#Telégrafo de tigre

Eder, pescador y músico de Playa Paraíso

Por Raciel Quirino, 2016-04-26 14:20

Eder se levantó de la hamaca. Eran las cinco de la tarde y había que irse a pescar pronto. Es probable que fuera a ver a su hija y la besara. Entraría a la cocina, probaría algo de alguna cazuela. Su mujer le ofrecería calentarle algo, quizá le dijera que se cuide: no puede evitar sentir desconfianza del mar.

Por la mañana, Eder había conseguido en Hacienda de Cabañas 15 litros de gasolina, un nuevo grampín hecho de varillas de construcción dobladas con la forma de un pulpo, media barra de hielo para mantener fresco el pescado. Su mochila era una caja de plástico donde se alcanzaban a ver dos rollos de cedazo, una cimbra, un suéter para los serenos de la madrugada, una botella de agua, una coca cola de vidrio y una radio.

Eder pescador y músico de Playa Paraíso 1 Eder, pescador y músico de Playa Paraíso

Se echó agua en la cara. Se colocó la caja en el hombro izquierdo, miró a su mujer, le susurró algo y besó a su hija. En el muelle del estero, su primo ya estaba sobre la lancha y encendía el motor. No me dejaron acompañarlos: “No, ¿qué tal si paso algo? Pa’qué quieres.”

Los vi cruzar la bocana dando brincos sobre el nacimiento de las primeras olas. Todos cruzan por allí mismo cuando la barra está abierta. Todos se van por la tarde, pasan toda la noche y vuelven al amanecer. Ellos volverán 13 horas después. Pasarán toda la noche patrullando la costa, “atrás de las olas”, lanzando cimbra.


Una hora y media después de salir de Acapulco, rumbo a Ixtapa, luego de dejar atrás Coyuca de Benítez y la desviación para Atoyac de Álvarez, en Estación Santa Rosa, hay que dar vuelta a la izquierda. A poco de dejar atrás Hacienda de Cabañas se llega a un muelle. Hay que pagar cinco pesos para cruzar el estero. Del otro lado un pequeño poblado de rústicos negocios turísticos visitado por estudiantes capitalinos y viajeros en busca de un lugar solitario donde fumar yerba y relajarse, Playa Paraíso, el Pacífico cimbrando enramadas llenas de mesas blancas de plástico y hamacas.

En Playa Paraíso vive Eder con su esposa Yaritza, su hija Sofía, su hermana Citlali y su hijo, y doña Marta, su mamá. Eder es pescador desde siempre. Pero además de pescar, se dedica a tocar las congas en un grupo de música tropical llamado Los Zakiss. Él se define sin titubear como pescador y músico. “En el kínder siempre andaba tocando en las mesas y sillas como si fueran tambores”.

El papá de Eder era baterista. “Le enseñó a tocar a muchos de aquí de Playa Paraíso”. Tocó en el grupo Spacio. Era bohemio, le gustaba la fiesta y tuvo problemas con el consumo de drogas. Murió en un accidente automovilístico en un punto del camino que va de la carretera 200, a Playa Paraíso, ocho kilómetros de un camino con curvas escasas. Le decían El Gringo.

De él le viene lo de la música. Un día supo de una audición para entrar a tocar con los Zakiss, se presentó, le pusieron unas congas en frente y se quedó. Pero pescar, siempre. Los primeros años de su vida fue en la playa, con cedazo, muy de mañana o cuando entra la tarde. Después, como a los 12, con lancha y detrás de la rompiente.

Eder pescador y músico de Playa Paraíso 3 Eder, pescador y músico de Playa Paraíso

Un primo suyo es el líder de los Zakiss, o “los hijos de los Karkik’s”, como los llama la gente, porque efectivamente la agrupación está auspiciada por Los Karkyk’s, famoso grupo tropical originario de Hacienda de Cabañas (Eder es sobrino de Francisco Ramírez, ex integrante fundador de esa importante grupo musical). Con los Zakiss, hace giras por Costa Grande, y ha tocado en Michoacán, Guadalajara, Puebla.

Cuando se le pregunta qué clase de música tocan Los Zakiss, Eder responde invariablemente cumbia, pero se trata de una cumbia tropical, rápida, dominada por el teclado, con letras pícaras, juguetonas: “La Playa Paraíso es una playa bonita. / La visita toda la gente / los chilangos y los turistas / Cuando vayas a la playa / no te metas a ese mar / porque anda un animal raro / que se llama el calamar”.

“Todos saben que a mí me gusta la pesca. A veces cuando no hay música, o sea, cuando dejamos un tiempo, en lo que viene el otro contrato, yo me dedico a pescar”, explica mientras no deja de vigilar de tanto en tanto a Sofía que se sostiene de la hamaca jugando con su primo. Se mesa el cabello que luce un corte mohicano con un mechón un tanto decolorado en la frente.

“La música es igual. Hay gente que toca muy bien y te entusiasman sus ejecuciones. En la pesca también hay buenos y malos pescadores. Se distinguen porque el bueno puede salir a mayor profundidad en alta mar o porque si te agarra unos cinco pescados la cuerda, de esos cinco puede matar a todos o a tres o cuatro”. Yo no lo he visto pescar en el mar, pero sí en el estero, lanzando su atarraya una y otra vez: cuerpo de nadador, anchos hombros y brazos, confiado en el agua.


Después de 13 horas se les vio volver a lo lejos, entrar por la bocana saltando las pequeñas olas hasta deslizarse por el estero y arribar al muelle. Eder es a quien manejó el motor. Recorrieron todo la noche la costa frente a Playa Paraíso, desde el Hotel Pez Vela, que está rumbo a Ixtapa, hasta el hotel Coco Beach. No tuvieron mucha suerte este día. Fue un viaje cansado. Volvieron con poca pesca: algo de charchina y un jurel de 70 centímetros de largo y diez kilos. Hay días así y el pescador tiene que adaptarse.

“Son rifones que se hecha uno, pues, cuando va uno para allá. Cuando no hay pescado, hay que irlo a buscar más lejos, y eso es gastar más gasolina y hielo”, me explicó Vocho, como también llaman a Eder. La suerte juega un papel muy importante en la vida de los pescadores. El día que pescas y el día que no pescas está decidido por la suerte.

Eder pescador y músico de Playa Paraíso 2 Eder, pescador y músico de Playa Paraíso

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¿Qué hacen los dinosaurios amarillos y tricolores de Guerrero frente al arte?

Por Raciel Quirino, 2016-05-14 17:40

Durante la campaña a la gubernatura de Guerrero y la alcaldía de Acapulco, la comunidad artística realizó una serie de encuentros con los candidatos para señalar problemáticas, hacer propuestas y escuchar los planes que cada aspirante tenía sobre políticas culturales. Todos fueron invitados a los conservatorios. Todos asistieron, menos los priistas: “se los impedía su agenda”. Mensaje claro: al partido y a la persona que ahora es gobernador no les interesa la cultura y lo que tengan que decir los artistas. Del PRI no podremos esperar otra cosa en este asunto. ¿Y del PRD?, ¿del partido que no se cansa de decir que es de “izquierda”?, ¿del que más de una vez nos ha demostrado que se trata de un clon priista?

Si bien, el alcalde del PRD se reunió con los artistas, lo hecho hasta ahora en materia de cultura es decepcionante. Al renovarse los puestos directivos de las instituciones culturales, ocurrió que en Acapulco los nuevos jefes desdeñaron el trabajo de sus antecesores desaprovechando la oportunidad de retomar, como parte de una política inteligente, proyectos exitosos. El “borrón y cuenta nueva”, el “empezar de cero”, el desmarque (“¿cómo voy a aceptar que mi antecesor, y más si es de otro partido, realizó un buen trabajo?), el desinterés, el preferir gastarse el dinero en “otra cosa” y el trabajo para la contienda electoral venidera.

IMG 8413 ¿Qué hacen los dinosaurios amarillos y tricolores de Guerrero frente al arte?

Política perredista: la cultura es un espectáculo barato que sirve para promover cada sábado al gobierno municipal con vistas al futuro. El proyecto estrella “Sábados culturales” está perdido en el universo: poca planeación, poco dinero, poco talento, poco interés. Los proyectos que realmente estaban funcionado, porque se trataba de trabajo directo y profundo, los Estudios Municipales de Arte, no continuaron. El alcalde prefiere lo visible, el trabajo colorido para tomarse la foto. ¿Qué mejor que unos enormes murales frente a la entrada a Acapulco y en algunos edificios del infonavit Alta Progreso? Más allá del valor artístico del trabajo de David de León, estos murales revelan la frivolidad con que los gobernantes han actuado hasta ahora: en lugar de realizar proyectos a mediano y largo plazo (talleres integrales donde se involucre a la comunidad), prefieren la superficie y continuar con la política de “farol de la calle y oscuridad de tu casa”.

En 2013, recién llegado a Acapulco, me impresionaba la cantidad de actividades (teatro, cine, lecturas, conciertos) y la buena calidad de muchas de ellas. En las instituciones culturales municipal y estatal, a pesar de sus obstáculos sin sentido y su burocrática falta de respeto al artista, había una idea clara del trabajo que se tenía que hacer y lo hacían bien. En la parte estatal se realizaban exposiciones de artes visuales de alto nivel, talleres, festivales, asistían artistas destacados, se concretaban colecciones literarias. Jeanette Rojas Dib, como directora de Arte y Galerías, y Citlali Guerrero, como directora de Investigación, Enseñanza y Patrimonio Cultural, elevaron la calidad de la oferta cultural dejando atrás los bailes folclóricos (cosa que se hace para salir del paso y embaucar a la gente presentándola como oferta cultural; explotan una idea distorsionada de la cultura de las comunidades de Guerrero; show para turistas) y la tertulia bohemia donde se declaman “poesías” y se hacen retratos gachos.

Si en el municipio la actitud es el “borrón y cuenta nueva” y la realización de espectáculos chirles, en el gobierno del estado se han dedicado al reciclaje de proyectos (a los que sólo les cambian el nombre), a la continuación facilista de otros (como una forma de no quemarse las neuronas) y, una de las cosas más tristes que he visto, a la promoción turística. La secretaria de Cultura desde el primer momento de su gestión ha gastado demasiada energía asistiendo al rodaje de películas (de dudosa calidad) en el puerto, apoyando torneos de surf, presentando exposiciones de fotografía sobre tenis, realizando ciclos de cine en la Ciudad de México, apoyando la publicación de una biografía de Joan Sebastian, y cosas así por el estilo. No quiero decir que estas actividades sean malas en sí mismas, lo que digo es que está mal que se haga tanto esfuerzo en eso cuando hay tantas cosas de enorme calidad que se pueden presentar (las cosas interesantes que se han hecho hasta ahora las ha promovido la secretaría federal). Es un insulto a los guerrerenses que se disfrace de cultural o artístico una intención turística-económica (si la intención es hacer turismo, hay enfoques de turismo cultural que se podrían explorar). Para el PRI la cultura es espectáculo y turismo, una forma de lavarle la cara al pueblo, a la pobreza, a la violencia. Del arte crítico, del arte de calidad, no tiene idea. Peña Nieto lo dice todo. ¿Qué podemos esperar de los demás dinosaurios?

IMG 8414 ¿Qué hacen los dinosaurios amarillos y tricolores de Guerrero frente al arte?

Inocente, creí que después de los cambios de gobierno no decaería el destacado impulso que se vivía en el estado; pensaba que, en cualquier caso, la comunidad exigiría la debida atención por parte de los gobernantes para no perder el vigor (en los buenos tiempos se llegó a hablar, no sin un dejo de asombro, refiriéndose al buen momento cultural que se vivía, de un “Renacimiento tropical”). La realidad no fue así: los artistas jalaron cada uno por su lada, buscando la chamba, el huesito, y no se quejaron más allá de las pláticas de cantina. Nadie dijo nada: parece que estamos acostumbrados a que todo se acabe cuando terminan los mandatos.

Es cierto que el gobierno está obligado a atender ciertas necesidades culturales, pero la mentalidad general es esperar que lo resuelva todo, nos organice (una excepción fue el sismo del 85: el gobierno colapsó, la gente salió del letargo y se organizó). 70 años de priismo parece que nos volvieron inútiles, como adolescentes mimados. A pesar de todo, existen proyectos culturales independientes en el estado y eso es muy bueno, pero faltan más. Ese parece es el camino: la organización independiente. Frente a la tontería de los políticos, la sociedad que genera propuestas culturales y exige al gobierno que cumpla con sus responsabilidades. Frente a dinosaurios perredistas y priistas, frente a mentes que piensan que sólo más ejército y policía va a resolver el gran problema de inseguridad, la sociedad crítica y organizada, la cultura, el trabajo comunitario.

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Historias que se cuentan en pláticas de pescadores tomando café antes de dormir

Por Raciel Quirino, 2016-04-11 14:43

Cuenta doña Georgina:

Una sombra pasó con dirección al mar, cerquita de la enramada. Era de noche. Era como una silueta sin cuerpo. “Yo estaba cuidando que los mecheros no los apagara el aire que estaba haciendo. La sombra desapareció en las olas, en el bramido y el chisporroteo del mar de fondo. Era abril o mayo. Sentí temor”. Esa sombra llevaba sombrero. Era de un hombre alto. Un mal que buscaba en el agua, pienso. Al otro día un grupo de doctores, gente que estudiaba no sé qué cosa con aparatitos, se fue con unos pescadores. No muy adentro, un kilómetro a lo mucho. Cambió la luz de pronto, el viento era un desastre complicando el arribo a tierra. Entonces ocurrió la volcadura, los gritos. Nadie pudo hacer nada. De pronto los dejamos de ver desaparecer. Entonces yo creo que la sombra era la muerte que entraba en el mar esperando que al otro día ocurriera el accidente. Esas cosas pasan muy seguido en los pueblos.

En tono de burla, pero sin un signo de buen humor, guardándose el humo en los pulmones todo lo que puede, el muchacho cuenta que vio una tortuga cuando se trasparentaba el mar. Estamos en playa La Angosta. Esperamos que aparezcan los primeros rayos de sol. Suenan los envases de cagüamas y el humo de la mariguana hace toser a uno que otro: “está regañona”. Raúl cuenta: “Clareaba entonces y pasaba la golfina moviendo sus aletas. Pero te juro: me fijé bien y en lugar de aletas tenía un par de manos adelante y un par de manos atrás, cinco dedos cada una. Neta, loco”. Cuatro manos humanas insertadas en la tortuga, aleteando. ¿Por qué dudo de su historia? ¿Por su extravagancia en sí, por que se está fumando mota, o por ambas cosas? Ahora no puedo dejar de ver en mi cabeza la tortuga desplazándose por la claridad del agua entre las rocas suspendida; las manos agitándose con lentitud, casi saludando a los ojos estupefactos que la miran en la superficie. ¿Es que la mente promete sus claves en los collages?, me pregunto antes de ver el lomo naranja del sol asomándose como una ballena.

Hace unos años un extraño ruido comenzó a escucharse en el mar. Los pescadores de Playa Paraíso se sumergían y allí estaba el zumbido dentro del agua, un sonido grave con intermitencias, intervalos bien definidos. ¿Una máquina? ¿Un animal? Nadie daba razón de su origen. ¿Cuántos pudieron pensar que la causa era extraterrestre? ¿Cuántos creyeron que se trataba de una catástrofe apocalíptica? “Yo siempre tuve fe de que se trataba de una ballena, pero estábamos a mitad de septiembre y ellas bajan en diciembre y enero. Lo que sí es que andan alocadas ahora con eso del calentamiento. Allá lejos, por donde pasan los cargueros, en temporada se pueden ver asomándose tres o cuatro, una familia. Total que nadie sabía qué cosa era aquello”. Los niños inventaban historias de monstruos marinos, y y evitaban meterse en el mar. “Lo que en realidad se oye ¾dijeron los más escépticos¾ son los submarinos no tripulados cargados de cocaína que viajan hacia los Estados Unidos bordeando todo la costa del Pacífico desde Sudamérica”.

En Playa Ventura algunos han visto a una mujer de blanco que camina en la madrugada por la orilla del mar. En noches sin luna, van entreviendo con mucho trabajo sus propios pies, moviendo brazos para no chocar con alguien. De pronto, algo blanco se dibuja a lo lejos justo en donde se pierde la estela de humedad que rápidamente se recoge y desaparece. Parece un vestido que emite una luz tenue. Minutos más tarde se tiene la certeza de que una mujer camina delante nuestro, pero no se la puede alcanzar: en cuanto uno se propone abordarla desaparece y se vuelve a aparecer unos metros más adelante. No hace caso a llamados. Te puedes desgañitar y jamás se volverá. Nadie le ha visto la cara. La mayoría de testigos son hombres que regresan de parranda. ¿Por qué a los borrachitos siempre se les aparecen las cosas divertidas?

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Los tatuajes de un viejo pescador de Barra de Coyuca

Por Raciel Quirino, 2016-04-02 14:26

Asegura que El Chapo Guzmán anduvo por Barra de Coyuca entre la primera y la segunda vez que el narcotraficante fue encarcelado. Kalila tiene mucha imaginación para teorías extrañas. En un extremo de la zona de la laguna, donde el agua dulce se mezcla con la salada cuando bajan crecidos los ríos de la sierra, hay un conjunto de construcciones que parecen un fraccionamiento. “Es un hotel. Es de gente poderosa”, me informa Kalila cerrando sus pequeños ojos aún más y acelerando la lancha como reconcentrando sus ideas.

En el momento que pasamos frente al hotel, Kalila comienza a hablar de Vicente Fox, López Obrador, Zedillo, EPN, con gran suficiencia y emitiendo duros juicios. “Yo era bien loco. Gracias a Dios, Nuestro Señor, pude encontrar el camino. Este 6 de agosto cumplo 21 años sin tomar una sola gota. Antes me metía de todo. Pero encontré a Dios. ”

Se ríe al hablar de cuando era un caso perdido. “Me sacaron el chamuco”, levanta un la voz con dramatismo. “La otra vez uno de aquí cruzó en lancha a un fulano que iba al hotel. Nada más por cruzarlo le dio 500 pesos. Se me hace que era de los malos. Quién sabe”. Me cuenta que vienen muchos artistas y políticos a visitar los alrededores.

Tatuarse el brazo implica dejar una marca sobre algo impalpable. Al morir el cuerpo el dibujo también se perderá.

Cuando el hombre construyó su primer lenguaje, comenzó a pintarse “permanentemente” la piel. Escribirse en la piel el nombre de una persona es doblemente problemático: alguien desaparecerá, alguien será una marca indeleble para el otro.

Una marca de lo impalpable en algo como el tiempo. El lenguaje es nuestro mundo de lo impalpable.

Pescador de barra de Coyuca 2 600x400 Los tatuajes de un viejo pescador de Barra de Coyuca

La lancha de detiene a lado de unos muchachos que tiene la mitad del cuerpo metido en el agua. Llevan cerca de dos horas pescando con cordel en la zona baja de la laguna. Les pido que nos muestren lo que han pescado. Sacan del agua una bolsa atada a un palo entre los lirios, en la que luchan por escapar varios cuatetes. A punto de abrir la bolsa, se quedan inmóviles unos segundos, sopesando la petición. Uno se queja: “Este tipo de pescado tiene espina. Ya estoy bien espinado”, nos extiende los dedos.

Kalila es dueño de los siete metros de fibra de vidrio y madera en los que nos desplazamos. Decir que una lancha es propia es todo para un pescador. Se llama Lilian, en honor a una nieta suya, Lilian Sinday, que vive en Baja California. Todos sus cuatro hijos viven allá , igual que su esposa, de la que está separado. “Ahora me he conseguido una mujer con quien estar aquí. Pues, uno no puede tener una relación si se vive en lugares distintos”, dice Kalila. Él no quiso marcharse de Barra de Coyuca.

Una historia concentrada en un nombre grabado con tinta en la carne de un brazo. Un águila en el pecho que significa el sol. Una mujer, a penas visible, trazos desdibujándose, la caricatura de una chica desnuda en el brazo derecho, como hecha por un niño, desvanecida con el paso de los años, aletargada en líneas inclinadas al verde. Luego, los nombres de su nieta y sobrina: Yuleni y Adriana. Un recordatorio. Es feliz. Estuvo con el diablo y pudo renunciar a eso.

Dice que la casita en la que vive es suya. Tiene un buen terreno de patio de tierra apisonada, techo de palma, un cuarto donde guarda cosas, otro donde está la cocina, y atrás el baño. Hay mucho mosco; la chikungunya le ha dado a muchos en la comunidad. Vive solo.

“Pura loquera”, contesta Adrián Téllez de los Santos, por todos conocido como Kalila, cuando se le pregunta la razón de sus tatuajes. No suelta la mano de la manija del motor fuera de borda. Le gusta acelerar. “Los muchachos de los cuatetes apenas estaban aprendiendo. No sabían mucho. Para que no te pique el cuatete con la espina de su aleta debes quebrársela primero”.

Pescador de barra de Coyuca 1 600x400 Los tatuajes de un viejo pescador de Barra de Coyuca

Tiene unos siete u ocho años con la lancha. Se dedica ahora nada más a hacer viajes, llevar y traer turistas, hacer viajes especiales para los que tienen enramadas en servicio: hay que transportar las cervezas, los refrescos. Antes pescaba en laguna y mar abierto, como casi todos en Barra de Coyuca, pero “con los años eso se acaba”, el mar se vuelve peligroso para un cuerpo que se va haciendo chico. Por eso, también Kalila ya no mueve un dedo para tomar una gota de alcohol de nuevo. Cuando se aburre se pone a hablar de Dios. Cuando no tiene qué decir en una conversación comienza a reírse como acordándose de sus antiguas maldades.

Tatuar es escribir en la carne una historia, narrar con un nombre, una imagen que nace con un significado y va adquiriendo otros con el tiempo. Escribir es dejar algo de nosotros que puede activarse cuando ya no estemos. Escribir es saber que también el mensaje desaparecerá.