Ciudad de México.- México es uno de los países líderes en América Latina en el desarrollo de la economía colaborativa, donde por medio de plataformas tecnologías se conectan demanda y oferta, de acuerdo con el estudio Economía Colaborativa en América Latina.

El documento, financiado por el Fondo Multilateral de Inversiones, miembro de Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y elaborado por IE Business School, indica que el país mantendrá un papel relevante en la adopción de este modelo.

Después de Brasil (que encabeza la región por número de iniciativas de economía colaborativa, con 32 por ciento), México se coloca en segunda posición junto con Argentina, con 13 por ciento.

El profesor de la IE Business School, Ricardo Pérez Garrido, precisó que en particular México tiene la peculiaridad de que los sectores que encabezan las iniciativas de economía colaborativa son transporte y servicios financieros.

El documento destaca que en la actualidad México parece moverse por imitación a los demás mercados en cuanto a que el transporte es el área clave, pero la actividad empresarial hace que lo financiero sea relevante en el mercado.

"Será interesante ver qué tan rápido crecen las iniciativas locales frente a la opción de entrada muy fuerte de competidores de Estados Unidos", indica.

En el país, en economía colaborativa, el transporte alcanza 45 por ciento, servicios financieros 18 por ciento, servicios a empresas 12 por ciento, préstamos entre personas 9.0 por ciento, o lo mismo comida y bebida y educación.

El académico, quien dirige el Programa Master en Gestión y Negocio Digital en IE Business School, destacó que este modelo económico tiene un alto potencial, porque permite un rápido crecimiento de las iniciativas, así como por ser generador de empleo.

No obstante, las principales limitantes del crecimiento de la economía colaborativa, en general, es el desconocimiento del tipo de negocio (60 por ciento), además de la falta de financiamiento (43 por ciento) y desconfianza de los clientes (42 por ciento).

Otros elementos que limitan este esquema son la regulación (23 por ciento), acceso a tecnologías por parte de los clientes (20 por ciento) y acceso a sistemas de pago por los clientes (17 por ciento), entre otros.

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