OPINIÓN

CDMX.- Antes del viaje a Washington la discusión pública se dividía entre los que estaban a favor y los que no. Pero tras la captura en Florida del ex gobernador de Chihuahua, César Duarte, prófugo desde 2017, los discursos cambiaron de rumbo.

Lo que cambió, es algo más profundo que el rumbo de la discusión pública.

La noticia de que el exgobernador de Chihuahua estaba bajo custodia de las autoridades en Miami, cimbró a la clase política que se benefició de los fraudes y negocios millonarios que crecieron al amparo del poder, durante muchos años.

También actuó como tapabocas a los que habían dedicado mucho tiempo y esfuerzo en desacreditar la visita oficial de AMLO al país vecino, justo en tiempo de elecciones. Cambió el rumbo del discurso.

La captura de César Duarte involucra a priístas encumbrados, pero también están ligados a panistas que colaboraron en una amplia red de corrupción y delitos de diversa índole, entre éstos, delitos electorales y desvíos millonarios de recursos públicos.

Javier Corral publicó un video donde agradece la voluntad política de López Obrador y de su gobierno para conseguir la captura del ex gobernado, quien vivía en EU y se paseaba en total libertad por diferentes zonas residenciales, al que se le ha demostrado un desvío de casi 100 mil millones de pesos de las arcas del Estado de Chihuahua.

La Operación Justicia para Chihuahua, emprendida hace 3 años por Corral, ha provocado acciones penales contra 39 personas entre exfuncionarios públicos y empresarios y 16 sentencias condenatorias, además de la recuperación de 500 millones de pesos robados del erario estatal. Pero quien encabezaba la sinuosa red de corrupción y asociación delictuosa, era César Duarte.

Adicional a esta captura e inminente extradición, desde España se espera la llegada de Lozoya Austin, ex director de Pemex, ligado a otra red de corrupción íntimamente relacionada a delitos electorales y al escándalo de Odebrecht.

Lo más relevante de esta captura es que Lozoya llega con la intención de colaborar con la justicia mexicana y dispuesto a ofrecer información y pruebas que conducirán, irremediablemente, a desentrañar complejas redes de corrupción tejidas en las más altas esferas de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Ante estos hechos que presagian capturas y juicios contra políticos de cepa, durante muchos años a cargo de los asuntos más relevantes de nuestro país. Y con un poco de suerte, el desmantelamiento y exhibición de las redes de corrupción cuidadosamente tejidas y protegidas durante décadas y algunas de las cuales, aún se encuentran activas en diversas instituciones.

Para fines electorales, se antoja complicado si no imposible, que el PAN y el PRI puedan remontar en los siguientes 11 meses el desprestigio y el estigma de corrupción y nepotismo que próximamente serán exhibidos ante los ojos de los ciudadanos, medios de comunicación y de la comunidad internacional.

Para esa oposición desarticulada y colérica, que no ha dudado en explotar los más deleznables métodos para desacreditar al gobierno de la 4T, que ha demostrado su talante intolerante y falaz en su afán de debilitar el gobierno de AMLO, tienen ante sí el enorme reto de remontar un futuro inquietante, que atenta directamente contra su supervivencia política.

No cabe duda que el tiempo pone las cosas en su justo lugar. Para aquellos que durante dos años han sostenido que la victoria de AMLO no fue por el voto a favor de su causa, sino en contra de los anteriores regímenes, están a punto de comprobar qué tan profundo es el rechazo de los mexicanos a la corrupción y a los abusos del poder.