OPINIÓN

Ciudad de México.- Al fin se llegó el momento de hablar de discriminación y clasi-racismo pública y abiertamente.

Me parece sensato que Mauricio Merino y Katia D´Artigues renuncien al consejo consultivo y a todos los consejos a los que pertenecen al interior de Conapred, una institución gubernamental que se equivocó al incluir a un influencer sexista, clasista, racista, misógino y machista a formar parte de una charla que, para empezar y de manera asombrosa, titula el evento como interrogante, al preguntarse si en México existe el clasismo y/o racismo.

Sí, sí lo hay y mucho, en todos los rincones de México. Si aún lo dudan, basta leer un par de minutos comentarios en redes sociales para comprobarlo y, por añadidura, corroborar que Chumel Torres es uno de los más notables clasi-racistas que no se conforma con hacer “bromas” sobre los rasgos indígenas de Yalitza Aparicio, sino que arremete contra el hijo menor de edad del presidente y le pone un mote con objeto de ridiculizarlo públicamente.

Para Chumel, hacer escarnio sobre el color de la piel, la gente pobre, los niños y las mujeres, es material ordinario. Esas son las características que conforman su discurso.

México es un país de libertades, por eso Chumel mantuvo su programa en HBO, sus seguidores no son perseguidos, nadie le censuró, no se le acosa ni se cancelaron sus cuentas de redes sociales.

Pero cuando un órgano del Estado lo llama para participar en un programa, la cosa cambia. Básicamente cambia porque es el Estado quien le está abriendo las puertas al discurso de odio y discriminación que pregona Torres. Lo eleva, lo difunde, lo consagra como un medio para alcanzar notoriedad, fama, seguidores.

El mensaje que envió la Conapred fue en un problema, ya que personajes de la calaña de Torres son quienes, de manera consuetudinaria, atentan contra la inclusión social y la igualdad que el organismo está obligado a promover y defender.

Me parece muy bien que se hayan organizado posteriormente para llevarlo a un foro diferente, que el debate se dé, que el intercambio de ideas fluya. Así es como debió ser desde hace mucho tiempo.

Para quienes frecuentan redes sociales saben que la confrontación entre Tenoch Huerta y Torres no es nueva, pero para quienes no tienen ni idea de quiénes son los personajes que protagonizan este episodio de la vida pública de México, el programa subido a Youtube lo democratiza y lo pone al alcance de más gente.

No me queda claro en qué preciso momento de todos los acontecimientos sucedidos la semana pasada, la cadena HBO suspendió hasta nuevo aviso el programa del señor Torres. Pero a nadie sorprende que una marca como HBO evite estar asociada con discursos de odio y discriminación.

Para los que dicen que Beatriz Gutiérrez Müller, en su calidad de esposa del presidente, propició el escarnio social generado contra el señor Torres, no entienden nada.

Primero, porque el discurso de odio, la ridiculización y las humillaciones son doblemente despreciables si con ellas se ataca a un niño.

En segundo plano, una madre tiene el derecho a defender a sus hijos menores de edad bajo cualquier circunstancia. Y como en este caso el agravio contra su hijo fue de carácter público, de la misma manera ella exigió una disculpa.

Y tal vez es ahí donde radica la ruptura: cuando los que usan ese discurso discrimatorio y ofensivo se niegan a dar marcha atrás, a disculparse, básicamente porque lo dicen es verdad.

Creen que atacar a un moreno o a un pobre, por el hecho de que lo sean, los pone en posición de desventaja. Como no es falso que lo sean, creen que al enunciarlo no se comente ningún agravio.

El repudio social mostrado contra Chumel Torres es una muestra más de que México avanza, a pesar de sus circunstancias.