Ciudad de México.-En las últimas semanas los odontólogos en Estados Unidos han comenzado a explicar al público las medidas de seguridad de los consultorios, que permitirán volver al cuidado preventivo y rutinario, como las limpiezas, a muchas personas que lo suspendieron por la pandemia de COVID-19. Como en todas partes, el personal suele estar separado del público por un panel acrílico y se solicita que todos los visitantes mantengan la distancia social y usen máscaras. Sin embargo, mucha gente teme al ámbito del consultorio porque es un sitio donde, en algún punto, es necesario quitarse el barbijo y abrir la boca.

“Nosotros, lamentablemente, trabajamos en un área peligrosa”, dijo Mark Wolff, decano de la Escuela de Odontología de la Universidad de Pensilvania, a National Geographic. No obstante, con las precauciones adecuadas los dentistas argumentan que el riesgo de contagio del SARS-CoV-2 es mínimo, mientras que postergar el cuidado de la salud bucal sigue presentando los mismos graves problemas de siempre.

En marzo, la Asociación Dental Nacional (ADA) de los Estados Unidos recomendó a los profesionales que limitaran al máximo posible el cuidado que no fuera de emergencia, para evitar la diseminación del nuevo coronavirus; en particular porque el patógeno se puede transmitir en los aerosoles que se liberal al trabajar con tornos y limpiadores ultrasónicos. Pero desde mayo la ADA fijó lineamientos, junto con el Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC), para que la atención rutinaria se pudiera retomar. “Nos ocupamos de todo lo que sea seguro para los pacientes”, dijo el presidente de la asociación, Chad Gehani.

“La respuesta general es sí”, señaló NatGeo. “Demorar el cuidado dental presenta riesgos considerables para la salud de largo plazo”, argumentó Gehani. Por un lado, cuestiones sin gravedad, como la caída del material con que se reparó una caries, pueden empeorar gravemente si se las ignora. Por otro lado, las limpiezas son tan sencillas como vitales: existe un vínculo comprobado entre la salud de las encías y la diabetes, y también una conexión con la enfermedad cardíaca.

Durante la larga reclusión del COVID-19 muchas veces la dieta cambió para peor, con un aumento del consumo de alimentos que dañan los dientes, como los dulces o las bebidas carbonatadas. La dentista Jessica Hill lo ha visto en su consultorio, dijo a la revista: “Claro que notamos una diferencia. Las bocas de las personas están más sucias y nos lleva un poco más limpiarlas”.

Las consecuencias de demorar el cuidado de la salud bucal hasta que haya una solución a la pandemia es el temor principal de los odontólogos: “Como no hay final a la vista, la gente va a seguir esperando, y cuando regresen al consultorio van a tener muchos más problemas”, agregó HIll.

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Desde la entrada misma, donde se ven dos contenedores para los bolígrafos con que los pacientes llenan los documentos necesarios, uno con los desinfectados y otro con los usados, la escena del consultorio odontológico es diferente. Por sugerencia de la ADA y el CDC, todos los pacientes deben responder a un cuestionario antes de ingresar, que incluye preguntas generales sobre su salud y también cuestiones como la aparición de tos o fiebre en los últimos días o el contacto potencial con personas infectadas de COVID-19.

“Para limitar los peligros en el consultorio, los dentistas atienden a menos pacientes y les solicitan que ingresen solos”, siguió NatGeo. Poco después de entrar a la sala, una enfermera toma la temperatura. En la recepción, hay menos sillas para esperar que antes, y están ubicadas para cumplir con la distancia social. “Alguna vez el consultorio de Gehani tuvo 14 sillas en la sala de espera. Ahora hay solo cuatro: una en cada esquina. Y todo el mundo, tanto como el personal como los pacientes, debe usar máscaras”.

Ni siquiera el profesional luce como antes: llevan varias capas de equipo de protección personal, incluidas las máscaras N95, que no sólo reducen los aerosoles que los dentistas pueden aspirar sino que también limitan los que ellos podrían emitir. La conversación —en buena parte monólogo— que se solía tener con los pacientes ya no sucede: Gehani dijo que la ha suspendido para minimizar sus aerosoles. Por encima de las máscaras, los dentistas usan escudos faciales transparentes a fin de prevenir que alguna microgota de saliva o de sangre les llegue a los ojos.

¿Cómo han cambiado los procedimientos odontológicos?

No es la primera vez que una enfermedad ha cambiado la consulta dental, recordó NatGeo: “Muchas medidas, como un uso regular de guantes y máscaras, comenzó durante la pandemia de VIH/sida en la década de 1980”. Actualmente “sólo estamos redoblando nuestros esfuerzos por asegurarnos de que aplicamos las normativas adecuadas de control de infecciones”, dijo Gehani.

Entre las novedades se cuenta el enjuague previo a los procedimientos, que se realiza con una mezcla de agua oxigenada o iodo, que elimina mucha de la población de microbios que habitan la boca y la parte superior de la garganta, a fin de reducir la cantidad potencial de copias de SARS-CoV-2 que se pueden emitir durante la visita. “Actualmente no hay prueba científica de que esto lo logre, pero no es un hábito malo”, agregó el presidente de la ADA.