(El Universal) Guerrero, MÉXICO.- Una bebé de tres meses murió víctima del coronavirus (Covid-19) en Aguascalientes. Era originaria de la comunidad de Calpanapa, en el municipio de Cochoapa el Grande, en la región Montaña de Guerrero.

La muerte de la pequeña no está registrada en las cifras oficiales de la pandemia, ya que su familia no alcanzó a llevarla al Registro Civil, porque desde su primer mes de vida estuvo internada en hospital.

La familia, conformada por sus abuelos, sus tíos junto con su papá, un joven de 21 años, y su madre, de 16, decidieron migrar de Guerrero a Aguascalientes, para buscar trabajo en un campo agrícola. Son la familia Hilario Encarnación.

Apenas pasaron unos días, cuando la niña comenzó a presentar fiebre y complicaciones respiratorias. Sus padres decidieron llevarla al hospital. Le realizaron pruebas: el diagnóstico fue positivo a Covid-19. La hospitalizaron.

Mientras los días pasaban, la situación comenzó a complicarse: la bebé por momentos presentó mejoras, alguna vez la dieron de alta, pero los síntomas volvieron y fue internada de nuevo. La mamá y el papá tuvieron que dejar de trabajar. Se quedaron sin dinero. Sobrevivieron por el apoyo de los otros integrantes de la familia que continuaron trabajando en los campos. Estiraron el dinero para que alcanzara para todo: para comer, para los traslados, para que los papás se mantuvieran atentos afuera del hospital.

Esta lucha terminó a las dos de la mañana del 12 de agosto. La niña murió. Los médicos informaron a los papás que fue por insuficiencia respiratoria. Esa misma madrugada, comenzaron a pedir ayuda para el regreso a su pueblo, Calpanapa. Los papás recibieron el apoyo de varias organizaciones civiles, del dueño del campo agrícola y de la funeraria.

El traslado fue rápido, el 13 de agosto fue sepultada en Calpanapa. Toda la familia regresó. Ahora esperan que termine el novenario y organizar otras cosas para volver a migrar, a huir.

La primera escala será otra vez Aguascalientes. Tienen un pendiente: registrar a la niña y tramitar su acta de defunción.

Esta historia la documentó Paulino Rodríguez, quien es el encargado del área de migrantes del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan.