objetos que nunca movías. No sé cuánto tiempo teníamos trabajando en el texto sobre el Manierismo y Pasolini, pero esa vez lo terminamos, “ya está listo”, dijiste, y nos preparamos para salir al Superama. Mientras te ponías ropa interior, sentada en el sillón verde de tu cuarto, cantabas, “me da mucho gusto oírte cantar”, te dije, y cantaste con más ganas en tu perfecto italiano. “La vida es un vals, en el aspecto que te toca, apúrate a danzar, porque este vals no es eterno”, tradujiste para mí. Compraste latas de alimentos marinos y afuera, en la esquina, compraste flores. A veces me daba la impresión de que te aprovechabas de tu condición de anciana cuando te detenías a media calle, a sabiendas de que los coches se pararían. Caminamos por Ámsterdam hablando de comida, berenjenas, chiles en nogada. “Si dios me concediera un deseo, le pediría mis piernas para poder caminar como antes”, dijiste mientras te apoyabas en tu bastón y en mi brazo.

A la semana siguiente fuimos al Palacio de Hierro a pagar tu tarjeta. Anduvimos dando vueltas por la tienda y en algún momento, cansada, te recostaste en un sofá. Sostenías tu cabeza con una mano y dormitabas mientras hablabas de tu hermano. Viviste durante la Segunda Guerra Mundial al sur de Italia y cuando escuchaban el ruido de los aviones, tu madre los tomaba y corrían a los cerros a protegerse. Pasaban días ahí, refugiados de los bombardeos a las ciudades. Entonces pasaban hambre. Tuviste mucha hambre de niña, querida Annunziata.

Los empleados de la tienda pasaban y te veían preocupados porque parecías dormir, con tu falda a media pantorrilla y tus piernas de medias oscuras, recogidas sobre el mueble, tu rostro apagado, pero murmurando sobre tu hermano menor, quien, dijiste, había muerto mucho después de la guerra debido a la malnutrición de la época. Lo amabas tanto. Y como siempre, como era tu costumbre, de pronto brincaste y dijiste, “¡vamos por un helado!”, como una niña en su cumpleaños, radiante, hermosa, feliz. Yo tomé tu bastón y dispuse mi brazo para el tuyo.

Eran las once de la mañana del 29 de diciembre de 2018 cuando llegó la noticia de tu muerte. Me quedé pasmada, incrédula y triste. Tantos días diciendo “hoy sí le hablaré, hoy sí”. Y no, por algo lo posponía. Releí la noticia. “Nadie quiere a la gente vieja”, me dijiste un día. Yo no estoy de acuerdo. Yo te quiero, y guardo mis días contigo en un lugar especial, donde puedan sobrevivir a la vida, a la muerte; la muerte que tanto temías y que al final, como a todos nos pasará, te entregaste a ella, espero que apaciblemente, como tanto deseabas.

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**Annunziata Rossi [Papisca] fue una investigadora, académica, traductora y escritora de origen italiano de residencia prolongada en México, a donde llegó en 1957. Estudió en la Universidad de Messina unime; en la Facultad de Derecho y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su línea de investigación fue la literatura y la historia de las ideas.
Comenzó a dar clases en la Escuela Nacional Preparatoria; posteriormente, continuó su labor docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Colaboró frecuentemente con el suplemento cultural del periódico La Jornada, con traducciones y ensayos. En 1990, entró como investigadora al Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Publicó en revistas especializadas como Acta Poética, Revista de la Universidad de México y La Jornada Semanal.
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Estudiantes de la UNAM crean tortillas «light» que combaten diabetes

Estas tortillas de la UNAM son tan poderosas que no sólo nutrirían a las comunidades marginadas, sino que ayudarían a enfrentar enfermedades.

Por Redacción, 2019-07-16 15:50

México.-Las tortillas de harina que ayudan a enfrentar la desnutrición, es uno de los inventos mexicanos más recientes surgidos en la UNAM. Sin calorías vacías, este alimento contiene proteínas, calcio, fibra, ácido fólico y una mezcla de microorganismos que ayudarían a combatir la obesidad y la diabetes.

Desarrollado en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán por Raquel Gómez Pliego y estudiantes de la licenciatura de Ingeniería en Alimentos, el aporte calórico de una tortilla universitaria de 25 gramos es de 68 a 70 kilocalorías.

Igualmente de harina de trigo y del mismo peso, las que se ofrecen en el mercado es de entre 80 y cien. “La tortilla convencional tiene calorías vacías (muchos carbohidratos), y dos piezas de las nuestras equivalen a los nutrientes de un vaso de leche, algo muy útil para comunidades con desnutrición”, resaltó.

Así desarrollaron las tortillas universitarias Junto a su contenido nutrimental, posee un efecto benéfico para la salud al integrar probióticos y prebióticos.

“Probiótico se refiere al uso de microorganismos vivos que pasan por el tracto gastrointestinal sin que el pH les cause la muerte, y cuando llegan al intestino delgado se implantan y ejercen un efecto benéfico porque inhiben el crecimiento de flora intestinal indeseable.

Y los prebióticos son fibras naturales que también ayudan”, explicó. Como una tortilla única, no existe ninguna en el mercado que lleve un proceso de fermentación semejante. “La característica principal de nuestro producto es que al elaborar la masa hay un proceso de fermentación que le da propiedades únicas en cuanto a sabor, aroma y textura.

Durante la fermentación se producen ácidos orgánicos y compuestos llamados bacteriosinas, que tienen una actividad antimicrobiana y contribuyen a su conservación de manera natural, así que no necesita conservadores”, abundó. Para su elaboración se utiliza una doble fermentación.

Se combinan dos tipos de microorganismos, por lo que las tortillas duran hasta un mes sin refrigerar. Por ésta razón, se cree que serían útiles en zonas marginadas y los desayunos.

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Gianni Versace ícono de moda que fue asesinado hace 22 años

Lanzó su propia colección de ropa de mujer sólo seis años después en 1978, iniciando así su emporio de la moda, de la que ahora, después de su asesinato, , quienes siempre trabajaron junto a él.

Por Redacción, 2019-07-16 15:38

México.-El nombre Versace nos remite inmediatamente a un mundo de top models, lujo y sensualidad que caracterizan a la marca creada por Gianni Versace, quien hace 22 años fue asesinado, pero que dejó una huella profunda en la industria de la moda, que no será borrada fácilmente.

Nació el 2 de diciembre de 1946 en Italia. Fue criado en el mundo del diseño, pues su madre, Francesca, dirigía su propio negocio de confección. Ella forjó en él el amor por la moda, y trabajó con ella después de terminar la secundaria. Estudió arquitectura antes de dedicarse de lleno al diseño de modas en 1972, cuando se mudó a Milán para empezar a trabajar para marcas italianas como Genny, Callaghan y Complice.

Lanzó su propia colección de ropa de mujer sólo seis años después en 1978, iniciando así su emporio de la moda, de la que ahora, después de su asesinato, , quienes siempre trabajaron junto a él.

¿Qué hizo Gianni por la industria de la moda?

1. Juntó la industria de la moda con el mundo de las celebridades Gianni solía codearse con personalidades de la farándula, cantantes, actores y famosos, incluyendo a Elton John y la Princesa Diana, quienes asistieron a su funeral.

Lo importante de esto es que fue uno de los primeros diseñadores en invitar a celebridades a los desfiles de moda, sentándolos en front row. 2. Las top models Se dice que Gianni fue responsable del fenómeno de las súpermodelos en 1990 pues comenzó a pagarles cantidades desorbitantes para que desfilaran en sus pasarelas, gracias a él, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Claudia Schiffer, y Helena Christensen son ahora consideradas leyendas en la historia de la moda.

3. Sus diseños atrevidos Los diseños de Versace se caracterizaban por la sensualidad. Su ropa era atrevida y muy recargada, para las mujeres que querían reflejar seguridad. Diseñaba vestidos ajustados y con grandes escotes.

Una de sus creaciones más famosas fue la que dicen convirtió a Elizabeth Hurley en una estrella. Se trataba de un vestido negro con un gran escote unido por seguros de oro que vistió cuando acompañó a su entonces novio Hugh Grant al estreno de la película Cuatro bodas y un funeral.
El vestido fue tan impactante que hoy se hace referencia a él como «Aquel vestido» o en inglés «That dress».

4. Innovación Versace innovó en materiales y técnicas de confección. Utilizaba telas como la malla de aluminio y empleó la tecnología láser «neo-couture» para fusionar cuero y goma. Además fue pionero en los diseños recargados y estampados. Fue creador del Miami Print, inspirado en las palmeras de Miami Beach y en el arte clásico griego.

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Niña invidente enseña a usar su vastón a una amiga; video conmueve en redes

«Vas moviendo tu bastón así y con la otra (mano) vas explorando… yo voy aquí contigo por si te llega a pasar algo”, le dice.

Por Redacción, 2019-07-16 13:30

México.-Un claro ejemplo es un video que se ha difundido recientemente en las redes que muestra a una niña invidente enseñándole a usar su bastón guía a una amiga.

En la grabación se escucha a la pequeña decir:

«Vas moviendo tu bastón así y con la otra (mano) vas explorando… yo voy aquí contigo por si te llega a pasar algo”, le dice.

Aunque no hay más detalles de dónde fue grabado, como era de esperar, el tierno video pronto se viralizó.