México.- La realidad de las desapariciones en México es dolorosa e indignante. Por un lado, confronta a la estructura sociopolítica y gubernamental y a la capacidad del Estado para poner fin al problema; pero también cuestiona a las instituciones especializadas en hacer valer el Estado de derecho y garantizar el bienestar de las víctimas.

Los familiares que atraviesan el trauma de una desaparición están —por decirlo así— situados en un limbo, moviéndose entre la esperanza de encontrar a su familiar y la desesperanza de la realidad al no tener respuestas de su paradero; aunado a la desolación de saberse vulnerables en un estado y en una sociedad que no los protege, que no los sostiene ni ofrece soluciones.

Muchas veces esta es la complejidad de su sentir dentro del problema en sí mismo y lo que también los mueve y ayuda a trascender la devastación, principalmente económica, física y psíquica. Se han levantado activos y unidos, haciendo un justo reclamo ante las faltas de la estructura social y gubernamental en la que están inmersos ante el problema.

Para Paula Alejandra del Cioppo, psicóloga, terapeuta y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, quien lleva años de estudio bordeando el trauma de las desapariciones en México y Latinoamérica, los familiares de desaparecidos tienen mucho que ofrecerle a esta sociedad desde sus experiencias.

El trabajo de Paula Alejandra del Cioppo ha girado en torno a abrazar lo particular de las pérdidas en torno al problema de las desapariciones, tanto en los sujetos que hacen comunidad en el activismo, como en los que viven esta situación desde la individualidad.

Estén en colectivos o no, Paula logra apreciar que la experiencia de cada familiar de un desaparecido es personal, única, por lo que merece atención, tratamiento o lugar especial, pues cada experiencia es diferente y no se homologa con la de ninguna otra.

Es en esta singularidad de las formas donde los familiares de desaparecidos encuentran distintos caminos para continuar la vida. Paula dice que es por esto que muchos hablan de que los familiares de desaparecidos poseen la capacidad de la resiliencia, misma que se define como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, pero que del Cioppo rescata como algo diferente.

Para ella, la resiliencia es una palabra simplificadora y demasiado optimista de lo que significa tener a un ser querido en calidad de desaparecido, pues ella no ve en los familiares a personas adaptadas y en un estado pasivo, como define la resiliencia, sino más bien sujetos activos, un tanto sublevados y hacedores de cambio: “A cada quién le pega en un lugar, le resuena en un lugar muy particular, y por lo tanto también en las soluciones que va encontrando; algunas son la organización, otras son soluciones más privadas, depende mucho de por dónde eso los agarró a cada uno individualmente, y eso hay que respetarlo, no diría solo respetarlo, sino resguardarlo, es parte de lo que hay que resguardar para que no se siga propagando la violencia”, dijo.

Si bien las leyes y las instituciones han fallado a los dolientes y a quienes se transformaron en activistas en busca de respuestas, la sociedad también falla, y es por eso que los activistas reclaman ante la indolencia e indiferencia social, advierte la investigadora y psicoterapeuta.

Como observadora de las situaciones desoladoras y del activismo que de ellas parte, Paula Alejandra respalda este reclamo y expone que las resoluciones de las situaciones de violencia en México requieren de una sociedad activa, que en primer lugar se informe y sea consciente de la situación, que tome las desapariciones como un asunto de todos: “Necesitamos entrarle, necesitamos sentir, darnos cuenta de que nos afecta a todos. Todos podemos ser víctimas de esta violencia, nadie está exento ni protegido”, dijo.

Por otra parte, explicó que resolver un problema de tal magnitud requiere de instituciones, pero primero requiere de individuos consientes que las exijan, ya que el contexto actual genera situaciones que en muchos casos no se resuelven por la vía tradicional, que requieren de justicia transicional, de ejercicios de reparación y restitución: “Creo que ahí es justamente donde viene que el Estado o los Gobiernos van a hacer, en la medida que tengan una sociedad consciente, que empuje a eso. Si la sociedad mira para otro lado, el Gobierno seguirá preocupado por sus intereses, que generalmente tiene que ver con mantener el poder, volver a ganar las elecciones y no tanto por ver las situaciones de seguridad o de inseguridad que está viviendo la población”, observa.

Ahondó en que quizá para que el acercamiento social suceda habría que sortear determinadas situaciones, por ejemplo, la desinformación en la que se vive debido al miedo que las mismas violencias generan: “Es muy humano defenderse de ciertas situaciones horrorosas, a veces poniendo a estos otros que están luchando en un lugar muy lejano, muy “ellos son los héroes que pueden hacer”. Los miramos así como espectadores, o lo contrario, a veces diciendo: “¡Ay, no! ¡Qué horror! No quiero que esto me contagie, así es que me alejo””, explicó.

Además, están las propias situaciones cotidianas de los individuos, en especial de aquellos que viven sumergidos en su trabajo o sobreviviendo ante situaciones de precariedad. Para Paula, estas no son cosas para juzgarse; sin embargo, es necesario ir un paso más allá y acercarse al problema.

Alejandra del Cioppo habló de que hay muchas formas de distanciarnos del problema, porque como humanos nos protegemos ante el sufrimiento, en especial para los profesionistas que por alguna razón deben acercarse a estas situaciones: psicólogos, sociólogos, periodistas, abogados, por ejemplo, colocando una barrera hecha a partir de lo que “ya se sabe” del tema, con el deseo de aplicar lo que ya se conoce a determinada situación: “Bueno, no está mal, pero quizá una recomendación es acercarse de una manera más modesta, de una manera más humilde, escuchar, aprender de aquellos que llevan mucho tiempo en esto, tanto de familiares (de desaparecidos), como activistas o periodistas”; es decir, acercarse de manera más respetuosa. “Bajar un poco a la soberbia, bajar un poco a querer imponer determinadas cosas, y más bien acercarse en una posición de aprender, porque hay muchas personas que llevan años en esta lucha y tienen mucho que enseñarnos”, dijo.

Aprender de y reconocer a los activistas; cercana a estas causas sociales, a quienes sí reconocen que los familiares de desaparecidos tienen mucha experiencia que trasmitir a todos, a los profesionales, a los ciudadanos de a pie, a las madres, a los padres: “Tienen un saber que es difícil de trasmitir porque es muy personal, pero que creo, si nos puede hacer resonar como sociedad y como persona”. Y la cuestión sería saber cómo llegar al resto que no reconoce su lucha o que no reconoce que le conviene enterarse en qué mundo vive, para cuidarse y para cuidar a los suyos.

“Me parece que hay que tocar a esa sociedad por un lugar que no sea tan racional ni tan directo, hay que apelar a la sutileza. Creo que los artistas y los pensadores son muy importantes también en este proceso de hacer llegar este mensaje a la sociedad”, afirmó.

Los activistas en México tienen mucho que enseñarnos de sus diferentes frentes. Por mencionar algunos, Paula citó a los que accionan en lo jurídico, a los diplomáticos, a los que entablan el diálogo con el Gobierno y a las fuerzas que hacen unión en las brigadas de búsqueda, como ejemplo de este último están los grupos de rastreadoras en Sinaloa, cuyo activismo la investigadora define como impactante, un activismo en toda la extensión de la palabra, haciendo desde lo que se esperaba hicieran las autoridades: buscar a los desparecidos, un activismo intenso, que al mismo tiempo les hace ser vulnerables, es por eso que del Cioppo recomienda: “No hay que dejarlas solas, están haciendo algo muy importante porque con su acto están denunciando todas las omisiones del Gobierno del Estado, incluso de la propia sociedad”.

Paula recalcó que estas actividades conllevan un riesgo y que una manera de cuidarles es contar sus historias y visibilizar sus luchas, pues ella observa que las personas que nos conocidas son también las más vulnerables, y entonces el dar a conocer sus experiencias es una forma de protegerlas.

A Paula Alejandra del Cioppo, quien actualmente también se desempeña ejerciendo el psicoanálisis en el ámbito privado en la Ciudad de México, muchas de las experiencias de las víctimas que han sufrido la desaparición un ser querido la empujan hacia el activismo, un activismo en el contexto de los mexicanos muy diverso.

Se trata de organizaciones que no son reductibles meramente a asociaciones familiares, es un activismo que al interior de las asociaciones trasciende las diferencias y tiene la honorabilidad de encontrar espacios de diálogo en todos los ámbitos y alcanzan objetivos comunes: “Me parece que este activismo en México está resignificando muchas experiencias de este siglo XXI que es complicado situar y comprender, entonces creo que a través de sus acciones se abren preguntas que no nos habíamos podido hacer como sociedad, y en ese sentido creo que es un activismo muy lúcido”, reflexionó.

De acuerdo con Alejandra del Cioppo, Muchas de las causas del activismo mexicano están enfocadas a realizar una incidencia en las leyes que están obsoletas al momento histórico actual, pues fueron formuladas en otros contexto sociales y políticos, y en el caso particular de los familiares con seres queridos víctimas de desaparición forzada, los dejaron desamparados.

Paula explica que en México se ha logrado un avance importante, ya que los activistas en este país han logrado colocar a la desaparición forzada y por particulares dentro de las figuras legales.

La otra vertiente donde han hecho hincapié quienes luchan contra este problema es delatando el mal funcionamiento, la impunidad y la desidia que actualmente impera en las estructuras legales y gubernamentales, pero también en las instituciones destinadas a atender a las víctimas, donde, de acuerdo con Cioppo, se les llega a revictimizar por omisión: “Son cosas distintas, porque si las leyes no están preparadas para determinadas situaciones, pues la podemos cambiar en la medida que haya una apertura, que la ha habido, de parte de los legisladores de parte de los funcionarios, hay un trabajo en ese sentido, pero lo más difícil es que aún con esos marcos hay malas prácticas, se topan muchas veces contra pared”, lamentó ella, pues pese a algunos logros obtenidos en materia de análisis de información y registro de casos, los activistas continúan haciendo un justo reclamo a razón de las deficiencias que se tienen.