México.- La historia de los Estados Unidos (EU), se alza sobre el genocidio de sus indígenas y sobre la mancha oscura de la esclavitud. Hoy en día, ese país quisiera erguirse ante el mundo como símbolo de las libertades civiles, pero su historia lo desmiente día a día, con singular ahínco, a través de pequeñas pero horrorosas historias de violencia y racismo que salpican su imagen ante la comunidad internacional.

Kathryn Bigelow ha sido la única mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección, lo hizo con The Hurt Locker en 2010 y desde entonces no ha logrado que ninguno de sus trabajos despunte con la misma brillantez. Pero con gran valentía, ha elegido un momento álgido y vergonzoso en la historia de ese país, para amplificarlo en la memoria de una sociedad cada vez más intolerante y xenófoba.

Detroit es un filme que aborda las revueltas sucedidas en aquella ciudad en el verano de 1967 y cuya brutal historia, de racismo y abuso, no parece haber sido asimilada todavía, muestra de ello, entre muchos otros, es el movimiento Black Lives Matter, nacido en 2012 en Twitter, consigna viva y lacerante en diferentes y brutales casos de abuso y asesinatos a la comunidad afroamericana en los EU, en situaciones dramáticamente parecidas a las que sucedieron en Detroit 50 años antes.

Detroit es una película incomodísima. Realista, fuerte, oscura, perturbadora. Está basada en audios y apuntes periodísticos de la época, a partir de los cuales se documenta y recrea, en el plano de la ficción, los acontecimientos que dieron pie a una revuelta social que fue saldada gracias al despliegue del ejército y la Guardia Nacional, que arrojó cifras lamentables: 43 muertos y más de 2.000 heridos, casi un año antes del asesinato de Martin Luther King.

¿Qué lo detonó? En el edificio contiguo del Motel Algiers, tuvo lugar una incursión policial que acabó con la muerte de tres hombres afroamericanos, mientras que otros siete y dos mujeres blancas, recibieron brutales golpizas. Y es ese momento que Bigelow aprovecha para poner al espectador contra la pared. A nosotros, que lo hemos visto todo, consigue hacernos revolver en el asiento, sin posibilidad de huir.

La película está dividida en tres partes. La primera es un planteamiento documental socio cultural acertado, aunque demasiado técnico; la segunda es el momento en el Motel Algiers, donde la cinta alcanza su máxima tensión narrativa; la última, consta de los juicios y consecuencias legales sucedidos posteriormente. No es una cinta consistente, no es una cinta que tenga la misma calidad narrativa en sus tres partes. Aunque la parte del Motel Algiers es, sin duda, una de las mejores escenas de tensión dramática de esta temporada.

Respecto al reparto, se nota el talento interpretativo de Will Poulter, Anthony Mackie, pero destaca Algee Smith, quien seguramente encontrará muchas oportunidades en el futuro, como en la cinta que aún no se estrena The Hate U Give.