México.- En octubre de 2017 Trump declaró emergencia de salud pública nacional ante la crisis causada por el consumo de opiáceos -analgésicos de receta controlada como Percocet y OxyContin-, la heroína y el opioide sintético fentanilo, que matan a más de 142 ciudadanos al día.

En fentanilo es una droga 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más que la morfina; este opiáceo es usado para controlar el dolor y como anestésico. Es el opiáceo más potente de uso médico en el mercado, pero también se usa para “cortar” drogas callejeras y así, incrementar sus efectos y provocar mayor adicción, por lo que está íntimamente relacionado a las sobredosis de heroína y cocaína. Según la DEA, el fentanilo llega desde México y China.

El mayor reto que enfrenta México es que el fentanilo se ha convertido en una droga ilegal por su abuso en la confección de drogas de diseño y el corte de sustancias; sin embargo, su fabricación y utilización como un medicamento es perfectamente legal. Esto impide establecer una prohibición radical sobre los precursores de esta sustancia.

Fentamilo droga

No sólo los jóvenes se drogan.

En México hay una estricta política para emitir recetas de medicamentos controlados, las farmacias son minuciosas con la expedición de los medicamentos, sin embargo, el problema no reside en el cómo se prescriben estos medicamentos, sino en el por qué cada día hay más personas adictas a los medicamentos controlados, en particular a los opiáceos, sin que el gobierno haya tomado medidas en el problema: ¿Por qué la primera opción contra el dolor es un opiáceo?

En México es imposible saber la cantidad de recetas expedidas por año, sin embargo, sabemos que en E.U se hicieron 259 millones de recetas de derivados del opio en 2014. Así, cuando la adicción se ha incrementado lo suficiente y se vuelve económicamente insostenible por la vía “legal”, para el paciente siempre será una opción recurrir a las drogas callejeras.

En 2014, Rosiella tenía 45 años y dos hijos. Una depresión la convirtió en adicta: “No tenía idea del daño que me causarían esos medicamentos; nunca pensé en controlarlo porque confiaba en mi médico y creí, tontamente, que él sabría manejarlo”, dijo.

Lo que le recetaron a Rosiella durante su tratamiento psiquiátrico fue una dosis nocturna de 0.5 mg de Tafil -pertenece a la familia de las benzodiazepinas y se utiliza para el tratamiento de los estados de ansiedad, especialmente en las crisis de angustia, agorafobia y estrés intenso- además de antidepresivos y estabilizadores de ánimo.

Drogas opiaceos

Un círculo vicioso que no acaba.

Al cabo de 3 años, Rosiella terminó consumiendo 6 mg diarios; su estado de ánimo era impredecible, así que de vez en cuando usaba un poco de cocaína para “levantarse” y de forma social lo mezclaba con alcohol. Padecía intensos ataques de pánico y se acentuaron los estallidos de rabia, por lo que finalmente fue hospitalizada.

Desintoxicarse ha sido para ella relativamente fácil si lo compara con la rehabilitación, donde ha tenido que enfrentar el mismo cuadro depresivo que la llevó al psiquiatra por primera vez, más las pérdidas y problemas acumulados durante ese periodo de adicción aguda. También ha perdido la capacidad de dormir sin medicamentos. “Es un círculo vicioso que no acaba”, Afirma. “Ahora tengo más problemas que cuando llegué al consultorio por primera vez y le tengo miedo a los medicamentos, pues gracias a ellos descubrí mi personalidad adictiva”, revela.

Medicamentos recetados tras una intervención dental, que abarcan drogas como la oxicodona, hidrocodona, oximorfona y metadona, pueden convertir a una persona en adicta con sólo una prescripción.

De acuerdo a los Centros para el control y prevención de las enfermedades en Estados Unidos, entre 1999 y 2013, la mayoría de las personas que murieron de sobredosis por opioides recetados tenían entre 45 y 54 años, y la tasa para aquellos de entre 55 y 64 años aumentó más de siete veces.

Tal vez es normal que el foco de atención de las campañas gubernamentales esté puesto en los jóvenes, pero hay un número indeterminado de adultos y adultos mayores que escapan a las estadísticas sobre el consumo de drogas.

Las adicciones en este segmento de la población está agazapada detrás de la legalidad de los medicamentos recetados y los médicos que prescriben opiáceos como primera opción, indiscriminadamente y sin mayor control, además de los requerimientos de la receta.

Es tiempo de decirlo: no sólo los jóvenes se drogan.