Acapulco, Guerrero.- “¡A la triqui, tri, triqui, ra! ¡Aguirre, Aguirre, ra, ra, ra!”, se desgañitaban cientos de personas de colonias de Acapulco ubicadas en las zonas de mayor marginación del puerto, en el salón de convenciones La Cartuja.

Los cientos de acarreados se dieron cita desde las 8 de la mañana, sin tomar al menos un vaso de leche que les pudiera hacer bulto en el estómago, para la toma de protesta de representantes de la Unidad de Izquierda Guerrerense (UIG), una tribu más del PRD, que encabeza el ex secretario de Desarrollo Social en Acapulco, Víctor Aguirre Alcaide.

Los colonos tuvieron que esperar durante más de tres horas para que se llevara a cabo el evento, porque Víctor Aguirre no aparecía.

Lideres y representantes de colonias populares como Xolapa, Libertad, Tecnológica, Inalámbrica, San Agustín, Lomas Verdes, Niños Héroes, Frontera, Praderas de Costa Azul y Cumbres de Llano Largo, animaban a su gente para echaran porras, gritos y aplausos antes y durante la toma de protesta.

Para no aburrirse, estuvieron calentando la garganta, tronando las matracas, aplaudiendo a los contingentes que iban llegando a La Cartuja.

El show político.

Pasadito de las 11:20 de la mañana por fin llegó el dirigente estatal de la UIG, al que todo mundo esperaba, pero nadie reconoció a Víctor Aguirre Alcaide, pasó desapercibido, porque los centenares de colonos pensaron que por la consigna que les dieron, de echar porras a Aguirre, se trataría del exgobernador Ángel Aguirre Rivero, o alguien de su familia, así que este otro Aguirre pasó a su lado, pero fue visto con gran indiferencia, como dice la canción de Rubén Fuentes.

Para aclarar que no se trataba del innombrable Ángel Aguirre Rivero, la persona encargada del sonido local avisó que a quien esperaban ya había llegado, y pidió aplausos para este otro Aguirre.

“Démosle la bienvenida al dirigente estatal de la UIG, Víctor Aguirre Alcaide”.

El show político.

Fue hasta entonces que los cientos de asistentes alzaron sus banderas blancas con amarillo, haciendo bulla dentro del recinto, aplaudiendo, porque así se los exigían los cinco animadores que contrataron para hacerle su fiesta a Víctor Aguirre.

Al frente de la mesa, una lona grande con el nombre de Víctor Aguirre Alcaide. Asistieron el diputado local Jonathan Moisés Ensaldo Muñoz; Demócrito Flores Sonduk, representante del comité municipal; Josefina Dorantes Solís, consejera municipal; Lluvia Flores Sonduk, diputada federal; Jaime Alberto Soria Villa, consejero estatal; Yuridia Melchor Sánchez, diputada local; Félix Moreno Peralta, coordinador estatal de la UIG; Federico García Nolasco, y Miguel Flores.

Todos bonitos y contentos, ponderaban la unión de las izquierdas, sin que dejara de escucharse el estruendo de las matracas y los gritos de los colonos, a tal grado que por la bocina se escuchó: “atención, atención, es hora de…” y ya no pudo terminar la frase porque un muchacho tronaba una matraca de poco más de un metro de largo y apagaba las voces.

“Mi estimado matracas, silencio por favor, que daremos inicio a esta gran toma de la UIG”, le dijo el conductor del evento.

Entonces pudo comenzar la diputada federal Lluvia Flores Sonduk, quien aseguró que “el asesinato de nuestro compañero Demetrio Saldívar fue un crimen político, por lo que tenemos que hacer un grito por la unidad y exigirle justicia al gobernador del estado, Héctor Astudillo Flores, para que cumpla con lo la ley, porque las leyes han quedado rebasadas por el crimen organizado. Se debe poner un alto para que nos brinden seguridad, porque es una situación insoportable la de este gobierno actual, donde ya no se puede salir sin pensar que algún cabrón nos pueda dar un balazo”, dijo Flores Sonduk.

Después de las palabras de Lluvia Flores, pidieron un minuto de silencio por los perredistas que han sido asesinados en los 28 años de vida del partido, pero ese pequeño homenaje no se concretó, ya que a Víctor Aguirre le urgía tomar protesta a los representantes de su corriente y marcharse del lugar.

Al término de la toma de protesta se soltó el grito de ¡justicia!, por el asesinato de Demetrio Saldívar, y así, entre gritos de justicia y el inclemente matraquero que hacía tronar su diabólico instrumento sin cesar, el cuestionado político movió su voluminosa figura hacia el estacionamiento.