El Papa honró hoy la labor de los misioneros españoles que llevaron el mensaje cristiano a California y defendió su aporte al origen de Estados Unidos, porque –dijo- ellos llegaron a ese territorio mucho antes que los peregrinos fundadores del país.

Francisco celebró, en la sede del Pontificio Colegio Norteamericano de Roma, una misa en honor del beato Junípero Serra (1713-1784), evangelizador de la Sierra Gorda de Querétaro y fundador de numerosas misiones sobre las cuales se establecieron las principales ciudades de la costa californiana.

Durante el sermón aseguró que el religioso franciscano, como tantos otros misioneros, defendió a los indígenas de los abusos de los colonizadores. Todos ellos, aclaró, llegaron a Florida y California mucho antes que los peregrinos de Mayflower, que después formaron la Unión Americana.

Constató que, a menudo, los católicos “examinan escrupulosamente” los “límites y las miserias” de los misioneros, pero se preguntó si hoy algunos serían capaces de responder con la misma generosidad y la misma valentía a la llamada de Dios.

“¿Qué llevó a fray Junípero a abandonar su patria, su tierra, su familia, la cátedra universitaria, su comunidad franciscana de Mallorca, para ir hacia los extremos confines de la tierra? Sin duda, la pasión por anunciar el evangelio”, estableció.

Precisó que antes de ir a California, Junípero quiso ir a entregar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe y a pedirle por la misión que estaba por emprender. Y llevó la imagen de la Virgen a las 21 misiones que fundó.

“Desde entonces, Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió, de hecho, en la patrona de todo el Continente Americano. No es posible separarla del corazón del pueblo americano. Ella constituye la razón común de este continente”, explicó.

Definió al religioso como “uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, santo de la catolicidad y especial protector de los hispanos del país”.

Y rindió homenaje a una lista de otros santos evangelizadores de América, entre los cuales incluyó al indio Juan Diego y a otros mexicanos como Rafael Guízar Valencia y Miguel Agustín Pro.

Invocó la protección de fray Junípero y los demás santos americanos, para que lo guíen en sus próximos viajes por Suramérica (en julio) y Norteamérica (en septiembre).

Al terminar la celebración agradeció la calurosa acogida y deseó que sea una “bella y significativa premisa para su viaje a Estados Unidos”. En cambio recibió como regalo una reliquia de Serra de manos del arzobispo de Los Ángeles, José Gómez.

Su misa concluyó con una jornada de reflexión en el Colegio Norteamericano, durante la cual el funcionario vaticano Guzmán Carriquiry advirtió: “Decir que Junípero Serra fue un genocida es ridículo y una tontería, además de una premisa desmentida por las más acreditadas investigaciones”.

El secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, uno de los oradores, denunció una “sistemática estrategia” encaminada a borrar la herencia hispana de la historia estadunidense, producto de un “prejuicio malintencionado”.

“El error de los pensadores, como Samuel Huntington, es creer que la única identidad de Norteamérica es anglosajona y protestante. La recuperación de la herencia hispana es imprescindible para una más completa visión del origen de Estados Unidos”, insistió.

El anunciado reconocimiento de Serra como santo de la Iglesia católica, ha revivido las polémicas históricas. El Papa lo canonizará el próximo 23 de septiembre en Washington.

Otro de los oradores fue el fraile Vincenzo Criscuolo, quien señaló a las controversias en torno a esa figura como “ideológicas” y advirtió que las mismas “recuperan viejas acusaciones, injustificadas y superficiales”, que están “históricamente superadas”.

Lamentó que el “prejuicio anticatólico de los historiadores de finales del siglo XIX y principios de siglo XX” haya expandido versiones “arbitrarias” y “evidentes manipulaciones de muchos datos documentales”.

Además recordó, el Reporte Serra, que incluyó entrevistas con ocho historiadores distintos y el cual concluyó: “Todos, aunque partiendo de posiciones distintas en el campo historiográfico, concordaron que Serra no sólo no abusó de los indígenas, sino que trató de ellos”.

“Serra y los franciscanos estaban preocupados del hecho que los conquistadores habrían dominado a los indígenas en modo opresivo; de que los propietarios de las tierras españoles, los mineros y los soldados, los habrían juntado para llevarlos a la muerte”, dijo.

“Por eso fundaron las misiones como lugar seguro, donde proteger y convertir a los indígenas. En definitiva y esta es la conclusión de la seria historiografía disponible: Serra y sus misioneros no fueron, en algún modo, persecutores y opresores de los nativos americanos, sino sus defensores”, insistió.

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