#Otros pasajes

Doroteo Guamuch, triunfo sobre la exclusión en Guatemala

Por Carlos Adán, 2016-08-10 16:29

Guatemala.- En 1952, el atleta guatemalteco Doroteo Guamuch Flores ganó la Maratón de Boston. Mateo Flores, es el nombre utilizado por un cronista deportivo estadounidense en los registros de prensa, al no poder pronunciar correctamente el nombre del atleta. Debido a esto, el Estadio de la Revolución fue renombrado como Estadio Nacional de Guatemala, Mateo Flores.

Durante estos días, he visto como las redes sociales se vuelcan en apoyo a los atletas guatemaltecos que participan en los Juegos Olímpicos de Río, orgullosos todos de su bella Guatemala, sintiendo los triunfos como suyos. Orgullo que no tengo derecho de sentir y considero injusto, porque como país poco hemos hecho para que estos valientes estén logrando estos triunfos impensables. Lo único que me permito sentir es admiración, ya que estas mujeres y hombres han crecido en medio de cualquier adversidad.

El triunfo no es de ninguna bandera, es de quienes madrugaron, tomaron un bus en el país con más muertes de pilotos del transporte urbano por extorsión en América Latina y, quizá sin desayuno, fueron a entrenar. Es un triunfo para los atletas, amigos y familiares de quienes vivieron en carne propia el sacrificio y la resistencia. De quienes no doblegaron su sueño ante la corrupción de las federaciones deportivas y sus tranzas para utilizar todo el dinero en gastos de representación de sus directivos.

Otro triunfo valiente sucedió ayer en Guatemala, y no solamente en la esfera deportiva, sino en la política y social. El artista plástico y pintor Benvenuto Chavajay (quién posee tatuada la cédula de Doroteo Guamuch Flores desde el 2012), se presentó al Congreso de la República, y en un performance en el que estuvieron presentes el Presidente del Organismo y demás diputados, presentó la Iniciativa de Ley para cambiar el nombre del Estadio Nacional al nombre real del atleta.

 Doroteo Guamuch, triunfo sobre la exclusión en Guatemala

Benvenuto lo define como un “gesto para sanar una herida desde los pueblos que han sido silenciados y excluidos”. Quiero entenderlo también, como un acto simbólico, de protesta y resistencia, ante el racismo que se vive en el país, uno de los quistes de esta sociedad intolerante y devota de la discriminación.

La iniciativa fue aprobada la misma tarde (110/158 votos) y ahora sí, el Estadio Nacional Doroteo Guamuch rinde honor a la memoria de uno de esos valientes que logró su triunfo representando a un país que nunca le dio oportunidades. Guamuch se ganó la vida como caddy, cargando palos y recogiendo pelotitas y propinas en los campos del Mayam Golf Club.1 Quizá otra de las formas de dignificar su nombre sea exigiendo que ningún otro atleta, artista, niño, mujer u hombre deje de ser reconocido con dignidad y respeto por su identidad.

  1. “Patas arriba: la escuela del mundo al revés”. Siglo XXI, 2005. Eduardo Galeano.
#Al instante

Ángel

Por Carlos Adán, 2015-07-23 17:53

“O disparas contra un hombre o te lanzan desde un puente, tienes 12 años y el arma en la mano. Historia de un valiente”
Tweet de Francisco Rodríguez à@FranciscoRDL

Dieciocho de junio. Ángel Escalante, de 12 años, es secuestrado por unos pandilleros. Querían obligarlo a asesinar al piloto de un bus. Con el arma en la mano, Ángel se niega. El tiempo se ralentiza. El niño deja de ser carne y vuela. Ciento veinticinco metros. El vacío es un animal salvaje devorándose sus sueños. La cámara del corazón, una bomba de fuego. Nadie aprende a caer, pero buscando protegernos anteponemos alguna parte del cuerpo. Ángel decidió poner la vida y en estos países tan heridos, su valentía debe darnos esperanza.

Ángel es ejemplo para aquellos que dan su brazo a torcer frente a la maldad, las injusticias y la corrupción. Nos recordó que siempre podremos elegir lo correcto.

Ángel falleció el pasado ocho de julio en un hospital sin recursos. Lo mató la poca moral de los funcionarios que decidieron robarse el dinero de la medicina de miles de guatemaltecos. De funcionarios que no tuvieron la valentía que Ángel tuvo para decidir volar y vivir.

#Al instante

Long Play

Por Carlos Adán, 2015-07-07 15:11

Más que el vinilo, los elepés son el símbolo de una generación condenada. Mis padres los tenían y pasaron las horas de su juventud escuchando el crujir de la consola con el disco antes de cada canción. En esas tardes sin fecha, sufrían la melancolía quinceañera con la música de sus padres y se complacían en repasos con el boom de la música disco.

 Long PlayDesde unos Panchos atascados de amor, hasta los Bee Gees en los ochentas, cuando llegaron los casettes; ellos conocieron la música sin imágenes. Sin contar las fotos congeladas de los estuches de cartón, los discos de revoluciones eran monumentos sobrios llenos de fondo, canciones condensadas.

Hace unos meses me topé con la colección de mis padres y descubrí que los elepés todavía responden a una idea romántica de tener el objeto físico. Por lo que representan en la historia, por las grandes obras que se publicaron y por el valor de supervivencia que tiene cada pieza. Parecido a los libros. Quizá otro gran valor es que al no existir una producción masiva como hoy en día, se mantuvo respeto por cada disco y se le asignó un significado.

En mi casa les gusta Magia Blanca, de los hermanos Carrión. Recuerdan al tío que vive en Canadá y escuchaba esa canción insaciablemente, pensando en uno de sus amores. Yo en cambio, algunas tardes saco el tocadiscos de mi abuelo. Condenado también, tomo aire. Con una melancolía irreparable,coloco la aguja en el vinilo de Volcán. La vida cruje y suena el Príncipe, José José.

#Al instante

Temblores del silencio

Por Carlos Adán, 2015-06-23 14:57

La nostalgia es una infección viral. Su duración es indefinida y el contagio puede darse por exposición a las historias tristes de los amigos, esos perros románticos. Por aquellas tardes vi filmarse varios libros; aquellos que verdaderamente vivimos, de los que fui testigo y las razones que me acarrearon. Temblores del silencio de Alexander Socop, fue una de esas aproximaciones que tuve desde la dureza del proceso creativo, desde el quién.

 Temblores del silencioEl libro es fuerte, muy fluido. Podría decirse que es una consecuencia de una historia catastrófica, pero también es un homenaje a todo aquello que no cabe en las palabras, a las tardes que se perderán en la senescencia de los corazones. Alex recoge en sus textos la sencilla sensibilidad de los recuerdos y abre la ventana hacía un paisaje de otoño donde las hojas nunca dejan de caer: la nostalgia. Ahí, en esa escena, es cuando un hombre grisáceo tiene algo qué decir y toma la hoja en blanco.

Por un instante Temblores del silencio pasa de ser sólo un libro, a ser un antipirético de esos procesos un tanto frágiles que llegan al leer poesía, un mes más, o una cicatriz. Puedo decir que se aprovecha de los resquebrajamientos humanos para visitar ese inframundo espiritual que está pasado de moda y que llamamos amor.

Temblores del silencio fue publicado por Metáfora Editores en 2012, en uno de los meses más lluviosos en Quetzaltenango. En medio de la pureza y las buenas intenciones de los textos siempre hubo gatos ronroneándole al desvelo, a las preguntas de si somos pasado en otra parte del universo. Con este libro puedo asegurar que en esos sismos de las letras también nacen supernovas.