Lamento contrariarla,
pero yo no la recuerdo

José José

¿Quién es usted? Yo no la recuerdo,

Será que su traición le clausuró ya la memoria al corazón

Sergio Vega

Paul Medrano.

36 Toneladas ¿cuánto pesa una sentencia de muerte? consiste en una historia fragmentada sobre el intento de un hombre por recuperar su memoria, y quizá, su vida.

Contado en varios tipos de voces narrativas, la acapulqueña Iris García desarrolla este thriller situado en Guerrero y plagado de referencias entrañables: recovecos tropicales, canciones sureñas y modismos de su lenguaje.

Aunque esta novela ha sido situada dentro de la narcoliteratura por el móvil central, en realidad, es uno de los mejores ejemplos del género negro en México. Motivo por el cual, Iris García ha recibido buenas críticas dentro y fuera del país.

Hace unos 75 años, cuando la novela policiaca reinaba en el planeta, un par de gringos cabrones llamados Raymond Chandler y Dashiell Hammett comenzaron a escribir de otra manera sus historias de policías y ladrones. Sus escritos trataban de crímenes reales, sitios reales e investigadores reales que usaban métodos científicos. Al hacer eso, crearon un nuevo género novelístico: la historia sombría, realística, sin endulzar y verídica del crimen. Sus cuentos resultaban bellos muy pocas veces, pero siempre eran creíbles; atemorizadores, pero nunca tontos.

En el primer número de Manhunt, pionera del género, publicó en su editorial: “Esta revista no es para cursis ni románticos. No queremos sentimentalismos, ni embellecimientos. Nuestras historias buscan el porqué se comete el homicidio y cómo se comete; también quién lo hizo y solicitamos a nuestros autores que sean endiabladamente rudos y realistas”.

A esta nueva manera de escribir se le llamó género negro y cambió para siempre la manera de hacer historias de crímenes. Cualquier libro, película, serie, videojuego, o hasta muchas de las telenovelas de la actualidad están influidas por ese par de gringos.

Y así es 36 toneladas.

A cada rato escuchamos noticias de grandes decomisos de droga por aquí y acullá. Pero así como sabemos de esos tristes reportes, así se nos olvidan. Nunca nos detenemos a imaginar cómo fue que ocurrió el decomiso. Quiénes participaron. Por qué ocurrió y lo más importante: qué pasará con esa droga.

Iris se tomó el tiempo de imaginarlo y con ello, homenajear a ese par de gringos mentados.

36 toneladasestá muy cerca de pelis como The wire o Juegos, trampas y dos armas humeantes. Porque lo que hace Iris surge del crudo realismo cotidiano debido asu formación periodística; pero también tiene sus orígenesen la tradición más clásica del género negro, por la trayectoria académica y literaria de esta guerrerense.

Veamos 36 toneladas como una película.

La primera escena de la novela es filuda: Un hombre despierta en el hospital y no sabe cómo se llama. No sabe nada de su vida. Tampoco conoce a nadie, sin embargo, un tipo de lentes entra en escena y empieza a decirle: “Pinche Roberto Santos. No te hagas güey. Te clavaste la lana de un decomiso grande de cocaína. Lo que le tocaba al procurador Mendiola y al mayor Domínguez”.

Conforme avanza la historia, conocemos que no se trata de cualquier decomiso de caspa del diablo. No. Se trata de 36 toneladas de cocaína. No sé si puedan imaginarse tal cantidad de droga, ni su equivalente en dinero. Lo que sí sé, es cualquier montón de pluma de garza, cualquier bodega llena de dinero, no le llegará ni a los talones a lo que en realidad son 36 toneladas de clorhidrato de cocaína.

Y esto es precisamente lo que origina que funcionarios de alto rango y narcos de mucha fama entren en la historia, para saber dónde diablos quedó la droga.

De ese modo, comienza una loca carrera de Roberto Santos para saber su identidad, su pasado y el destino del decomiso, sin que lo manden a acompañar a Amy Winehouse al otro mundo. Incluso, conforme avanza la novela, se vislumbra la posibilidad de que Roberto Santos comience una nueva vida con una mujer que parece reconocerlo.

Escenas de cachondeo, de balazos y persecuciones en coche, le dan la garra suficiente a la novela, como para no soltarla hasta que la terminen y esperen, como esperamos muchos, la siguiente producción de esta singular acapulqueña, que ha seguido los pasos de lo que un día hicieron ese par de gringos cabrones.