México.-Una de las características del trastorno del espectro autista (TEA) es la dificultad en la socialización y la comunicación.

A los 2 años y medio, el pequeño Rafael no hablaba, algo que preocupaba a su madre, Juli Lanser Mayer.

Esta ama de casa llevó al niño a un neuropediatra que le diagnosticó un autismo severo. Los padres acudieron a otros tres médicos, que le dieron el mismo diagnóstico.

"Estaba completamente aterrorizada", le dijo a BBC News Brasil.

Rafael es el tercer hijo de los cuatro que tienen Juli y el abogado Valcir Mayer, que viven viven en Timbó, en el estado de Santa Catarina, en el sur de Brasil.

El niño es el único de los hermanos que tiene autismo. Su diagnóstico hizo que los padres se preguntaran cómo se desarrollaría el pequeño a lo largo de los años. "Los médicos ni siquiera sabían si mi hijo conseguiría hablar", dice su madre.

"Mis otros hijos se desarrollaron rápidamente, pero Rafael tardó hasta en aprender a sentarse cuando era pequeño. Hasta los 2 años, no interactuó, no miraba a los ojos y parecía estar sordo. Le hicimos exámenes que arrojaron que no tenía problemas de audición", cuenta Juli.

Una de las características del trastorno del espectro autista (TEA), causado por un desorden complejo en el desarrollo del cerebro, es la dificultad en la socialización y la comunicación.

Para ayudar al desarrollo de Rafael, los padres lo llevaron a un seguimiento con una terapeuta y otra especializada en el habla. "Pero no reaccionó a ningún estímulo. Todo lo que ellas intentaban hacer, él las ignoraba", recuerda.

A la madre le recomendaron que alentara al niño a usar una tableta, que podría ayudar a que se desarrollara. "Al principio estaba en contra, pero como no teníamos muchas alternativas, decidí intentarlo".

El niño pasó horas viendo videos de YouTube, principalmente en inglés. "Pensaba que ponía los videos en otro idioma porque no sabía cómo jugar con la tableta, así que yo siempre cogía el dispositivo y le ponía una animación en portugués", cuenta.

Meses más tarde, Juli se sorprendió al ver que su hijo, que tenía casi 4 años, comenzó a hablar durante una sesión con la terapeuta del habla. La felicidad con el avance pronto dio paso al miedo.

Rafael solo hablaba en inglés. "Había muchas oraciones en inglés. Me quedé preocupada porque, de repente, comenzó a hablar como si hablara el idioma con fluidez, sin haber recibido clases ni salido del país".

El niño aprendió inglés en videos y juegos. No hablaba portugués, pese a demostrar que entendía el idioma. "Todo era en inglés. Lo puse a hablar con el marido de un amigo, que es irlandés, y dijo que Rafael hablaba mejor que su esposa, que vive en Irlanda desde hace diez años".

La hiperconcentración

El aprendizaje inesperado del niño se produjo debido a una de las características del autismo: la hiperconcentración. Es la capacidad que las personas diagnosticadas con TEA pueden desarrollar para mantener la atención centrada en un interés específico, como idiomas, astronomía o música, sin distraerse con ninguna otra información.

"Estos son temas que se vuelven únicos para las personas con TEA", explica la psiquiatra Rosa Magaly de Morais, una médica del Programa de TEA en el Instituto de Psiquiatría del Hospital de Clínicas de São Paulo.

Rafael es el único con autismo de los cuatro hijos de la pareja Juli y Valcir.

Según esta especialista, todas las personas con autismo pueden tener áreas de interés específicas. Sin embargo, las islas de genialidad (cuando estos intereses hacen que adquieran dominio sobre un tema) por lo general ocurren en aproximadamente el 10% de los casos de personas con TEA.

La psiquiatra Rosa Magaly señala que los casos como el de Rafael, donde existe una extrema facilidad para ciertos asuntos, son excepciones.

"Una gran proporción de personas con TEA no tienen este perfil, por lo que tienen poca visibilidad. Los padres con niños con TEA sin habilidades especiales no deben sentirse desmotivados o intimidados. Tener habilidades avanzadas no garantizan el éxito en la vida. La suma de las funciones cognitivas y su impacto en la capacidad de adaptación es, de hecho, el gran diferencial", afirma.

Nueve idiomas

Como la familia no habla inglés, Rafael tuvo dificultades para ser comprendido en casa. "Cuando lo conocí, no hablaba portugués, tenía muchos comportamientos estereotipados, no miraba a los ojos y no respondía cuando lo llamaban", recuerda la neuropsicóloga Tatiana Schmidt, quien fue a acompañar al niño.

Al tratar de enseñarle a aprender portugués, Tatiana descubrió que Rafael también conocía el esperanto y el lenguaje de señas brasileño, que también había aprendido a través de internet.

Según la neuropsicóloga, el portugués fue el cuarto idioma que aprendió Rafael a la edad de 5 años después de meses de acompañamiento. Fue en la época en la que comenzó a asistir a la escuela, lo que le ayudó a aprender el idioma.

"Pero hasta hoy, el portugués es el idioma con el que más dificultades se encuentra, porque tiene problemas para pronunciar varias palabras", dice la madre del niño.