#Creativos

Arquitecto japones Arata Isozaki, premio Pritzker 2019

La obra del también urbanista y teórico “supera el marco de la arquitectura para plantear cuestiones que trascienden eras y fronteras”, de acuerdo con el jurado.

Por Redacción, 2019-03-05 10:53

México.-La obra del japonés Arata Isozaki (Oita, 1931) es, ella sola, una antología de la arquitectura de la segunda parte del siglo XX.

Entre el audaz brutalismo de la biblioteca que levantó en su ciudad natal en 1966 y la posmodernidad del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, MOCA, concluido dos décadas después, caben el ingenioso pop tecnológico de la Biblioteca Kitakyushu (1974) o la actualización de la modernidad que supuso el Museo de Arte de Gunma, un cubo alicatado levantado sobre pilotes en 1974.

Pero Isozaki representa mucho más que una antología de manual. Fue un pionero a la hora de establecer contactos e intercambios con sus colegas occidentales.

Seguramente por eso antecedió a su propio maestro —el pritzker de 1987, Kenzo Tange— a la hora de construir en el extranjero. “Para cuando cumplí 30 años había dado 10 vueltas al mundo”, ha declarado tras conocer que había sido galardonado con el Pritzker 2019.

Él atribuye esa sed de movimiento al Japón en el que creció: asolado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En su país estaba todo por hacer y, por lo tanto, aprendió a conocer sus ciudades en un estado de cambio permanente. Isozaki tenía 12 años cuando las bombas atómicas redujeron Hiroshima y Nagasaki a ruinas.

Fue desde esa realidad, ha subrayado, desde la que decidió el carácter constructivo de la profesión, que le llevó primero a tratar de entender el mundo —para incorporar lo mejor de cada lugar a su trabajo— y después a intentar establecer conexiones entre las arquitecturas.

Así, una vez fuera de Japón, Isozaki, también reclutó extranjeros para que construyeran en su país, proyectos en los que él actuaba de urbanista. Tal vez la más sonada operación de ese tipo fueron las viviendas Nexus de Fukuoka, en el extremo occidental de Japón, cuyo plan general concentró, en 1989, obras de los entonces jóvenes Rem Koolhaas, Steven Holl, Christian de Portzamparc, Marck Mack u Oscar Tusquets.

Más allá de su sed de conocimiento de la arquitectura mundial, y más allá de su cultura artística —su mujer, fallecida en 2014, fue la escultora Aiko Miyawaki, que colaboró con él en algunos proyectos—, Isozaki se formó como ingeniero. De ahí que el afán por comprender cómo funcionan las cosas esté presente en su indagación como arquitecto. Uno de sus proyectos más conocidos en España, el Palau Sant Jordi, que construyó para la Barcelona olímpica, deslumbró cuando, en pocas horas, la cubierta prefabricada coronó el pabellón levantada por grúas. Pensar más a partir de la manera de construir que a partir de la esperada forma final del edificio es una característica de los mejores trabajos de este arquitecto.

En 2001, cuando Herzog & de Meuron recibieron el Premio Pritzker tenían 50 años. Jacques Herzog declaró a EL PAÍS que ya podían empezar a arriesgar. Arata Isozaki recibe el Pritzker 2019 al final de su carrera —tiene 87 años— y, al contrario que otros proyectistas que lo recibieron en medio de su trayectoria, como Christian de Porzamparc o Kazuyo Sejima, como arquitecto ha acumulado ya todos sus logros. También sus errores. En los últimos años, la obra del japonés no ha dejado de enfrentarse a nuevos retos.

Sin embargo, las soluciones parecen beber ahora de su propio repertorio. Así, la gruta orgánica de hormigón con la que cubrió el muro cortina del Centro Himalayas Zendai que construyó en Shanghai en 2012 es prima hermana de la que empleó para cerrar el gigantesco Centro de Convenciones de Catar levantado por las mismas fechas, pero en un entorno completamente distinto. Algo parecido sucede con la Academia de Bellas Artes de Pekín, CAFA, construida en 2012, 17 años después de que culminara el Museo Domus de A Coruña con soluciones formales y materiales muy similares.

El Premio Pritzker es un galardón complicado de entender porque a veces sirve para indicar vías de crecimiento para la arquitectura y otras para reconocer trayectorias. Es decir, en ocasiones, actúa de faro que ilumina el futuro y, en otras, de coche escoba. Los premiados en los dos últimos años –Doshi e Isozaki- merecían un reconocimiento.

Lo mismo sucedió también con algunos arquitectos “rescatados” como Jorn Utzon (2003) o Frei Otto, que falleció en 2015 días antes de que se anunciara su premio. Sin embargo, en otras épocas, premiados como Wang Shu (2012), Shigeru Ban (2014) o Alejandro Aravena (2016) supusieron una toma de posición a la hora de indicar hacia dónde debía, o podía, evolucionar la arquitectura mundial, hacia la atención a problemas habitualmente descuidados por los arquitectos más conocidos: el rescate de la historia (Wang Shu), la arquitectura de emergencia (Ban) y el papel del usuario en el diseño de los edificios (Aravena) o lo que es lo mismo, la mejora de la autoconstrucción.

Si bien es cierto que entre las novelas, los dramas o los poemas de cualquier Nobel de Literatura hay mejores y peores obras, al reconocer los méritos de manera tardía, como en el caso de este Pritzker a Isozaki, se es a la vez justo y arriesgado: se corre el riesgo de estar premiando también la decadencia.

En un mundo necesitado de guías y proyectistas audaces capaces de ampliar y renovar el repertorio de ocupaciones arquitectónicas, se agradecen los premios que indican caminos. Apuntar vías de crecimiento implica un riesgo mayor al de reconocer méritos pasados. En el planeta hay cada vez más galardones que premian la obra de los arquitectos. Hace falta que uno de ellos se concentre en ampliar la ambición de esta profesión.


Nota original de «El País»
#Creativos

Doña Lucita se inspiró en sus carencias y las transformo en poesía

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

Por Redacción, 2019-09-15 10:57

México.-Doña Lucita comenzó a componer poemas hace 75 años, los memorizaba porque no sabía escribir. A los 55 años terminó la primaria, y en las últimas tres décadas sus composiciones han sido premiadas en instituciones de cultura, del sector ambiental, de Profeco, del Inapam, así como por el gobierno del estado.

María de la Luz Romo García, poeta, escritora y cantautora de 90 años, es originaria del pequeño municipio de Trancoso, donde creció en medio de enormes carencias. Se casó a los 22 años con uno de los hombres adinerados de su pueblo, Magdaleno Canizalez Hernández quien, según los relatos de sus hijos, tenía gusto por el vino y las mujeres, debilidades que mermaron esa bonanza.

Las carencias en su niñez y en su vida de casada, Lucita las convirtió en poemas.

“Mi mamá tenía una libreta especial donde cualquiera de nosotros [sus hijos] debíamos escribir lo que ella nos dictaba, ni una palabra más ni una menos, porque le llegaba la inspiración y no debíamos interrumpir sus versos.

“No importaba si era de madrugada, nos levantaba para que no escaparan las letras de su memoria que convertía en frases y rimas”, relata María de Jesús, hija de la poetisa, de 46 años.

“Si por alguna razón mi madre perdía la inspiración, simplemente decía: ‘Ya no me gustó cómo quedó, luego te dicto qué sigue’; a la par tenía varios poemas y canciones iniciadas, porque no sólo escribía lo que a ella le sucedía, sino a sus hijos, a los personajes de su lugar, a su iglesia y a todo su pueblo”, añade.

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

A los 50 años, la mujer se incorporó al grupo Flores y Rosas —de la tercera edad— donde la motivaron a terminar la primaria, la cursó y pudo escribir sus poesías y hasta corridos; lo mismo relataba una carrera de caballos que un fraude electoral y dedicaba versos a la naturaleza. Sus hijos la convencieron de entrar a concursar y ahí comenzaron los premios.

“Al mundo le vi sus falsedades, pobrezas, engaños y pesares, pero llevo en mi mente las verdades: poemas, sonrisas y cantares”, doña Lucita jamás imaginó que con ese poema que retrata su vida fuera premiada a nivel estatal en 1990, ni tampoco que al escribir: “Ante la crisis actual, mexicano estemos alerta, cuiden de su economía y escojan bien sus ofertas”, que la llevó a ganar el premio nacional en un concurso organizado por la Procuraduría Federal del Consumidor.

Lucita dice estar agradecida con la vida y unida a su esposo, a quien perdonó desde hace muchos años, y como reza Poesía a la vida: “He venido caminando de muy lejos, he cantado, he llorado, he reído; era niño, era joven, ahora viejo, pero nunca la tristeza me ha invadido”.

Dice que está en su mejor momento; se siente plena, recompensada por sus logros y sus nueve hijos, 43 nietos y 18 bisnietos. “El encuentro con Dios es mi esperanza, doblarán las campanas una tarde, oiré entonar una alabanza para después reunirme con mis padres”, así cierra su libro Poesía a la vida, por el que ha recibido muchos premios.

#Creativos

Hoy estamos vivos y esta es nuestra fiesta, dice autora de «En el viaje»

La novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí.

Por Redacción, 2019-09-12 10:55

México, (Notimex).- “Escribí este libro sobre todo porque hay días en que estoy segura de que vamos a desaparecer como especie y que, además, nos lo merecemos”, dijo la escritora Anaí López durante la presentación de “En el viaje”.

Su nueva novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí. Son Irene, Claudio, Denisse, Lorenzo, Karla, Mauro, Javiera y Adam.

Todos tienen un gusto especial por la fiesta y por diversas sustancias. Entre lo que comparten está el amor, que es su ancla en la vida. Sin embargo, un evento inesperado los fisura, por lo que deberán hacer una introspección para reencontrarse o perderse para siempre.

“Los alucinógenos que ellos consumen implican una negación de los valores sociales y es una tentativa por escapar de este mundo y colocarse al margen de la sociedad”, indicó la autora de la afamada trilogía “Quiéreme cinco minutos”, “Quiéreme si te atreves” y “Quiéreme bien”.

Aclaró que no podría hablar por otros, pues la experiencia de viaje siempre es subjetiva y, en su caso, le recuerda que la vida de las personas no depende del trabajo, el dinero, la estabilidad ni la productividad.

“Dependen más del olor a café, del tacto del amado, de la palabra que nos empaña los ojos, de cosas que no se pueden explicar. Me confirma que lo sagrado no tiene qué ver con credos ni con dogmas, porque no tiene qué ver con nada a lo que se puede acceder con la razón o con la conciencia”.

Dentro de 110 años, dijo Anaí López, “ninguno de nosotros estaremos aquí, estarán otros. Pero ahorita estamos los que estamos, trenzados al mismo tiempo en esta, nuestra única fiesta. Ésta es la época dorada del mundo, ésta y ninguna otra, estamos vivos y mientras lo estemos somos invencibles ante la muerte”.

Antes decenas de personas atentas a los detalles de “En el viaje”, subrayó que también lo escribió por nostalgia, por sus hermanas, por sus padres, por su primo, por sus amigos, con su esposo, por su hijo y por cosas que no sabe que sabe.

“También lo escribí porque en otros días confío en que prevaleceremos y un día sabremos qué diablos hacer con esta bendita y maldita conciencia de nosotros mismos. En esta tensión constante, vivo y escribo”, resaltó quien fungió como jefa de escritores en las series “XY”, “Bienvenida realidad”, “Infames” y “Dos lunas”.

Los comentarios de “En el viaje” corrieron a cargo de los escritores Karina Simpson y Fernando Rivera Calderón, quienes leyeron uno de los fragmentos.

#Creativos

Uruguaya Cristina Peri Rossi gana Premio Iberoamericano de Letras

Poeta y novelista uruguaya opina que la literatura es el último reducto contra la frivolidad.

Por Redacción, 2019-09-08 09:10

México, (Notimex).- La escritora Cristina Peri Rossi (Montevideo, Uruguay, 1941) obtuvo el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2019, que otorga la Universidad de Talca. Tras conocer la decisión del jurado internacional –integrado por personalidades de España, México, Austria, Francia y Chile– que analizó durante cinco días las candidaturas para el galardón, la poeta y novelista uruguaya se dijo emocionada, halagada y contenta, “siento una emoción tan fuerte, que corro el riesgo que sea la última”.

Asimismo, expuso: “La literatura para mí, en esta época tan dura del siglo XXI, es el último reducto contra la frivolidad y la banalidad”. Hija de inmigrantes italianos, Peri Rossi se ha caracterizado no sólo por su carrera literaria, sino por su activismo político. De acuerdo con la página web amediavoz.com/perirossi, fue su madre, maestra, quien la inició en el amor a la literatura y la música y la instruyó en los ideales feministas de igualdad.

La escritora se graduó en Literatura Comparada, cuya enseñanza ha ejercido durante muchos años. Sus primeras publicaciones fueron protagonizadas por niños, pero luego abordó temas como el erotismo, la homosexualidad o la guerrilla, siempre en un estilo experimental.

Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales. Tras el golpe militar uruguayo, la también amiga de Julio Cortázar (1914-1984) tuvo que exiliarse en Europa. Llegó a España en 1972, cuya nacionalidad obtuvo dos años después.

Algunas de sus obras son Evohé (1971), Descripción de un naufragio (1974), Diáspora (1976) Lingüística general (1979), Europa después de la lluvia (1987), Babel bárbara (1991), Otra vez Eros (1994) y Aquella noche (1996).

Su obra ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con los más prestigiosos premios literarios, entre los que se encuentra el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti 2003 y el Premio Loewe 2008, refirió El Mostrador, medio chileno de noticias, el cual considera La nave de los locos (1984) como la obra insigne de la autora uruguaya, porque aborda tópicos como la locura, el viaje, la creación, el exilio y los desaparecidos.