Ciudad de México.-Podemos mejorar nuestro sistema inmunitario modificando el estilo de vida desde el minuto uno. Lo confirma la doctora África González Fernández, catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo y presidenta de la Sociedad Española de Inmunología.

“Si cuidamos aspectos como la alimentación, el ejercicio o la higiene, los efectos beneficiosos sobre el sistema inmune pueden ser inmediatos y notarlos en pocos días o semanas”, explica la catedrática.

Tener unas defensas altas es importante, ya que “se encargan de defendernos de patógenos, realizan una vigilancia antitumoral y responden frente a señales de peligro”. De ahí que sea clave saber qué señales envía el cuerpo cuando su sistema inmune empieza a flaquear: “Infecciones frecuentes (respiratorias, por hongos...), cansancio, falta de sueño, palidez, apatía...”, enumera la doctora González.

El doctor Miguel Martín Almendros, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y miembro de la junta directiva de Infito, Centro de Investigación sobre Fitoterapia, insiste en que “el 80% de nuestro sistema inmunitario está en el intestino, por eso es tan importante la salud de la microbiota y su equilibrio respecto a la mucosa intestinal.

Por fin comenzamos a reconocer que no se trata simplemente de una serie de bacterias curiosas que se parecen a las de los yogures, sino que es un órgano en sí mismo”. Su consejo: “Alimentación y alimentación. Optar por productos de proximidad y de temporada, con máxima concentración en fitonutrientes. Y evitar el azúcar refinada. Es un auténtico fertilizante para patógenos, hongos y levaduras del sistema intestinal”.

Nos conviene tratar bien a nuestra microbiota. Gracias a la investigación en otros brotes de coronavirus (sobre todo a partir del Sars-Cov que causó en 2003 la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave, SARS, en los países del sudeste asiático), los científicos están conectando hoy el Cov-19 con el tracto gastrointestinal.

Durante aquella crisis, se encontró la misma enzima en las vías respiratorias e intestinales, y se planteó la existencia de un eje intestino-pulmón similar al mucho más conocido eje intestino-cerebro. Así, los famosos probióticos no solo mejorarían el funcionamiento digestivo, sino que podrían proteger el aparato respiratorio.