México.-La escena no nos resulta extraña. Los apóstoles se apiñan alrededor de Cristo en una mesa donde resulta imposible comer nada. No caben ni los platos. Y casi todos los comensales están en el mismo lado de la mesa y no uno frente a otro como haríamos en cualquier cena con amigos. Esta, a priori, ilógica composición no es un error de Juan de Juanes, el pintor que ha pasado a la historia como el Rafael español.

Así lo hizo también Leonardo en su famoso cenáculo de Milán para que todos los apóstoles pudieran ser contemplados de cara. De esta tradición se alimenta, como muchos otros pintores, el alabado artista renacentista valenciano para recrear la Última Cena que pintó para la iglesia de san Esteban de Valencia a mediados del siglo XVI.

Su gran obra maestra, como fue considerada en su tiempo, incluye además alguna que otra sorpresa, aunque muy diferentes a las del genial florentino. Y todas saltan a la vista.

Juan de Juanes dejó un claro mensaje que en la actualidad pasa desapercibido a no ser que seamos valencianos (o incluso en este caso). Todas las líneas del cuadro, que convergen en Cristo, nos llevan también a prestar atención a la copa de vino que aparece frente a él. Sí, es el Santo Grial, la famosa copa anhelada, exasperadamente buscada a lo largo de la historia ya sea por el legendario Parsifal hasta por el mismísimo Himmler, una misión imposible que le llevó incluso al monasterio de Montserrat.

Y eso que no muy lejos, en Valencia, hubiera dado con un cáliz de ágata cornalina de época romana decorado con un pie y asas, dos añadidos realizados en la Edad Media con todo lujo de materiales. Si nos fijamos bien, este mismo vaso es el que aparece en la pintura de Juan de Juanes. El Santo Grial auténtico. Al menos, para los valencianos creyentes.

La tradición del Santo Grial de Valencia

Los estudios lo datan en el siglo I procedente de Oriente y la tradición explica que san Pedro se lo llevó a Roma y allí permaneció. Hasta que el papa Sixto II lo entregó a su diácono san Lorenzo para que lo protegiera de la persecución del emperador Valeriano. Y de la capital del Imperio viajó hasta Huesca, la tierra natal de su escudero. Ya lo tenemos en Hispania, donde el transcurrir de la historia acabó instalando la reliquia en la catedral de Valencia.

Que Juan de Juanes utilizara este cáliz como modelo de su Última cena no es gratuito. Se trata de un mensaje político y religioso, mostrándolo como el verdadero Santo Grial por encima de otros que también optaban al título, como el que se conserva en la Colegiata de la Basílica de San Isidoro de León.