México.- Cientos de científicos están a punto de llegar al océano helado del Polo Norte – un ambicioso esfuerzo por entender las consecuencias del cambio climático en la parte del mundo que se calienta más rápido.

Este esfuerzo comienza el viernes, cuando el rompehielos alemán RV Polarstern zarpará del puerto noruego de Torso con montones de investigadores y cientos de toneladas de equipos científicos a bordo. Como el oscuro invierno cae sobre el Ártico, los aventureros podrán dejar que el océano se congele alrededor de la embarcación, atrapándolos. The Polarster estará los siguiente 12 meses lentamente a la deriva a través del Polo mientras los científicos recolectan observaciones relevantes en el agua, hielo y aire y de los habitantes vivos del lugar, hasta que por fin el verano comience a liberar el barco del hielo.

El Observatorio Multidisciplinario a la deriva para el Estudio del Clima Ártico (MOSAiC por sus siglas en inglés) está en el proyecto de investigación más largo de la historia y uno de los esfuerzos más grandes de la humanidad para entender como el derretimiento del Polo afecta al resto del planeta.

Después de una década de desarrollo, el proyecto cuesta al menos 134 millones de dólares, sus miembros vienen de 60 instituciones en 17 ciudades y es dirigido por el Instituto Alfred Wegener de Alemania.

Poco después de la partida, los coordinadores del proyecto se enfrentaron con una decisión crucial: ¿A qué témpano de hielo deben ligar sus destinos? Si se desvían demasiado en cualquier dirección, el Polarstern podría terminar fuera del alcance de los rescatistas de emergencia o en aguas donde el gobierno ruso prohíbe recolectar datos científicos.

Basados en registros históricos, los oceanógrafos han desarrollado sofisticados modelos para comprender hacia donde viajará un trozo de hielo en determinada época del año. Pero en el pasado, las predicciones sobre el ártico no han tenido buenos resultados y en el verano el océano congelado de Ártico cayó en los niveles más bajos históricamente.

Una vez atados al témpano seleccionado, los científicos construirán una gigantesca y flotante estación de investigación alrededor del barco. Cada división de investigación tendrá su propia "ciudad" en el hielo conectadas por medio de pasarelas de madera diseñadas para que ningún meteorólogo tropiece accidental y altere los resultados. A través de motos de nieve y helicópteros, los científicos podrán aventurarse más en el hielo – pero siempre bajo la supervisión de un guardia armado entrenado para protegerse de los osos polares.

Muchos de los investigadores vivirán y trabajarán al mismo tiempo a bordo del Polarstern por dos meses, luego cambiarán con el siguiente equipo, como participantes de una gigantesca carrera intelectual de relevos. Teóricamente el único contacto con el resto del mundo que tendrán son los barcos y aeronaves programadas para llegar al final de cada tramo – cuando las tormentas de invierno y los mares tormentosos – intercambiarán pasajeros y reabastecerán los suministros de comida y combustible.

"Es como un sentimiento navideño para todos nosotros", dijo Don Perovich, un geofísico de Dartmount, co-líder de las investigaciones del proyecto en hielo marino. "Es increíble pensar lo que vamos a ver durante el próximo año".

La cabeza de la expedición, Markus Rex, llama al Ártico "El epicentro del calentamiento global". Ninguna parte de la tierra cambia tan rápido como ahí, donde las temperaturas se estiman en 4.5 grados Fahrengeit más altas que en los últimos 150 años.

Pero el profundo frío y la impenetrable oscuridad del Ártico central hace casi imposible estudiar este lugar durante el invierno; los aviones no pueden volar, e incluso los rompehielos más fuertes no pueden atravesar los mares congelados. A la deriva con el hielo, como el Polarstern lo hará, es la única forma de llegar a esa parte remota del planeta en su temporada de más difícil acceso. Pero expediciones transpolares exitosas solo se han logrado en dos ocasiones, y nunca fue por un buque moderno de investigación.

Ahora, por primera vez, los científicos tendrán la oportunidad de ver con el mar abierto se congela blanco y quieto, mientras el sol se oculta en el horizonte y permanece ahí en lo que la vida se calma y mientras las auroras bailan. Estarán ahí para presenciar el momento en el que regrese la luz, cuando los días se alargues y los animales y plantas comiencen a florecer en las aguas cada vez más abiertas. Podrán realizar seguimiento de la transformación del Ártico con el paso de las estaciones y dar cuenta de los procesos a pequeña escala que tienen dramáticas consecuencias a gran escala.

"Es como pasar años leyendo un capítulo aleatorio de un libro, tratando de descifrar lo que está pasando", dijo Perovich. "En este caso, estaremos desde la página uno hasta la página final".