Chilpancingo, Guerrero.- Son apenas las siete de la mañana cuando un reporte policial alerta sobre un hecho de violencia al norte de Chilpancingo, justo donde un día antes dos hombres fueron arrojados muertos. Así es la rutina de la capital guerrerense.

El reporte es afirmativo y se inician los procesos de ley, que en el caso de las Policías Estatal y Municipal parece solamente limitarse a acordonar el área, buscar conservar la escena y luego volver a patrullajes que no contrarrestan los altos niveles de inseguridad que perciben los chilpancingueños.

Al lugar del crimen arriba una familia y con desesperación busca conocer la identidad del cadáver, que se encuentra envuelto en una sábana; al fin logran acceder al cerco de seguridad y la desesperación se convierte en llanto al saber que se trata de un integrante de su familia.

¿Los motivos? No se conocen. Y posiblemente no se conocerán. Es el destino de cada carpeta de investigación que a diario son abiertas en la Fiscalía General del Estado por el delito de homicidios dolosos.

Sin embargo, el reclamo de la dolida familia es válido, y es que, no sólo se trató de un asesinado más, sino de una víctima que un día antes fue sacada con total impunidad de su casa en la colonia El Tomatal, al oriente de Chilpancingo, frente a decenas de personas, sin que algun policía haya intervenido para impedir el acto y dar con los responsables.

[caption id="attachment_303631" align="alignnone" width="1055"]milis milis[/caption]

En la capital de Guerrero, contrario a lo que se puede llegar a creer, existen actuaciones rápidas de policías, tan sólo basta recordar el asesinato el policía ministerial, David Urquizo. No pasaron más de 30 minutos de su muerte cuando sus atacantes fueron detenidos y algunos de ellos abatidos al norte de la ciudad.

El día transcurre con constante presencia policiaca, sobre todo en la parte céntrica de Chilpancingo y todo parece normal hasta la 1:30 de la tarde cuando un nuevo reporte de violencia moviliza a corporaciones de seguridad.

Policías municipales y reporteros son los primeros en hacer acto de presencia en la colonia Los Ángeles, el lugar del crimen es fácil de ubicar pues hay niños abrazando a sus padres y estudiantes de secundaria en las esquinas viendo la escena de violencia.

La nueva víctima es un trabajador de la empresa de seguridad privada Jobamex y, según testigos, el hombre fue perseguido varios metros hasta que le dieron alcance y lo asesinaron.

Negocios en el lugar cierran sus puertas, curiosos son retirados de la zona y nuevamente inicia la labor de acordonamiento de la escena del crimen. Cualquier zona en Chilpancingo es un lugar difícil para caminar.

Tan solo en el centro de Chilpancingo se han registrado desde asaltos hasta robos de vehículos, a pesar de la existencia de cámaras de seguridad y vigilancia por parte de la Policía Municipal en esta zona.

No resulta extraño que Chilpancingo se haya colocado como la segunda ciudad del país con mayor percepción de inseguridad, de acuerdos con cifras de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI.

La respuesta de la autoridad local, sobre culpar a medios de información por la violencia, forma parte de una acción desesperada del perredista Antonio Gaspar Beltrán por hacer creer que las cosas marchan bien en la capital del estado que vive entre balaceras, asesinatos, desapariciones de mujeres y otros crímenes que laceran a la comunidad.