Chilpancingo, Guerrero.- En el iglesia del pueblo, el joven padrecito con acento norteño ofició una misa de acción de gracias por el santo de don Cus, quien cumplió 100 años de vida. 

En el día de su cumpleaños, el calor sofocante inundó las calles angostas del pequeño poblado, al igual que su familia, compuesto por un número incalculable de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. 

Un cumpleaños de este tipo ameritó una fiesta con comida, bebida y música en vivo hasta pasada la noche, pero de acuerdo a las personas de antes, todo inicia por dar gracias a Dios por la vida y las bendiciones.

Y ahí estaba don Cus, en la iglesia de tipo medio cilindro, ante la mirada vigilante de los cuadros de San David Uribe y San Margarito Flores García, ambos mártires guerrerenses asesinados cuando el del cumpleaños tenía apenas ocho años, en el año de 1927.

Ahora es un hombre de cabellos y bigote, a lo morsa, más blancos que la nieve. Camina al igual que un joven, con suma tranquilidad. Nadie sabe qué tan buena es su vista, aunque sus ojos muestran una mirada cansada, con indicios de cataratas, y un iris que pierde su color oscuro.

Cien años después de su nacimiento, ha perdido a dos de sus hijos y la audición. 

Las personas que lo miran, mencionan que en sus tiempos, don Cus debió haber sido un hombre alto, por su postura recta y andado macizo. Otros piensan que no tiene tantos años, por su visible buena salud.

Por el día y motivo de la ceremonia, el cura se refiere al festejado con unos versículos de la palabra de Dios. A los presentes les recuerda uno de los diez mandamientos, narrado en el libro del Éxodo. 

“Honrarás a tu padre y a tu madre”, un mandamiento que parece estar acorde a la fecha. 

Otra atinada frase que podía haber encajado con el día, pudo haber sido una contenida en la novela de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez:

"El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad".

El agua bendita que le rosearon al finalizar la ceremonia, fue en esencia la misma que le cayó en la cabeza en sus primeros días de nacido, cuando sus padres lo llevaron a bautizar.