México.- Incertidumbre. Esa es la primer palabra que viene a mi mente cuando pienso en la “Nueva normalidad”.  Y sé que hablo desde el privilegio: soy una mujer blanca, clasemediera, aceptablemente informada, con grado universitario y un ingreso fijo.

En palabras del Dr. López Gatell, la pandemia durará un indeterminado número de meses. A la forma de convivir con el virus con el menor riesgo posible, mientras volvemos a nuestras actividades cotidianas, es lo que llaman Nueva normalidad.

Ésta se refiere a los hábitos que adquirimos durante la pandemia -como son los de higiene personal y la sana distancia, por ejemplo-, más algunos nuevos que tendremos que incorporar a nuestra forma de relacionarnos y de habitar el mundo, pese a la reapertura parcial o total de la vida pública y económica.o

Uno de los mayores desafíos de los gobiernos ha sido el de convencer a su población que la estrategia elegida para combatir al Covid-19, ha sido la correcta. Desde el inicio, México tomó medidas distintas a las de la mayoría de los países. Y aunque le costó un aluvión de críticas, se negó a cerrar las fronteras y a imponer un toque de queda.

Encontrar un balance entre salud y economía es el otro gran desafío en países como el nuestro, donde poco más de la mitad de la población vive en pobreza y, por añadidura, trabaja en la informalidad. Van al día.

Pero no todo es como lo pintan. Las armadoras de Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Baja California abrieron sus operaciones sólo 10 días después de que se dictaminaran como no esenciales y se vieran obligadas a cerrar. La explicación fue que hubo una revaloración; por ello, las armadoras de televisores en Tijuana también volvieron a sus líneas de producción.

Ni siquiera los más sofisticados termómetros láser, el túnel sanitario más largo de la historia, ni las cámaras termográficas de última generación, que supuestamente han implementado para la seguridad de los trabajadores; o las declaraciones de funcionarios que califican a los televisores como piedra toral de la industria de las comunicaciones, logran engañarnos: en México se fabrican autopartes, sí, pero también sofisticados dispositivos médicos y militares que resultan esenciales para la industria estadounidense, entre ellos, los de la industria armamentística.

Es por eso que las voces de Elon Musk, CEO y dueño de Tesla motors y de Ellen Lord, la subsecretaria de la Defensa en Estados Unidos, han tenido un peso significativo para que las autoridades de EU presionen a México y puedan contar con materias primas “imprescindibles”.

Por eso a los políticos también les gustan las crisis, porque les da la excusa ideal para decretar algún nivel de estado de excepción. Entonces, pueden limitar las libertades, como el derecho a manifestación, de movimiento y de reunión; cerrar fronteras, encarcelar gente por periodos indeterminados. Sacar a las fuerzas militares a patrullar calles e imponer el orden. Algunos aprovechan para contraer deudas millonarias, hacer compras aberrantes, dejar de justificar los presupuestos, esconder escándalos de corrupción y cohecho. Otros emiten decretos o enmiendas que en tiempos normales tendrían un alto costo político. También les permite dejar correr los tiempos políticos que beneficien a su causa o, simplemente, para retardar lo inevitable.

Y lo hacen porque las prioridades de la comunidad internacional han cambiado; ahora están resolviendo sus  asuntos domésticos, pendientes de sus ciudadanos.

Y cuando me refiero a los políticos, también hablo de los de oposición, quienes explotarán cualquier oportunidad que tengan a la mano para sacar su tajada, para deslucir al contrario. Esconder decesos y falsear cifras se ha intentado en al menos tres países diferentes.

En Singapur, Corea del Sur, China e Israel, el gobierno ha obtenido legalmente la información de los smartphones de los ciudadanos contagiados y de sus contactos con la intención de controlar los daños. Medidas que hoy son tomadas con un fin perentorio, difícilmente mañana darán marcha atrás, a pesar de que violenten las libertades ciudadanas.

Las crisis enmascaran la recesión económica, el desempleo, los picos de violencia, la corrupción, la ilegalidad y la rendición de cuentas, casi sin resistencia ciudadana.

Y lo hacen porque los ciudadanos tenemos miedo, estamos preocupados y nos concentramos en paliar nuestro día a día, en medio de restricciones, fake news y una gran incertidumbre. Y en casos graves, lidian además con la pérdida y la enfermedad.

Las crisis también provocan reflexiones que bajo otras circunstancias no tendrían cabida.

Ha sido buena idea empezar a hablar del Índice Gini, que mide la desigualdad, en lugar del todo poderoso PIB. Traer a colación el bienestar por encima de la riqueza. Pensar en los que menos tienen, en los que están sufriendo. Reencontrar el significado de la mancomunidad y la solidaridad. Añorar un paseo por la playa, abrazar a tu hijo.

Aunque todavía no sepamos por qué, hay apagones en medio México.