Detrás de esos ojos saltarines, grandes y de una mirada bondadosa, que se compara sólo con la ternura y comprensión con la que trata a sus pacientes, encontramos a un ser humano de estatura mediana, un rostro que ilumina las caras de las personas que acuden a él, con el fin de encontrar una esperanza a la inquietud que poseen, además de tener una sonrisa que alivia el alma de los más desalentados, cuando observan esa chispa de alegría que sólo es posible externar si se tiene amor y pasión por lo que se hace.

IMG_1576“En la vida las cosas hay que hacerlas con amor y mucho gusto, para no tener que trabajar”, señaló el doctor Francisco Vázquez, médico general que todos los fines de semana atiende a más de 300 personas en su pequeño consultorio, dentro del Hospital General de Ciudad Renacimiento, en Acapulco, Guerrero.

"Yo soy médico general. Soy una persona muy amigable, entrego mi amistad al por mayor. Me considero una persona muy alegre. Soy muy parrandero. Me gusta mucho bailar. Me gusta atender a la gente tenga o no tenga dinero, porque creo firmemente en que la salud no se le niega a nadie y mucho menos a las personas en extrema pobreza. Trato de no decir mentiras porque la verdad tarde o temprano sale a la luz y considero que la honestidad es la mejor arma para triunfar en un trabajo", comentó el galeno.

"En lo profesional, me disgusta cobrar por mis servicios. No sé si es una virtud o un defecto, porque al fin y al cabo uno necesita comer y dinero para subsistir. Si las personas de verdad necesitan la ayuda y no traen dinero para pagar por mis servicios, no les cobro un sólo centavo y prefiero que eso se lo gasten en alguna medicina que necesiten. Dios siempre da más", afirmó.

Francisco Vázquez comentó que se siente afortunado de tener aún a sus padres, "para mí ese es el mejor regalo que me ha dado Dios. Creo que me dieron una vida modesta pero no sufrí carencias, ni malos tratos, por eso no tuve problema para concluir mi carrera universitaria. Fui muy constante con mis tareas, les di un poco de problemas a mis padres, pero al final cumplí y salí adelante”.

Sobre lo más difícil que enfrenta un médico, el doctor Pancho, como lo conocen sus cientos de pacientes de todo el estado, mencionó que "indudablemente es enfrentar la muerte de tu primer paciente. Fue una experiencia trágica y traumática, porque fueron  tres días de batalla constante, de luchar contra la vida y la muerte, era un joven que ya no pudo seguir viviendo y desgraciadamente perdió la batalla. Hice lo que estuvo en mis manos, pero me sentí muy mal porque no deseaba que me pasara eso, estuve en una depresión horrible. No comía, no quería levantarme de la cama, fue algo que me marcó, además de que caí en una profunda depresión, de la que me costó mucho trabajo salir".

"Después de lo sucedido, vino lo más difícil para los médicos. Tuve que darles la penosa noticia a sus padres, los cuales estaban inconsolables. Fue algo catastrófico, me costaron muchísimas lágrimas, no lo podía superar, me afectó en todos los aspectos de la vida, en lo personal, en lo social y en lo profesional, fue una época muy fuerte que afortunadamente se supera para continuar en este sinuoso camino", relató.

El doctor Pancho Vázquez señaló que después asimiló que la muerte es parte de la profesión y que está latente en la carrera de un médico, sin embargo, recalcó que se debe ser fuerte y estar preparados para cualquier situación, por más denigrante y desagradable que sea.

IMG_1568"Luego de esa amarga pesadilla que viví todo ha sido felicidad. Me levanto con una sonrisa siempre, me gusta mucho ir a mi consultorio, donde más de 300 pacientes me esperan para que los revise y los canalice con los especialistas correspondientes. Me lleno de vitalidad ver a jóvenes, ancianos, señoras, señores contándome sus experiencias y temores, la verdad es que me llena de satisfacción el ver sus caras felices de agrado, cuando se dan cuenta a través de mi consulta, que no es tan grave lo que padecen y su dicha es para mí es el mejor pago. Sus sonrisas alimentan mi espíritu y mi corazón se llena de gozo al saber que pueden confiar en mí para desahogarse a veces, porque mi labor también es la de escuchar a mis pacientes y aconsejarles conforme mi experiencia y mis conocimientos, además de tener un código de ética que no me permite expresar nada de lo que me comenten fuera del consultorio a ninguna otra persona", acotó.

Francisco Vázquez externó que lo más hermoso de su profesión es salvar la vida de una persona, "es una sensación de felicidad que no se compara con nada. Me llena de alegría ver y oír a las personas llorando de felicidad por el milagro de Dios de tener más tiempo a sus familiares, algo incomparable que te lo agradecen por siempre".

"Me encanta mi trabajo. Me considero un hombre triunfador, porque el éxito no es sólo el dinero y acumular riquezas, sino el hacer el bien a los demás y ayudar a los que menos tienen. Me considero un filántropo porque esa palabra no significa que sepas demasiado o que poseas mucho dinero, va más allá de eso, el que compartas parte de tu tiempo y de tu esfuerzo para apoyar al que más lo necesite, es algo invaluable que no se compra con nada y que el mejor pago que pueden darte, es el agradecimiento de las personas y la sonrisa de los niños y de la gente que viene a mi consultorio en búsqueda de una esperanza y de una sensación por sentirse sanados, y cuando se enteran que su problema no es tan grave como lo piensan", manifestó.

El galeno dijo que si volviera a nacer no cambiaría nada de lo que ha hecho en su vida, ya que a pesar de que ha pasado tragos amargos y situaciones difíciles, la vida siempre lo lleva a encontrar su misión, "lo importante es que no te detengas y nunca te des por vencido, como decía la madre Teresa de Calcuta, cuando no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar, camina; cuando no puedas caminar, usa el bastón, pero nunca te detengas”, finalizó.