Marcelo Odebrecht y Otávio Márques de Azevedo, los dos más ricos y poderosos empresarios constructores de Brasil, se veían desprotegidos física y anímicamente, escoltados por agentes de la Policía Federal al llegar al juzgado de Curitiba, al que volvió el juez Sergio Moro después de sus vacaciones en Estados Unidos.

El joven magistrado de 42 años de edad, responsable de dirigir la investigación conocida como Operación Lava Jato relacionada con los sobornos multimillonarios de empresarios a exfuncionarios de Petrobras, retomó una parte importante de su rutina.

Ésta, en los últimos meses, ha consistido en mandar encarcelar a personajes de alto porte económico, moviendo más de lo habitual las noticias cotidianas del escenario político brasileño mediante apenas una docena de firmas que alcanzaron a las empresas Odebrecht y Andrade Gutierrez, presididas por ambos ejecutivos.

En 52 páginas, el juez de ese estado del sur del país mandó detener a doce personas, entre ellas a Marcelo Odebrecht y a su director de relaciones institucionales, Alexandrino Alencar, ambos con cercanía al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y a la presidenta Dilma Rousseff.

El primero jamás negó esos nexos políticos y amistosos, reconocido donador de recursos para las campañas electorales del Partido de los Trabajadores (PT) fundado por Lula da Silva en febrero de 1980, y entusiasta empresario apoyador de la actual política exterior brasileña, en tanto Alencar había sido el encargado de buscar al exmandatario para hacerlo partícipe de conferencias en el interior y exterior del país.

Desde noviembre de 2014, cuando una veintena de empresarios constructores fueron detenidos en el marco de la operación dirigida por el juez Moro, los investigadores federales esperaban el momento en que apareciera implicado en el esquema corrupto alguno de los ejecutivos de Odebrecht.

Cuatro de ellos llegaron después de que tres reos confesos presentaran pruebas de su envolvimiento, e incluso algunos de los más importantes jefes de la empresa decían que la “falsa tesis de cartel” de la que eran acusados no venía al caso, sin que estuvieran incriminados en el esquema delictivo.

Sin embargo, ya esperaban la oportunidad de que la Policía Federal invadiera sus casas u oficinas en algún día viernes, y los llevaría a alguna agencia del ministerio público, esposados de las manos como se acostumbra en Brasil, ejecutando en términos prácticos acciones mediáticas el primer día del fin de semana para dificultar la liberación inmediata de los investigados.

Sábados y domingos la justicia brasileña no actúa y solamente funciona el sistema de “guardias” para casos urgentes; pero la Operación Lava Jato puso en acción a sus agentes en un temido viernes, el 19 de junio, sin que los indiciados ofrecieran resistencia.

36Conforme la decisión de Moro, Marcelo Odebrecht fue detenido por dos razones: dirigir una empresa que, según el juez, hace más de diez años corrompe políticos, y por haber sido formalmente advertido por uno de sus colaboradores de que era necesario pagar un sobreprecio por la exploración de sondas para Petrobras.

“Considerando la duración del esquema de corrupción, por lo menos desde 2004, la dimensión billonaria de los contratos obtenidos con los ilícitos junto a Petrobras, y el valor millonario de las propinas pagadas a los directivos de esa empresa, parece inviable que esos delitos fuesen desconocidos de los presidentes de los consorcios, Marcelo Bahía Odebrecht y Otávio Márques de Azevedo”, afirmó el juez Moro, refiriéndose a los ejecutivos de las dos mayores empresas constructoras de Brasil.