México, Opinión.- Hace varios meses les dije que AMLO era un presidente sin partido. El tiempo nos ha dado la razón.

El ADN de Morena es plural y tribal. Tal como sucediera con el casi extinto PRD, las guerras intestinas amenazan con llevar al partido a una muerte prematura.

La lucha por la dirigencia del partido ha vuelto reales todas y cada una de las amenazas de tener un padrón descuidado y variopinto.

Los grupos se alzan unos contra otros y hacen ostentación de sus costos de poder e influencia, los cuales protegen y cuidan sin importar el costo, lo que sin duda atenta contra la unidad del partido.

Morena es gobierno, pero también es partido. Los 30 millones de votos fueron para AMLO y una inercia expansiva consiguió el resto. Morena es el partido en el poder y lejos de consolidar su poderosa maquinaria, pareciera estar condenada al canibalismo.

El enemigo de Morena son sus militantes y la sintomática naturaleza subversiva de guerrear por todo, aunque no se gane nada. Políticamente los somete a la inacción, a la inmovilidad.

El sectarismo, los viejos vicios y la grilla, la falta de transparencia y la ambición han imposibilitado el concenso necesario para la elección de la dirigencia, con lo que han conseguido la intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y su resolución, donde se establece la encuesta como mecanismo para elegir a la nueva dirigencia.

“Se vuelve urgente tener una discusión sin adjetivos ni acentuando diferencias personales. Se necesita una discusión programática, estratégica y autocrítica; definir nuestra plataforma electoral, garantizar procesos transparentes, con candidatos y candidatas leales a nuestro proyecto y no a intereses creados”, establecieron.

Pero al parecer se trata de semántica, impecable al igual que los discursos, pero inviable mientras no sean capaces de plegarse con disciplina a los estatutos del partido.

Ayer Morena perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, por tanto, el control del principal órgano de gobierno de la Junta de Coordinación Política.

Lo anterior es una consecuencia más de las luchas intestinas por el poder en cualquier esfera de poder. Mientras, la oposición mira con regocijo y la sociedad con hastío y decepción.

Mientras, el coordinador de la mayoría en la Cámara está al filo de la navaja: pese a su desempeño, Mario Delgado cita a AMLO como sabio, cuelga tuits como aforismos y baila cual gacela como aspirante a la dirigencia del partido.

Mientras, Gibrán Ramírez, el joven politólogo, también se postula para dirigir ese barco que zozobra y urge a un cambio generacional que regenere el tejido del partido.

Mientras, los partidos de oposición están trabajando para llenar los espacios donde los morenistas faltan.

Mientras, en Morena se busca la reconciliación y el concenso, la sociedad ve falta de disciplina y se habla de extinción.

Mientras, las elecciones del 2021 se acercan con rapidez y la sociedad sabe que, si otra fuera la situación, y el proyecto de la 4T no estuviera en juego, tal vez castigarían a Morena.

Mientras, López Obrador es un presidente sin partido.