Acapulco, Guerrero.- Son las 6:30 am, y el día para esta mujer con uñas a medio pintar, “para no dejar caer el ánimo”, por las largas jornadas de trabajo que se ven reflejadas en sus ojos y pies hinchados, inicia como todas las mañanas con el fuerte timbre de la alarma.

Hasta antes de la pandemia, este timbre le indicaba que debía alistarse para ir a trabajar a la escuela primaria donde desde hace 11 años limpiaba salones y vendía sus “chacharitas” durante la hora del recreo y al término de las clases.

Ahora la dinámica de su vida ha cambiado, dice doña Lucy, como “sus niños” y todo el que la conoce la llama por mero cariño: “Es que se ha dado a querer por su amabilidad y buen humor”, dicen algunos de sus cercanos.

Doña Lucy es comerciante desde hace 20 años. Empezó vendiendo ropa de segunda en el tianguis de la calle 14 de la colonia Emiliano Zapata, en Acapulco, recuerda.

Dice que en sus 47 años de vida, jamás había pasado “por algo tan feo”. “No solo por la parte económica, sino por las muertes y las familias que están sufriendo”, relata mientras se truena los dedos y mira hacía a la nada como si se perdiera en el tiempo.

Cuenta que el cierre de escuelas, y el ‘adelanto de vacaciones’, le “dio en toda la torre”. La venta de dulces, juguetes, donas para el pelo, entre otras cosas y el aseo que cobraba a diario a un peso por niño, eran el único sustento de ella y sus padres, pero lo perdió.

Cuando llegó la contingencia sanitaria por el Covid, las risas y el buen humor se fueron por un rato. Ahora se despierta muy temprano, si bien le va, solo duerme cinco horas, pues durante esa y otras madrugadas se desvela costurando cubrebocas, motivada dice, “por la necesidad de sobrevivir a la crisis de la pandemia”.

Desde que inició la pandemia el panorama “pintaba feo”, comenta doña Lucy. “Imaginábamos que cerrarían porque en otros lugares lo hicieron, pero aun así creíamos que había otra solución”.

“Los primeros meses fueron muy difíciles, no teníamos dinero, estábamos encerrados, y por el miedo de contagiar a mis papás no podía hacer muchas cosas, pero teníamos que comer y buscarle. Al principio algunos familiares nos ayudaron, pero pues se puso difícil para todos”, expresa.

Doña Lucy recuerda que el confinamiento y la falta de ingresos, la llevó a caer en un estado de depresión y ansiedad, situación que tuvo que ignorar “porque había otras preocupaciones”, y también sus padres estaban pasándola mal ante la imposibilidad de salir por ser parte “de los grupos vulnerables”.

“Eso fue lo que me motivó a encontrar salidas, en un principio vendía mis chacharitas aquí en el tianguis, pero pues por la misma situación nadie compraba esas cosas, no son esenciales, y en ese momento pues eso era un lujo, así que le seguí buscando”, relata.

Fue ahí donde descubrió su resiliencia: “la verdad tuve que adaptarme, teníamos que comer y tenía que encontrar la manera de tener para comer y cuidarnos también”.

“A mí nadie me enseñó a hacer cubrebocas, yo me puse una recarga de 20 pesos y después me puse a ver un video en internet, a buscar pasos para hacerlos y así empecé, aún con miedo de contagiarme y enfermar a mis papás, pero pues con todo y las medidas me bajé a vender para sacar para la comida”, dice.

Indica que al principio las ventas eran muy bajas, y si bien le iba lograba vender solo 5 o 10 piezas de cubrebocas, que pese a ser muy baratos -a cinco pesos cada uno-, la situación económica de algunos no les permitía adquirirlos, además de que en su mayoría dudaban de que el virus existiera, enfatiza.

Fue hasta que comenzaron aparecer los primeros contagios entre los conocidos, cuando las ventas empezaron a subir.

“Y es que uno no puede darse el lujo de dejar de vender, me cuido mucho, desinfecto el dinero, me lavo las manos a cada rato, pero aún con miedo bajo, y al llegar a mi casa antes de acercarme a mis papás me baño”.

Cuenta que ha visto algunos videos para emprender; así que la mesa en la que acomoda sus cubrebocas “están en un punto estratégico, a la vista de los que pasan y pues les digo, bara, bara, y les meto variedad para que las ventas vayan mejorando, además mis cubrebocas están en bolsitas, para que no les entre polvo, eso lo cuido, es salud, no puedo jugar con eso”.

Las personas que bajan a comprar al mercado son sus principales clientes, pero también los comerciantes de esa zona. Recuerda que al principio el tianguis de la Zapata fue considerado un foco de contagios: “quitaban a los compañeros para que no vendieran pero nadie les daba ayuda, a nosotros, los vendedores de este lado no nos tocó porque cuando empezamos a escuchar eso nos organizamos para tener la sana distancia y tener todo bien para que nos quitaran nuestra única entrada de dinero, aunque eran poquitas ventas es lo único que tenemos”, refiere.

“Aquí nadie vino a darnos nada, de los comedores del gobierno no hubo nada, no dieron difusión, no vocearon, no dijeron mucho, no todos tenemos internet, así que por ahí no supimos, más o menos en las noticias, pero aun así no era mucha la ayuda, no sabíamos horarios y esas cosas”, comenta.

“El gobierno hasta la fecha tampoco ayuda, créditos, apoyos, despensas y esas cosas aquí no llegaron, quién sabe dónde estén -hace una pausa y esboza un gran suspiro- pero aquí no llegó nada, aquí se olvidaron”, lamenta.

“Gracias a Dios, hoy ya vendo más cubrebocas, ya hago por volumen, me compran y ellos revenden. La verdad no imaginé que esto, es feo, pero pues, es de alguna manera me ayuda, yo me pongo a pensar que mis cubrebocas ayudan a los demás a cuidarse, y ellos me ayudan a mí y mi familia a sobrellevar la otra crisis, la económica”, expresa.

Lucy es solo una de las tantas y tantos comerciantes que ante la falta de acciones de las autoridades buscan superar los estragos que dejó el covid-19 en sus bolsillos.

Son las 3:30 de la tarde, otra alarma suena para ella, esta vez es para levantar la mesa que ha montado desde las 8 de la mañana a la vista de todos los que pasan. Guarda sus cubrebocas en una bolsa grande, y se va a comprar más tela. Al llegar a casa seguirá cociendo hasta donde sus manos y pies aguanten.

Esta pieza periodística fue posible gracias al apoyo de Google News Initiative Journalism.  Journalism Emergency Relief Fund. https://newsinitiative.withgoogle.com/journalism-emergency-relief-fund