México.- Con la consigna de que el Seguro Popular “ni es seguro ni es popular”, el gobierno de la Cuarta Transformación se propuso transformar la atención de los servicios de salud con la expectativa de alcanzar el nivel de atención y cobertura como en Suecia.

Para alcanzar esta proeza, se planteó desde el inicio combatir la corrupción en los hospitales, institutos, compra de medicamentos y contratación de personal.

En el aspecto laboral, una de las promesas del Presidente fue la basificación del personal de salud del sector público, que incluye a 80 mil trabajadores eventuales o contratados por honorarios.

"Los vamos a ir basificando poco a poco, es mi compromiso y lo voy a cumplir. No me pidan que lo haga de inmediato (...) Lo tengo que hacer paulatinamente, porque tiene que ver con presupuesto, pero sí vamos a basificar a todos los trabajadores del Sistema de Salud y se va a homologar”, declaró a 22 días de tomar protesta.

Sin embargo, una de las primeras repercusiones en salud fue el recorte al gasto con la reducción de 30% del personal, incluidos médicos, enfermeros y laboratoristas, lo que repercutió en la disminución o suspensión de servicios, como en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, donde padres acusaron que sus hijos con cáncer se quedaron sin quimioterapias, por la falta de personal.

Así, directores de los 11 institutos nacionales de salud alertaron que los recortes presupuestales en el sector sumaban dos mil 300 millones de pesos, en una reunión con diputados en mayo pasado.

Esto derivó en la merma de servicios, cirugías, abastecimiento de cirugías a la población sin seguridad social, que forman parte del Seguro Popular. Tras la presión social, la Secretaría de Hacienda restituyó mil 200 millones a ese sector.

A lo anterior se sumó el paro parcial de ocho mil médicos residentes, quienes también fueron afectados por el recorte presupuestal de salud: no les pagaron tres quincenas y se les quitó un bono sexenal.