El Fuerte de San Diego adoptó un cañón en sus filas. Fue el saxofón del parisino Alex Terrier, quien amenizó en el escenario de una noche agradable. Morbosos, curiosos y “famosos” se dieron cita en la Plaza de Armas, que se convirtió en un cautivador mar de notas.

En Acapulco: “talentosa figura del jazz”, “ignoto saxofonista” y “músico guapo” se integraron a la polisemia del artista francés, la misma que se diluyó al instante del soplido a su placa dorada. Las cuerdas de un contrabajo y la travesura de la batería se fraguaron para brindarles a los espectadores un instante poco experimentado por algunos, pero reconocido por todos. Era el goce del jazz.

Alex Terrier La Nao

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Cuando del músico galo emergían turbias palabras, una traductora taimada transfería la lengua como un buque de carga se traslada de México a Francia, después de que el talentoso jazzista transgrediera las fronteras del lenguaje con un juego de notas musicales. La música carece de taxonomía lingüística.

El espectáculo fluyó sin más, como la hiperactividad de un infante que al final reclama un premio por su gozo, y los presentes lo tendrían. La Nao Acapulco 2015 se despediría con el ballet folclórico Ekobios.

Ángel Perea EscobarHace unas horas, Ángel Perea Escobar, en una nutrida charla había incluido en la memoria de los involucrados la relevancia de una vuelta a las raíces. “Colombia es un país pluriétnico y multicultural”, decía el investigador colombiano en elogio a las culturas reprimidas. Fue entonces que se presentó el grupo de ballet folclórico Ekobios, una manifestación del lenguaje de Ángel. “Los compañeros, los amigos, los hermanos” que representan la compañía de danza, se instalaron en el escenario. Cinco músicos vestidos de blanco, gritando la estación de una región costera colombiana, golpearon sus instrumentos. En seguida el ritmo del mapalé y el bambuco interactuaron en el espacio con un vaivén que originó la explosión cultural e identificación con los anfitriones.

Baile Gente La Nao

El susurro afrocolombiano sugirió la atención del espectador. Se introdujo una dialéctica gozosa con la representación dancística de los doce integrantes de la compañía. Una calavera anticipada se precipitó al escenario, parecía ser una representación de la antinomia de la alegría colombiana, que se incorporó al color de la música.

Ekobios La Nao

¡Y se armó el carnaval! Los colores brincaban y los demás se asían de ellos. “¡Que viva la viva!”, gritaban. Los danzantes se confundieron con el público, eran una esfera homogénea de alegría. Pero habría un responsable. Dixon Pérez González, director del grupo, apareció como una evocación, como un artesano de la nomenclatura. Entonces, los demás lo reconocieron con merecidos aplausos.

Gente La Nao

La Nao soltó amarras este sábado 31 de octubre, miles gozaron de una programación selecta, como en los mejores tiempos de La Nao, no por nada fue la creadora del concepto de este festival, la directora de Cultura, Citali Guerrero, quien hizo la curaduría, junto con la escritora Iris García y el fotógrafo Luis Arturo Aguirre, junto a un equipo de promotores culturales, escritores, fotógrafos y reporteros especializado.

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Finalmente, acompañado del secretario de Turismo Ernesto Rodríguez Escalona, ataviado con una camisa rosa rosa mexicano, y la secretaría de Cultura, Alicia Margarita Sierra Navarro, ridículamente vestida de verde y rojo, el alcalde de Acapulco Evodio Velázquez saltó al escenario para despedir la embarcación que regresa al misterioso Oriente en busca de más talento, más arte, más cultura para el 2016.

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