*Varias madres sólo viven con la ilusión de volver a ver a sus vástagos, ya que no reciben ni una tarjeta para felicitarlas en este día

 

Después de haber trabajado durante más de 35 años como empleada de un hotel de la Zona Diamante de Acapulco, con un salario mínimo que le obligaba a doblar, y en ocasiones quedarse las 24 horas, para lograr un ingreso extra que le permitiera mantener a sus tres hijos y darles una carrera para que no padecieran el sufrimiento que ella tuvo, Fabiola Hernández Torres narra con lágrimas en los ojos que sus hijos ni siquiera le mandan una tarjeta de felicitación en este día especial, a quienes tuvo que sacar adelante sola.

“Mi esposo desgraciadamente fue en busca del sueño americano, un día salió de la casa y me dejó sola con mis tres hijos (dos mujeres y un varón) y me juró que en poco tiempo mandaría por nosotros, pero nunca volvió, por lo que no me quedó de otra que ponerme a trabajar para darle estudio a mis hijos: una es enfermera, la mayor se recibió de contadora y el más chico es ingeniero, pero nadie se acuerda de mí”, lamentó.

Mientras unas madres celebraban en compañía de sus hijos con regalos e incluso fiestas, otras pasan este 10 de mayo como un día desapercibido, olvidadas, abandonadas por las personas a las que dieron vida. Esta es la vida de varias madres que llegan a la Casa de Día Rosita Salas, de Ciudad Renacimiento, donde los empleados intentan suplir el calor y cariño de un hijo, para las viejitas que pasan el día haciendo diversas actividades, pero pese a los esfuerzos del personal, no pudieron alegrarlas mucho.

Hortencia González Ortiz manifestó que sus familiares rara vez la visitan, aunque ella los extraña mucho: “yo no pido que me regalen nada, sólo me gustaría que de vez en cuando me buscaran para platicar un rato, saber cómo están, qué les ha pasado y si les puedo dar un buen consejo para que no cometan los errores que yo tuve, me sentiría muy feliz, pero hasta ahora, ya tiene más de ocho meses que no sé nada de ellos”.

Es triste acudir a la Casa de Día Rosita Salas y observar cómo las mamás se encuentran abandonadas por sus hijos, quienes no tienen el detalle de visitarlas, ni siquiera de regalarles una flor o una simple tarjeta de felicitación por este día tan especial, aunque ellas, que ahora añoran un poco de cariño y amor, antes se desvivieron por atenderlos; gastaron sus mejores años por darles las armas para sobrevivir en la vida y se rompieron el alma para que sus nietos hoy disfruten de un porvenir abundante y sin las carencias que ellas padecieron.